“Yo fui víctima de maltrato y éste es mi testimonio”

Quiero contari mi historia porque pienso que puede servirle a mujeres agredidas que ni si quiera saben que lo son.

Me enamoré a los 16 años de el chico malo de el colegio, rubio de grandes ojos celestes, muy inteligente y  simpático. Era el chico perfecto que todas hubieran querido tener. Me hacía mucho reír.

Él era muy rebelde y yo también. Era chica y muy sumisa a él (aunque yo no lo sabía, no me daba cuenta  Juraba que era muy ruda). Estuvimos un año pololeando, cuando empezamos con las separaciones (él era un año menor que yo). Yo venía de una familia a la antigua, de esas que no te conversan nada. Mis padres estaban separados y mi hermana mayor era mamá adolescente.

4 años después entre remembers, volver y terminar,  regresamos oficialmente (y estúpidamente, también).  Yo era una adolescente súper desordenada, buena para el copete y la marihuana. De vez en cuando probaba una que otra cosita.  Gracias al cielo soy de las personas no propensas a ser adictas y de una día a otro ya no consumí más que un traguito de vez en cuando. Él en cambio le hacía a todo… pero yo creía que como yo,  también pararía cuando se sintiera preparado.

Vivimos dos años juntos y quedé embarazada de mi hijo mayor. Ya a esa altura estaba prácticamente aislada del  mundo.  Viajaba una hora y media para ir al trabajo y mi hijo quiso nacer a semana 30. Quedé en reposo absoluto hasta la 38. ¿Y él se preguntarán ustedes? A veces trabajaba, a veces no. A veces llegaba, a veces no. Pero siempre quería tener relaciones sexuales, aunque yo no quisiera. Aunque de eso dependiera la vida de mi hijo (el claramente nunca tuvo conciencia de nada, además que llegaba dado vuelta de borracho  la mayoría de las veces). Me obligaba a tener sexo.

Tuve un embarazo horrible. Pero ahí estaba, sumida en su violencia que yo llamaba amor, en la depresión post parto, en la soledad,  en los cólicos y todo lo que significa tener un bebé. Pasó un año y él parecía ir mejor. Tenía un trabajo estable, logramos salir de la ratonera de donde vivimos y estaba todo aparentemente bien. Yo intenté salir de ahí. Activé el plan  Ges por la depresión post parto pero me daban horas como mes por medio y con suerte. Poco antes de cumplir un año mi hijo, mi pareja renuncio y se empezó a quedar en la casa. Me tenía unos clósets hechos invernaderos de sus famosas plantitas. Se empezó a poner más violento. Empezó a violarme (si, él dice que no… porque según él nunca escuchaba que yo le decía que no y que además lloraba en el acto, además de no hablarle después de…) todo esto no me preocupaba tanto, yo estaba hundida en esa mierda. Claro,  como él no trabajaba y yo dependía de él.

Un mes él simplemente no tenia plata para comprar pastillas (yo y mi hijo teníamos Isapre y no podía  ir al consultorio) aunque ni lo pensé porque él sólo decía “mañana si o si traigo la plata”. Me tiró vasos, dijo que iba a matarme un par de veces, me zamarreo y amenazó con quitarme a mi hijo… y adivinen qué… sorpresa, su acto de “amor” dieron frutos. Estaba embarazada. Empezaron a cortarnos la luz, no había gas, vivíamos indignamente. Un día agarré a mi guata de 5 meses, mi guagua de 1 año y me fui. Así no más. Con lo que pude. Nunca más volví.  Di bote por muchas casas,  hasta que finalmente mi mamá nos recibió.  Nació mi hijo, fui a una fundación y pedí ayuda psicológica.  Estuve 6 meses en tratamiento para darme cuenta que fui tremendamente violentada de muchas formas.

Me dieron el alta este verano. Hoy hago pre universitario para cumplir mi sueño de estudiar.  Yo sola cuido y decido por mis hijos, trabajo como independiente y también hago clases a niñas en un colegio.  Me empoderé y sané. Salí de ahí.  Si yo pude, todas pueden. No es imbécil la víctima de violencia.  Está enferma y necesita ayuda, redes de apoyo. Espero que este relato  le dé fuerza a alguna mujer que vive lo mismo o parecido a mí. Espero darles esperanza, que hay más vida. Que SI se puede.

Constanza Diaz

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