Mamá se fue a un crucero por el Caribe ¡No molestar!

Por Lorena Ananías

Vivo en Talagante. Tengo tres hijos y soy educadora de párvulos. También tengo un café. Cuando salgo del colegio adonde trabajo corro a buscar a mis hijos y voy al café. En las noches cocino para mi café y también para la casa. Me acuesto tarde y a las 5:30 de la mañana parto otra vez. No descanso nunca pero estoy acostumbrada a este ritmo de vida. Por eso, cuando mi mamá me llamó para invitarme a un crucero por el Caribe junto a mis dos hermanas mayor, no hice más que saltar de alegría.

Un viaje de mujeres. Una maravilla. Y luego pensé, ¿Qué hago con los niños?  Me dio pánico escénico.

Florencia, que estaba en cuarto medio, Trinidad de nueve años y Julián de siete.  De alguna manera iba a resolverlo pero no me quedaría bajo del avión. Las mamás también tiene derecho a divertirse y salir solas de vacaciones, especialmente si somos invitadas por nuestra propia mamá. Obvio que iba a ir.

Pues bien, el viaje se programó para un 9 de julio por 2 semanas , en esa fecha para que yo pudiera ir, ya que mis niños estarían de vacaciones y seria mas fácil el control de casa, con ayuda de mis suegros que vinieron a instalarse esas 2 semanas una amiga que estaba pendiente. Además del papá que se quedaba en casa.

Pues partimos en nuestra aventura, lo primero que puse fue un libro de viaje para escribir todo lo que veía y todo lo que pasaba. Sentí esa necesidad de registrar momentos, tanto en fotos como en papel.

Llegamos a Miami, felices. Es que realmente ves la primera palmera y te desconectas del mundo. Pisé el hotel, nos quedamos en Miami Beach en The Palms, y me di cuenta que no quería moverme de ese lugar. Ni siquiera para ir a vitrinear a los outlets. De hecho, uno de los días de estadía en el hotel, me quedé  con mi mamá todo el dia disfrutando de la piscina y la playa mientras mis hermanas visitaban un mall.

Disfruté cada minuto y cada mañana que salí a trotar por Ocean Drive a la orilla de la playa, impagable trotar y meterte a ese mar maravilloso y tibio. Mientras hablo de su tibiesa hasta lo siento. Esos días caminamos por Miami y sus alrededores más notables. Una cultura del destape, sin tapujos en nada, y mezclas de emigrantes de diferentes países., una alimentación extremadamente excesiva para mi gusto pero variada y maravilloso para cuidarte también por su gran cantidad de alimentos para tu elección, como frutas, cereales, ensaladas, etc.

El dia que teníamos que partir nos fuimos a tomar el barco a Fort Lauderdale. Conocida como la Venecia de América, debido a su extenso e intrincado sistema de canales, es una ciudad ubicada en el estado de Florida.

Ahí se encontraba el “Harmony of the Seas”, del cual no pudimos  ver mucho a la llegada si no hasta nuestra primera bajada. Con capacidad para 6000 pasajeros, para mi era un monstruo. Una ciudad flotante. Cuando nos bajamos en la Isla de San Martin, me di cuenta lo gigante que era el barco. San Martin, es una isla del caribe que incluye 2 paises, o sea esta dividida en 2, el lado francés del norte llamado San Martin, y su lado holandés en el sur, Sint Maarten. Contratamos un taxi que nos llevó por toda la isla.

Esta bajada fue la primera de 3. La segunda era en San Juan de Puerto Rico, maravilloso lugar, característico por su turismo, sus adoquines,coloridos edificios coloniales españoles  y sitios con mucha historia como El Morro y La Fortaleza con vista panorámica del océano.

Cada regreso al barco era entretenido, te esperan con shows de música y muchos colores y obvio era nuestro café en el Promenade, donde puedes consumir todo lo que quieras.

Nuestra última bajada fue en Labadee, península y complejo turístico de la Royal Caribbean. Perteneciente a la República de Haiti.

Es un complejo totalmente orientado a los turistas. Tiene variadas atracciones como deportes acuáticos , tirolina, playas, mercadillo con artesanía típica haitiana.

El barco lo disfruté tanto como las paradas en cada puerto, todavía siento la brisa del mar cuando recuerdo mis trotes alrededor de este gigantesco monstruo que nos albergó por una semana. Fue realmente maravilloso, lo recomiendo de todas maneras, con niños o sin niños, tiene para todos los gustos, si es que te gusta la aventura, y más si es en un barco. Y con la compañía que tuve. Y recuerda escribir cada dia lo que ves… con los años uno olvida detalles, que es lindo mantener en el recuerdo.

Regresamos a Miami y de ahí de vuelta a Santiago. Viajar es una fantástica terapia. Nunca me había separado de mis hijos. Soy una mamá muy presente, cocinamos juntos, estudiamos, tenemos una relación muy cercana. No puedo negar que sentí bastante angustia al alejarme de ellos pero esa angustia se pasa cuando tomas el avión y llegas a tu destino. Mis hijos estuvieron bien, hablábamos a diario y siento que les hizo bien compartir con sus abuelos y que el papá se hiciera cargo de ellos durante esos días. Finalmente una está a cargo todo el año de ellos, no es pecado darse un tiempo para una. Hace bien. Yo regresé totalmente renovada y feliz de haber compartido con mis hermanas y mi mamá. Atrévanse a hacerlo.

Constanza Diaz

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