Lo bueno comienza después del parto

Es importante el momento del parto, lo sé. Y no lo discuto.
Es el minuto en que la vida cambia por completo. Y más.
Si es que se puede más.
Sin embargo, lo verdaderamente cuático empieza una vez que te entregan a tu hijo y sales del lugar adonde pariste con hijito en brazos con cara de, ¿y ahora qué hago?
Te preparas para el parto. Lees todo lo que encuentras. Buscas tutoriales en Youtube. Hablas con entendidas. Prácticas respiración. Ejercicios pélvicos. Yoga.
De todo.
Pero llegas a casa y te preguntas cómo cambiar el primer pañal con caca.
Cómo proceder  para ir al baño y evacuar.
Porque, qué terror es ir al baño a hacer tus necesidades luego de un parto.
Nadie piensa eso pero es un temazo.
Un temón de aquellos.
Además, por muy parto normal y natural que hayas tenido, no puedes evitar pensar en los famosos prolapsos genitales y las historias del terror que escuchaste alguna vez de tus tías y abuelas.
Mujeres que no podían ni pararse de su cama porque todo le colgaba de una forma macabra.
Dato: hasta un 40% de las mujeres sobre 40 años sufre de prolapso.
Y uno de los factores determinantes para que esto suceda es, junten miedo, el parto vaginal.
De tanto pujar y pujar además de un trabajo de parto largo, los músculos que soportan el útero se resienten y tarde o temprano pasan la cuenta. A algunas.
No quiero meter susto pero es una realidad.
Otro factor que puede desencadenar un prolapso vaginal es la obesidad y los periodos frecuentes y prolongados de tos.
Ojo con eso.
Además de no atrevernos a pujar para ir al baño, y de lo que cuesta evacuar, comenzamos a sentirnos solas y a la deriva con una pequeña criatura que depende al cien por ciento de nosotras y nosotras que apenas nos podemos y sabemos nos cuidar, cómo vamos a cuidar a nuestros hijos.
Dios.
Es angustiante. La maternidad es una montaña rusa de emociones. De días grises que quisieras olvidar, de días preciosos que recuerdas toda tu vida. De alegrías, de llantos. De querer huir a Katmandú, a veces, o lanzarte por la ventana.
Necesitamos ayuda. Red de apoyo.
Una tribu para criar, como dice el proverbio africano.
Qué acertados estos africanos porque no hay nada más cierto.
Creemos que sabemos todo y la verdad es que no sabemos nada y aprendemos sobre la marcha y concluimos que el parto natural, normal o la cesárea era sólo la punta del iceberg porque lo bueno comienza después. Cuando llegas a casa con tu hijo recién nacido. Cuando comienza la lactancia materna que a veces no resulta tan exitosa como pensabas. A veces, duele, a veces cuesta. A veces te sangran los pechos.

Te sientes sola. Abducida en un hoyo negro del espacio. En una dimensión desconocida que no imaginaste. Todos siguen su vida normal. Pero tú estás como flotando, como si te hubieran bajado del Mundo que sigue girando y tú con el piyama que no te lo puedes sacar porque no tienes tiempo, con este bebé que llora y come y hace caca y el padre del bebé en su trabajo, con sus amigos en el happy hour. Y ahí estás tú, que lo miras roncar a las tres de la mañana feliz de la vida en un sueño profundo mientras tú con la teta al aire dando pecho. Intoxicada de sueño. Lo odias un poco.

Bienvenida al mundo de las madres perfectamente imperfectas. Adonde amamos a nuestros hijos más que a nosotras mismas pero exigimos nuestro espacio. Porque es justo y necesario. Además de ser madres, somos mujeres. Y de eso no nos podemos olvidar jamás. Una madre feliz, tiene hijos felices.
Constanza Díaz Hauser

Constanza Diaz

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