Volví a estudiar y hoy es el papá quien tomó mi lugar, no me culpen por eso

Por Pía Rossi

Llevo una semana de clases. Por esas cosas da la vida, este año decidí volver a estudiar para obtener mi segundo título profesional. Por supuesto y al igual que todas las grandes decisiones que se toman en esta familia, antes de embarcarnos en esto, el papá y la mamá discutieron y sopesaron los pro y contra. Ambos debíamos estar convencidos que dar el vamos era lo correcto, porque sin duda significaría un sacrificio de parte de todos. Sacrificio económico, por supuesto, pero también sacrificio en calidad de vida ya que, por un año, mis niños no contarían con la mamá a la hora de comer, bañarse ni acostarse –la más complicada en la rutina infantil- y mi marido tendría que asumir  tareas que hasta ahora no recaían en él, si no que más bien apoyaba cuándo y en la extensión que podía.

Una semana y todo bien. Empecé a despertarme antes que el año pasado porque ahora nuestro hijo chico entró al colegio también así que iba a necesitar más apoyo. La rutina estaba clara: ayudar a vestirse, lavado de dientes bien hecho, dar desayuno, preparar colaciones, echar bloqueador, etc. El papá los llevaba al colegio y yo aprovechaba las mañanas para estudiar. A las 12:50 salgo a buscar a hijo número 1. Llegamos a la casa, almorzamos, le cambio ropa y a las 2:45 salgo de nuevo, esta vez a recoger a mi querubín mayor. Tipo 3:45 ya estoy con los dos en la casa, tomamos té, una conversada loca, mini regaloneo y ya son las 4:45pm. Me tengo que ir. Entro a las 5:30 y vivo lejos, así que no me puedo atrasar.

Antes de empezar las clases y como mamá cuadrada que soy, hice dos carteles: uno con las responsabilidades de cada uno que deben cumplir diariamente y otro con el horario y detalle de lo que debe pasar mientras no estoy. De cierta forma el dejar las cosas por escrito y a la vista de todos me hace sentir mejor, como si estuviera sin estar…ilusiones.

Tengo una señora que me releva cuando no estoy, ella se queda con los niños de 4.45 a 7:30pm aproximadamente, hora en la que hay cambio de turno y llega el papá a bañarlos y acostarlos. Este cambio es lo que, según yo, más afectó a mi marido. Obvio siempre ha bañado y acostado a sus niños, pero él ayudaba, no era el responsable. Es decir, si por A, B o C un día no podía/quería, no lo hacía y daba lo mismo porque estaba yo, pero ya no es así. Ahora es él el que se tiene que acordar de dar el antialérgico, tiene que separar peleas, lidiar con los “no me quiero acostar”, etc. y lo tiene que hacer solo.

Quién más que yo sabe lo que eso significa, lo llevo haciendo siete años y medio, teniendo que compatibilizarlo con una pega full time y la coordinación de las cosas de la casa.

No quiero desmerecer o ningunear las responsabilidades que mi marido ha tenido estos años ya que efectivamente siempre ha tenido un trabajo bien demandante y, además, también pasó por un período de estudio de post grado que duró más de un año, donde obviamente tampoco fue fácil cumplir todos sus roles, PERO estoy segura que jamás se cuestionó o culpó por estarlo haciendo. Estoy segura que cada vez que fue a clases, cada vez que viajaba por pega y cada vez que llegó cuando los niños ya dormían tuvo la certeza que sus hijos estaban bien cuidados y que él se estaba ausentando por un bien familiar superior. Y lo entiendo. Lo apoyo. Siempre lo apoyé y por eso acordamos que hiciera el post grado y por eso acordamos que los diversos cambios de pega, aunque más demandantes, iban acorde a nuestro plan familiar.

¿Cuál es el problema entonces? El castigo. Esas pequeñas y casi imperceptibles actitudes que te recuerdan que no estás…como si se me pudiera olvidar. Ese “te toca bañarlos” del fin de semana, ese “pídanle a la mamá ahora”, ese “aprovechen de estar con la mamá”. ¿“Te toca”? Una frase insignificante que no da para pelea ni mucho menos porque es tan sutil que, de alegar, me haría quedar a mí como la “cuática” o “perseguida”, pero que yo sé lo que significa. Incluso empatizo con el sentimiento que lo hace decirla, se llama “cansancio”. Lo que no dejo pasar es lo injusto del comentario solapado. Dime que estás cansado, dime que necesitas ayuda los fines de semana, dime que los niños te tienen colapsado y que tus días ya no son como los de antes. Te juro que te voy a entender, te voy a ayudar con gusto y voy a sentir que remamos para el mismo lado, pero no me trates de hacer sentir mal, no intentes que me venga la culpa para que reaccione porque no lo necesito. Sé que no estoy, sé que me echan de menos y no hay nada que pueda hacer al respecto…al menos por ahora. No necesito que me cuentes lo que es ser el papá a cargo, lo sé y lo he vivido por más de 7 años y una semana sin acostarlos no va a cambiar eso. No me castigues por querer aprender, por querer trabajar y por estar feliz de haberme alejado un poco del caos de la acostada. Estoy segura que cuando duermes solo en esos hoteles ricos cuando viajas por trabajo también disfrutas el no estar cortando uñas ajenas. Es triste no estar porque sé que los niños me extrañan, pero también es rico, es desafiante y es renovador. Y no me castiguen por eso.

Constanza Diaz

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