Cómo hablar a nuestros niños sobre la muerte

Ana María Carpinello

Psicóloga clínica

Surge la inquietud en muchos padres de saber cómo hablar de la muerte con los niños, y las complicaciones que esto pueda traer están generalmente más en la mente del adulto, que en el niño.

Los pequeños se desarrollan con una sed de aprendizaje abismante, y ven la muerte en diferentes situaciones que los padres muchas veces pasamos por alto, y vienen de pronto las preguntas  no sabemos contestar y el cuestionamiento que nos hace pensar si lo que respondemos está bien o mal.

Cada niño ha tenido noción de la muerte, en esta época que las tecnologías están más a su alcance, la visualizan en juegos, en dibujos animados, pero en estas instancias la muerte es generalmente percibida como algo reversible, y ahí es dónde hay que tener cuidado, porque su comprensión es concreta.

Desde mi opinión creo que a los niños hay que hablarles de la muerte como algo natural, y ojalá que sea desde la auto observación con su medio ambiente, aun cuando nosotros no lo notemos, ejemplos de muerte tenemos en nuestro hogar en diferentes zonas, una de ellas es en el jardín, las flores pueden servirnos como ejemplo, cuando los pequeños tienen más desarrollado el lenguaje, aproximadamente  pasado los 2 años, pueden comprender más ciertos sucesos, por ejemplo los pequeños ven que las flores tienen un tiempo en la planta, la flor comienza a formarse como un capullo, florece, nos entrega su apertura, muchas se cierran en las noches y a la mañana vuelven a abrirse, luego, ellas cumplen su ciclo y ya se marchitan y mueren; hacer que los niños observen la naturaleza en estos simples pasos es enriquecedor, no sólo para ellos, sino para nosotros que podemos volver a asombrarnos con ellos, como cuando éramos niños.

También pueden observar los insectos, y me refiero a los que aparecen muertos, no por un insecticida o aplastado por el ser humano, por los que están en el jardín o dentro de la casa que encontramos en ocasiones, moscas muchas veces muertas, los niños los ven y consultan, nada mejor que ser concretos, porque ellos entienden el mundo en sus primeras etapas así, ¡concretamente! El darse cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor y no darle un peso mayor hace que la atención fluya en el momento presente.

La pregunta por ejemplo: Mamá o papá por qué esa mosca no se mueve, o esa flor está seca y no se abre, la respuesta generalmente es porque está muerta.  Los pequeños, independiente de su fe o religión, ha tenido que responder esa pregunta, lo más concreto para que un niño entienda es decirle que el cuerpo dejó de funcionar, que todo tiene un tiempo y que ese insecto o flor ya cumplió su ciclo.

Hablarles de la muerte sin sufrimiento los acerca a un proceso que nos guste o no es parte de la vida, sin embargo, cuando estos temas no han sido abordados y llega la muerte de un ser querido, que a nosotros nos golpea con fuerza, no sabemos cómo enfrentarlo, ni muchas veces cómo transmitirlo, porque no siempre se trata de lo esperado, no siempre es un anciano enfermo, o alguien que tenido una larga enfermedad cuyo desenlace conocemos, algunas veces son niños, bebés, jóvenes, no fallecen sólo los que están enfermos, en ocasiones resultan ser accidentes abruptos. Entonces, cómo hacerle entender al niño estas situaciones que escapan a nuestro control.

Cada niño a su tiempo, cada padre a su manera, nunca es malo, eso es importante que lo tengan en cuenta, cuando hablan del corazón y explican desde sus creencias siempre es lo mejor, lo importante es no olvidar que los niños pequeños entienden concretamente las cosas, que largas charlas los enredan, de ahí, que si hemos tenido la posibilidad de conversar con ellos de la muerte por ejemplo de un insecto o de una flor, ellos puedan comprender más fácilmente que la persona que falleció, lo hizo porque su cuerpo dejó de funcionar, si no que  se ha dado el caso de conversarlo, y nos toca, independientemente de la causa de muerte, señalarles que el cuerpo dejó de funcionar, si necesitan pueden dar el ejemplo de la flor, lo importante es señalarles que la tristeza que tenemos es porque a esa persona en cuerpo físico no la vamos a ver más, que la pena no es por la muerte en sí misma, si no, por el apego que nosotros tenemos, como ejemplo, pueden señalarles que la pena que tienen es porque van a extrañar verlos, abrazarlos, conversar, acompañarse, etc.

Según las creencias personales, surge la necesidad de decirles que igual nos acompañarán, algo muy sencillo es comentarles que todos los recuerdos que tienen con las personas que fallecieron los acompañarán siempre, y que recordando esos momentos, la pena que tengan va a ser cobijada, a los niños les gusta mirar fotos, que las vean y recuerden a sus seres queridos sintiendo que esos momentos son parte de ellos y que la felicidad compartida queda.

Según la fe o creencia personal, les podemos señalar que el espíritu, el alma, la energía, el chi, etc se transforma y nos acompaña desde otra dimensión.

Algunos les dicen que ahora los cuidan desde el cielo, desde las estrellas, que luego se reencontrarán. Cómo les surja, está bien.

Lo más importante es transmitirles que la muerte no es mala, que es una etapa y que el sufrimiento es nuestro por lo que dejamos de hacer con quienes parten.

La pena es parte de nuestra vida, y hay que vivirla en el momento que nos toca, sentirla, y dejarla partir, soltarla, permitirle el espacio para que fluya libre y no nos deje atrapados en el sufrimiento.

Enseñarle a los niños desde etapas tempranas que la vida es así, con momentos, los libera de la carga de tener que ser felices, y los lleva a la felicidad disfrutando del camino de la vida con todos sus estados.

En resumen:

  • Siempre hay que decir la verdad: nunca mentir o dar rodeos para hablar de la muerte.
  • Hay que adaptar el mensaje a la edad del niño y aprovechar siempre que surja la oportunidad para hablar de la muerte: ya sea, a partir de una pregunta o por algo que ha visto u oído o, inevitablemente, cuando muere alguien cercano.
  • No hablar del tema, suele generar en los niños muchas inseguridades y dudas que, alimentadas por su imaginación, pueden llegar a angustiarles mucho.
  • Es un error distraer al niño en lugar de enseñarle a gestionar sus emociones y entender su tristeza por la pérdida de un ser querido. Necesitan apoyo, comprensión y cariño, así como también si les brota, llorar la pérdida.
  • Antes de los 5 años, los niños perciben la muerte como algo reversible, atemporal e impersonal.

Por eso debemos asegurarnos que entienden que el ser querido no va a volver, que comprendan que los sentimientos no se esconden, que sientan libertad para manifestar su tristeza, ya sea, desde la pena o en forma de rabia o enfados, es importante hablar con ellos, decirles que les comprendemos, que los amamos y que como adultos también nos sentimos mal.

Lecturas Recomendadas:

  • Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y del duelo con los niños:
    Explícame qué ha pasado – Fundación Mario Losantos del Campo
  • Como hablar con los niños y jóvenes sobre la muerte y el duelo. Mary Turner. Ed Paidos Iberica.
  • Como todo lo que nace. Élisabeth Brami y Tom Schamp, Ed. Kókinos
  • No es fácil, pequeña ardilla. Elisa Ramón y Rosa Osuna. Ed. Kalandraka.

Constanza Diaz

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