Vida de madres: el chocolate es mío y nadie me lo va a quitar

Desde que soy mamá de dos niños que tienen un año de diferencia, hay ciertos elementos que tengo que meter en calidad de contrabando a la casa. Uno de ellos es el chocolate. Debo ingeniármelas para que mis hijos no lo encuentren porque de hacerlo, no respetan la propiedad privada y se lo comen en menos de cinco minutos.

Lo escondo generalmente en la parte alta del closet. Pero ya lo saben y se encaraman en sillas y cajones y lo descubren. Entonces he tenido que recurrir a nuevos escondites. Entre medio de mi ropa interior, en mi cartera (aunque ahí generalmente lo pillan porque siempre algo están buscando ahí dentro, en MI cartera). Lo escondo arriba del refrigerador y lo meto en una bolsa oscura para que no sospechen lo que hay en su interior. Adentro del bolsillo de una chaqueta o en el congelador. Lo cierto es que cada día debo inventar un escondite nuevo porque mis niños son fanáticos del chocolate y para mí, un trozo de él, es mi instancia de relajación cuando al fin mis pequeños caen rendidos en los brazos de morfeo. Es ahí cuando me escabullo silenciosa de su cuarto y corro a buscar mis chocolates. El problema es cuando no los encuentro y se me ha olvidado adónde los puse.

¡Horror! ¡Pánico!

En modo desesperación abro cajones, me encaramo en el closet, busco bajo la cama, dentro de mis zapatos.

De pronto recuerdo que se acabaron y en ese momento se me viene un poco el mundo abajo. Es ahí cuando corro a buscar restos de sorpresas de los 568 cumpleaños a los que he llevado a mis niños en los últimos meses y, si tengo suerte, encuentro algo dulce para comer, un chocolate de esos con forma de sapito o alguna gomita, como premio de consuelo. Porque las sorpresas también se las escondo o las regalo. Díganme ustedes, ¿para qué voy a exponer a mis niños a tamaña sobredosis de azúcar? Para eso me expongo yo. La mamá. Es justo y necesario esconder los chocolates y comerlos a solas cuando llega la noche después de una larga y agotadora jornada de maternidad.

Lo merecemos.

Constsnza Diaz

El lado B de la maternidad

Constanza Diaz

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