No soporto tu perfecta vida en Facebook y, además, no la creo

Quiero decirte una cosa que nunca te he dicho antes, no tengo paciencia para ver cada una de tus publicaciones de felicidad y alegria plena. No tolero ver tus estados con los Hashtags que me tienen harta: #feliz #bendecida #díaperfecto #familiafeliz #felicesvacaciones #hijosfelices #teamo (cuando subes una foto con tu marido).

¿Te digo algo?

No le creo nada a tu Facebook. No creo nada de lo que publicas. Tus niños perfectos en la playa con una sonrisa digna de la mejor de las publicidades de pasta dental. No te creo. Yo quisiera saber cuántas fotos tomaste. ¿veinte? Cuánto demoraste en ordenar a tus tres niños y decirles que sonrieron al unísono. Que no se empujaran, que dejaran de  lanzarse arena a los ojos y arrancar. Que pararan de llorar. Porque los hermanos pelean. Porque a los niños cuesta un mundo sacarles una buena foto. Porque se mueven, lloran, se escapan. A ellos NO les gusta sacarse fotos. Prefieren hacer otras cosas porque les carga mantenerse quietos durante largos minutos mientras tú sacas una y mil fotos buscando el ángulo perfecto. Lo que no sabes, es que el ángulo perfecto no existe. Y por más que arregles la foto con filtro yo no creo nada de lo que subes. Yo sé como es la vida misma, la vida sin filtro. Yo sé que la playa si bien es muy linda, cuando vas con tres niños pequeños, puede llegar a ser muy estresante. Un infierno. Esos por menores nadie los sube a Facebook.  Nadie cuenta lo difícil de la crianza. Las pataletas, las peleas, los berrinches porque la palmera que compraron se llenó de arena. La pataleta porque se perdió la pala que enterró y no la encuentra. El llanto porque se le cayó el helado a la arena. Tu marido durmiendo la siesta bajo un quitasol y tú odiándolo. Lo despiertas para que ayude y le dices que se saquen una selfie. Entonces aparecen los dos sonriendos felices para la foto que subirán a Facebook. Para luego, seguir odiándolo porque él no hace nada y tú haces todo y las #felicesvacaciones se transforman en una tortura y sueñas con regresar a tu casa y descansar de las vacaciones porque para qué vamos a andar con cosas, cuando sales a veranear con niños no descansas nada.

Me cuesta creer, es más, no le creo a tus fotos perfectas con tu sonrisa perfecta, tu maquillaje perfecto, tu pelo perfecto, tu ropa perfecta, tu matrimonio perfecto, tus hijos perfectos, tu felicidad crónica y galopante. Es tan absurdo que llega a dar risa. Todos sabemos que existe un Backstage que nadie muestra en Facebook. Todos saben que Facebook es la vitrina de las vanidades. Estoy a un click de dejar de seguirte, estoy a un click de dejar de ser tu amiga porque después de todo, somos amigas en facebook pero en la vida real no hablamos hace años y si nos vemos en la calle creo que ni nos saludamos. De los 300 amigos que tengo en Facebook calculo que unos diez son realmente verdaderos amigos. Con suerte. No creo en las amistades de Facebook, no creo en las publicaciones con hashtag feliz. Prefiero la vida sin filtros. La vida real y bipolar como todos la conocemos. La gente miente en las redes sociales. La gente muestra su mejor cara en las redes sociales. Me ha tocado ver parejas que subían fotos perfectas, una relación envidiable, llena de amor eterno para todos quienes la veíamos a través de Facebook. #puroamor

LLegaba una a deprimirse viendo tanta felicidad matriomonial en una foto subida a las redes sociales porque ahí estaba yo sola y aburrida viendo las fotos de esta pareja perfecta y feliz. Más sola que cuidador de faro. Sola, sola. Cuando de pronto, sorpresa. Los perfectos que colgaban cada foto que se sacaban muy #felices, se separan. Y me pregunto, ¿cómo se separan si en Facebook subían fotos maravillosas de puro amor? En Facebook vemos sólo el lado A, el lado B nadie lo ve pero yo lo sospecho.

#yonotecreonada

Constanza Díaz Hauser

 

Constanza Diaz

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