Yo ya tengo papá, no quiero otro: y cómo rehacer la vida afectiva después de un divorcio

 Por Rosario Rodriguez Vergara, psicóloga cognitiva conductual, coach nutricional, terapeuta floral

contacto: ps.ros.rodriguez@gmail.com

Llegó Silvana muy nerviosa a la consulta, ella era ansiosa, pero esta vez se venía más nerviosa de lo normal. “Estoy desesperada, ahora está todo peor”- me dijo.

Y comenzó a relatarme el episodio en que decidió “abrir camino” al tema de las relaciones de parej y de rearmarse sentimentalmente, a la hora de la cena frente a sus 3 hijos.

“Lo llevaba pensando todo el día, y de repente lo tiré de una, sin pensarlo más. Partí diciéndoles que yo aún me sentía joven, y que tenía ganas de rehacer mi vida. En ese momento cambió la cara de los 3. Luis Alberto, el mayor, me dijo que dejara de hablar tonteras. La Coca (la hija del medio) no dijo nada, pero con su cara me lo dijo todo. Y finalmente el Pipe (el hijo menor) me dijo “Yo ya tuve papá, y no quiero otro”. Y así, estos dos se pararon de la mesa y se fueron a su pieza, y Luis Alberto puso la guinda de la torta al decirme ¿Viste? Te gusta hablar tonteras.

En ese momento se me apretó la garganta, sólo tenía ganas de salir corriendo y encerrarme en el closet a llorar. Así que tomé aire, contuve el llanto, y me paré “indignada” diciendo “No puede ser que aún sean tan inmaduros, no se puede conversar nada con ustedes”. Tomé mi plato, lo llevé a la cocina, y subí a mi pieza. Ahí lloré por horas…”

Esta historia te puede sonar familiar… A muchas mujeres, y hombres, les ha pasado. Y pucha que es difícil enfrentarse a algo así. Uno da todo por los hijos, es inmensamente generosa, pero a veces, no recibe ni una parte de recompensa. Y es que los niños, por más grandes que parecieran ser, son celosos, temen muchas veces a los cambios, no quieren perder a lo más “valioso y seguro” que tienen: sus padres. Es lógico por eso que tengan recelos de un nuevo personaje que llega a la casa a “cortejar” a su madre, pudiendo –según su gigantesca imaginación- llevársela para siempre. O que tengan celos de que ese personaje quiera “reemplazar” a su padre, y dejarlo relegado en el olvido.

Pues bien,  el tema no es sencillo, y cada familia es un mundo, pero la idea de esta columna es intentar explicar el por qué de las dificultades, y entregar algunos consejillos que pudiesen servir para orientarlas al menos, frente a esta difícil tarea que es “presentar” a esta nueva pareja a nuestros hijos.

  • Es fundamental que la incorporación de la pareja sea de forma progresiva. No llegar un día y presentar al “suso dicho” como “mi pololo”, o “mi pareja”. La idea es ir incorporándolo poco a poco a la familia, acercándolo a la casa, con la finalidad de que los niños no “sospechen” y de este modo puedan abrirse a conocerlo y también logren mayor objetividad en los sentimientos que generan.
  • Idealmente los primeros encuentros debieran ser breves, e idealmente en lugares “neutros” no en la propia casa.
  • Si queremos “tantear” el terreno, es muy importante no preguntarles directamente “¿qué te parece Juanito?”, si no ir “rodeando” la situación con preguntas del tipo “¿Cómo lo pasaron hoy?” en el caso que hayan salido a pasear o a almorzar con Juanito. Si vas directo a preguntar por la persona, existe una alta probabilidad de sospecha.
  • Cuando el tal “Juanito” ya haya “entrado” en la familia como alguien más cercano, entendiendo ya tus hijos que hay algo más que una amistad, es muy importante conversar con ellos respecto de la importancia que tienen ustedes (madre e hijos) como unidad, como núcleo, como familia. Haciendo hincapié en que, si bien “Juanito” ha comenzado a ingresar a este grupo, es un ser individual que deberá “ganarse” la confianza y el cariño de todos. Es muy importante que los niños estén seguros de que aquí no hay “obligaciones de aceptar” y que no cualquiera puede llegar y ser uno más.
  • Derivado del anterior, es fundamental dejarles en claro que este personaje “jamás” llegó a reemplazar al padre (o madre).
  • Si la nueva pareja tiene hijos, es muy importante tratarlos con cautela, sobretodo delante de los tuyos, sin descuidarlos ni quitarles atención, sobretodo en la etapa inicial.
  • En relación al punto anterior es muy importante no caer en la sobreprotección debido a la culpa. El hecho de rehacer nuestra vida no implica que le “debamos” un favor a nuestros hijos, es nuestro derecho, y prácticamente nuestro “deber” el rearmarnos, revalorarnos y si queremos, volver a intentarlo.
  • Es probable que mientras mayores sean los hijos, más resistencia pongan al ingreso de este nuevo integrante.
  • Y uno de los puntos más importantes es “siempre” respetar la figura del padre (o madre) que no vive con el niño. En ningún caso hacer comparaciones! Y jamás hablar mal de esta ex pareja, y eso corre con pareja nueva o sin pareja nueva. Las peleas de pareja deben quedar a ese nivel, y jamás interferir en la relación con los hijos.

En términos generales lo importante es ir muy lentamente, paso a paso y respetando los tiempos de todos. Además de que entendamos este proceso como algo natural, porque primero somos mujeres, luego madres. Qué significa esto? Que debemos estar bien con nosotras mismas para poder cuidar de nuestros hijos y de este modo brindarles una imagen de amor y auto cuidado que ellos quieran imitar.

Constanza Diaz

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