Yo me premio

 

 Por:  María Angélica Blanco

                                                                                               

Antes de leer a Martin Seligman, cuando me compraba algo lindo, le pasaba el paquete a mi hija por la ventana de la cocina y le pedía que lo escondiera.  Ya

no lo hago. Entendí que tenía derecho a mimarme y a darme gustos y me liberé del  karma de la culpabilidad.

Si  mi marido me sorprendía con alguna bolsa de tienda de marca, aún cuando el

dinero que gastaba provenía de mi sueldo, tendía a la justificación, como si hubiera cometido un acto repulsivo. 

¿Se han percatado que los hombres no dan explicaciones? Llegan  con un nuevo notebook, un iPhone último modelo o un par de guantes carísimos para usarlos en sus paseos  en moto y los exhiben orgullosos. Envidiable. Tienen cero culpa.

Desde que leí a Martin Seligman, el psicólogo que trastocó paradigmas al posicionar el concepto de Psicología Positiva, me alejé para siempre del sentimiento culposo. Cuando  me hago un  regalito pienso : Te lo mereces.

Aprendí a valorarme y a darme el crédito que toda mujer debiera otorgarse.

 Somos poli-funcionales y  tenemos la capacidad de cumplir la más amplia variedad de roles al  unísono. Nos preocupamos de nuestra pareja, educamos a nuestros hijos en la cultura del amor y los valores y, como profesionales, manejamos la casa desde la oficina. Como periodista, tuve la

suerte de ejercer cargos de alto nivel. Recuerdo los  casi veinte años  que ejercí como Directora de Comunicaciones de Irade.  Organizaba eventos gerenciales para ejecutivos, dirigía una revista empresarial,  redactaba los discursos de los miembros del directorio, me ocupaba de las relaciones públicas y del contacto con los medios de prensa.

 Al mismo tiempo, estaba pendiente de mis tres  hijos, asistía a las reuniones de curso, los llevaba  al médico, al dentista, al oftalmólogo, confeccionaba el menú diario.  Para qué seguir, ustedes lo entienden a la perfección. Las mujeres no caminamos. Volamos, y siempre cumplimos.

Cuando cayó en mis manos un ejemplar de “La auténtica felicidad, mi existencia dio un giro de ciento ochenta grados. En su libro, Martin Seligman impulsa a hombres y mujeres a estructurar caminos para alcanzar una vida más grata  y estimulante y enfatiza que es posible diseñar la felicidad sobre la  base de la aprobación  y las gratificaciones hacia uno mismo y  hacia los demás.  Su propuesta es una invitación  a pensar en positivo, a visualizar el futuro con optimismo, a aprobarnos, amarnos y valorarnos, a disfrutar pequeños placeres sin culpa y perdonarnos en pos de un sentido vital.

Hoy, si una vitrina me guiña un ojo tentador y descubro  la cartera que buscaba hacía tiempo, no lo dudo ni un segundo. La compro.

¡Amigas, líbrense de las culpas y dense permiso para celebrar la vida!

 

Constanza Diaz

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