Estimadas mamás, cada una cría como puede y quiere y nadie tiene la verdad absoluta de cuál es la mejor manera de hacerlo

Hoy fui a un cumpleaños infantil y estaba mi amiga Claudia con su hijita Laura que tiene dos meses de vida. Laurita es una bebé deliciosa, como de portada de revista. En toda la tarde, la niña durmió en su coche. Feliz. Pese al ruido que, se podrán imaginar, había en el lugar. Más de treinta niños de 5 años hiperventilados. Pero La bebé dormía plácidamente. Su mamá le movía el coche y yo la ayudaba. El movimiento maravilloso que hace que los pequeños se duerman profundamente. Laura es la tercera de tres hermanos. Lucas tiene 7 años y Olivia 5. Yo los conozco hace tres años y son niños adorables, casi parte de mi familia. Son intensos, tiernos, risueños, seguros de sí mismos. Y con una personalidad que se la quisiera cualquiera. Laurita está la mayor parte del tiempo en su huevito o silla mecedora. Mamá la toma en upa, cuando puede. La toman las abuelas también y es consentida por todos.

Toma pecho de su mamá y, a veces, una mamadera con fórmula. Como es la última hija, Su mamá la aprovecha al máximo.

Muere de amor por ella. Todas morimos de amor por ella. Su mamá jamás ha usado un fular ni tiene la menor idea de lo que es la crianza en brazos. Con dos hijos más, un trabajo desde la casa y llevar un hogar con todo lo que eso conlleva, que sabemos que es mucho, lo mejor para mi amiga es la sillita mecedora. Y el coche, por supuesto. Laura duerme en su cuna, junto a la cama de sus padres. No despierta en las noches, sólo a veces para tomar pecho y sigue durmiendo. La pequeña es buena para dormir pese al ruido que hay en casa con dos hermanos mayores. Laura puede dormir con una maratón encima. Su mamá es una mamá tierna, cariñosa, presente, preocupada. No tiene tiempo para leer teorías de crianza y creo que es lo mejor. Ella sigue sus instintos y los sigue bien. Ella como mamá sabe. Se cansa, se desvela. Se agota como todas nosotras. Quiere dejar de dar pecho cuando Laurita cumpla seis meses porque va a regresar a trabajar y no quiere. Ella no quiere dar más y nadie tiene el derecho a juzgarla.

Veo el fruto de sus hijos mayores y veo que lo ha hecho bien, muy bien. Porque ahí hay amor, hay dedicación, hay armonía. No hay manuales ni libros de crianza. Sólo hay una mamá que sigue sus instintos de madre y no se equivoca. Laura duerme feliz en su coche durante el cumpleaños, despierta después de tres horas y su mamá le da un biberón con fórmula porque no le gusta amamantar en público. Y respeto su decisión. Porque yo no soy nadie para meterme en crianzas ajenas. Y tú tampoco. Cada una hace lo que siente es lo mejor y lo que más le acomoda a su vida y realidad. A sus circunstancias. Laurita es una bebé que nació en el seno de una familia que la adora y la cuida con devoción y eso es lo único que importa. Por favor, paremos de pontificar sobre crianza porque no hay un solo camino. Hay demasiados caminos para ser una buena mamá.

Comstanza Diaz

Constanza Diaz

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