Yo confieso

Yo hoy me atrevo a confesar y sin culpa alguna que ser madre agota y desgasta física y emocionalmente.
Me atrevo a confesar que la maternidad no te da tregua ni descanso. Te aleja de la vida a la que estabas acostumbrada a vivir y te absorbe en un mundo completamente nuevo y también, agotador.
Me atrevo a confesar que muchas veces la falta de sueño me pasa la cuenta y me cambia el ánimo y el humor. Me pongo irritable y quisiera dormir muchas horas más. Pero no puedo.
Me atrevo a confesar que la lactancia materna no siempre resulta exitosa.
A veces duele, a veces cuesta. A veces te sangran los pechos y tu guagua mama sangre y leche y lloras de la desesperación.
A veces no logras tener la lactancia que esperabas y por muchas lágrimas y esfuerzo que le pongas, no resulta.
Confieso que la lactancia materna a muchas esclaviza y agota. Y no todas las mujeres por muy mamíferas que sean, la disfrutan.
Yo hoy me atrevo a confesar sin culpa que mis hijos me cansan y los amo más que a mí misma. Son mi prioridad en la vida pero me encanta cuando llega la noche y se duermen y yo por fin puedo descansar.
Muchas veces me agotan y quisiera cinco minutos de silencio. Rebotan, corren, ríen, saltan, pelean, gritan. Como cualquier niño normal y sano. Agradezco que sean así y sin embargo me canso y los pongo a ver una película para poder descansar. Aunque antes de que nacieran juré que jamás ocuparía la televisión para distraerlos. Hoy confieso que sí lo hago.
Me atrevo a confesar que la maternidad no es como siempre la pintaron, maravillosa, perfecta y sin culpas, la maternidad está llena de momentos grises, imperfecciones, errores, llantos en silencio. Llena de frustración y de mucha culpa. La cual, sin duda, son las mismas mujeres, nuestro propio género, que nos han instaurado en nuestras mentes. Porque trabajas, porque no trabajas. Porque das pecho, porque no das pecho. Porque le gritaste a tu hijo y luego lo abrazaste con tanta culpa. Porque saliste y dejaste a tus hijos al cuidado de otra persona. Porque se enfermó y te sientes culpable porque tal vez no lo cuidaste bien. No lo abrigaste lo suficiente. No le cambiaste los zapatos mojados a tiempo.
Sáquense la culpa de encima. Sáquense los estigmas de encima.
Yo me los saqué y se siente fantástico.
Yo ya no siento culpa porque soy la mejor versión de madre para mis hijos.
Yo hoy me atrevo a confesar que la maternidad desgasta de una u otra manera la relación de pareja la cual nunca volverá a ser la misma que tenias antes de ser madre.
La desgasta a veces tanto que puede llegar a destruir una relación.
Se pierde la intimidad, se pierde el sexo a cualquier hora y en cualquier lugar. Se pierde la complicidad de dormir abrazados hasta tarde, de escaparte un fin de semana a cualquier lado. Incluso, puedes llegar a odiar a tu marido cuando ronca de noche a las tres de la mañana y tú dando pecho, intoxicada de sueño y cansancio.
Confieso que la maternidad es difícil, es linda, es gris, es amarilla. Es alegre, es triste. Es mágica. Es desoladora. La maternidad puede sacar lo mejor y lo peor de ti en un solo día.
Hoy me atrevo a confesar que adoro a mis niños y soy capaz de darle mis riñones y corazón si lo necesitaran y por último confieso que muchas veces he querido huir a Katmandú e invento compras que no necesito para salir un rato de casa.

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Constanza Diaz
Periodista

Constanza Diaz

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