Confesión: “Soy mamá de una niña prematura y acabo de terminar mi carrera, sí se puede”

Tengo 34 años y una hija de dos. Estoy inmensamente feliz porque acabo de recibir mi titulo profesional. Fue un camino durísimo. Mi hija nació a las 36 semanas y pesó 1 kilo y un poquito más. Fue un parto horrible. Comenzaron con la inducción y yo pregunté cuánto demoraba con eso en salir la guagua y se largaron todos a reir. Carcajada general. Me dijeron que tenía que esperar las contracciones y que podía ser hasta un día.

Dejé la cagada. Me puse a gritar como una loca. ¿Viste cuánto pesa mi bebé? Con kilo y medio no resistirá las contracciones. Me dijeron que la única opción era sacarla inmediatamente porque con las contracciones se pondría en el canal de parto y ahí no había nada que hacer. Obviamente no me tomó la anestesia. Sentí todo. Como si me acuchillaran la barriga y grité tan fuerte el nombre de mi hija que me desmayé. Desperté seis horas después porque me tuvieron que dormir completa.

Cuando me desperté supe que mi hija estaba bien. Estaba en incubadora y podría conocerla al siguiente día. Así fue.

Yo había comenzado mi proceso de tesis cuando nació ella. No tengo tribu alguna de crianza. El pronóstico era que Agustina caminaría a los 18 meses. Sus órganos no habían alcanzado a desarrollarse de manera idónea.

Tomé hora con un neurólogo infantil y la llevé. Me dio licencia hasta el año de mi hija para poder ejercitarla y estimularla en su proceso. Todos los días dos horas diarias eran de ejercicios. Iba una kine a la casa y nos esforzamos mucho para cambiar ese destino tan poco alentador que nos habían dado.

Hoy Agustina es una niña normal. Yo volví a estudiar y con eso quise retomar mis estudios que habían quedado congelados después del parto. Comencé a juntarme con mi jefe de carrera y el 20 de octubre del año pasado defendí mi proyecto de titulo.

Finalmente, me dieron ayer mi titulo.

Salía durante 4 meses todos los sábados a las 8 de la mañana y llegaba a casa pasado las siete de la tarde. Iba a estudiar con mis compañeros. Puse todo mi esfuerzo pensando en el futuro de mi bebé. Se puede, por Dios que se puede. Con esfuerzo, ganas y dedicación. Cada sueño puede ser cumplido.

Constanza Diaz

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