Venezolanos en Chile y la historia de una mujer y madre que cruzó fronteras para reinventarse en el sur del mundo

Llegué a Chile el 31 de diciembre del 2016.
Me vine por varias razones, pero la principal fue para marcar una gran distancia entre mi ex marido y yo, pues creía que de esta forma toda la historia de maltrato acabaría, pero no fue así.
Aquí en Chile entendí que era yo quien le daba el poder de lastimarme, por lo que no importaba mi ubicación en el globo terráqueo.
Me vine cuando Maximiliano tenía un año y siete meses y Gardenia tenía cinco meses; después del nacimiento de Gardenia me dediqué a hacer todo lo referente al viaje puesto que la situación en Venezuela con los pasaportes estaba iniciando su momento más trágico y Gardenia no lo tenía aún, incluso ella viajó con pasaporte provisional.
En Chile  estaba mi hermana, mi cuñada y mis sobrinas. También una de las amigas de mi hermana de la infancia que vive en Talca, compañeros del colegio, de la universidad, la verdad media ciudad de la que vengo estaba acá.
El comienzo fue muy duro porque al poco tiempo de haber llegado mi hermana me informó sobre su regreso a Venezuela ya que no se adaptó a todo esto que implica ser migrante. Nuestra familia en Venezuela era clase media, y ella mantenía un estilo de vida que aquí, en principio, es muy difícil mantener, a menos que vengas con mucha plata.
Mi historia es diferente a la de ella, yo soy licenciada en Comunicación Social mención Periodismo y ejercer en Venezuela es un tema, por eso me dediqué luego de graduarme a seguir estudiando marketing y docencia, escribía para diferentes medios, daba asesoramientos comunicacionales y llevaba las Redes Sociales de diferentes marcas.
El tema del crecimiento personal me preocupaba. Ya era mamá de dos hijos que debía mantener y cada vez se hacía muy difícil darle la calidad de vida que yo deseaba para ellos.
Aquí al principio cuidé niños, señores de la tercera edad, limpié casas, vendí comida, escribía freelance, trabajé en tiendas y bueno, me mantuve llena de fe y convencimiento sobre lo que estaba haciendo era lo correcto.
Hubo momentos muy duros, momentos que pusieron a prueba todas mis ganas de estar acá, pero teníamos una ventaja: estábamos juntos. los niños siempre me han inspirado a hacerlo mejor, a trabajar por mis sueños, porque mientras yo estoy bien, ellos también lo están. Además, mucha gente estuvo brindándome apoyo, aunque no niego que muchos sabotearon mi estadía y deseaban que yo regresara porque “uno mujer sola con dos hijos no iba a poder”. Pero soy Acuariana, soy muy terca.
El tema de ser una mamá migrante es muy difícil, y más aún cuando estás sola (sin pareja ni familia) porque no tienes a nadie a quien confiarle a tus hijos, estás en un país completamente diferente en cuanto a cultura y me daba miedo. Yo en teoría estaba recién parida, aún me dolía la cesárea y no podía dejarlos solos, así que asumí el sacrificio de hacer todos esos oficios que nos mantenían y la colaboración como periodista de El Vinotinto me tenían cerquita de lo que amo: escribir.
Pero a pesar de ser difícil, se puede y es sabroso cuando lo vas logrando. Esas pequeñas victorias te estimulan y te hacen decir: VALE LA PENA. Aún sé que queda camino, ahora está mi mamá con nosotros, porque al final no pude dejar los niños a nadie, no podía pagar un cuidado porque lo que me pagaban -o pagan- no me da para un cuidado, pero ahí vamos, convencidos de que es lo mejor.
He salido adelante con fuerza y fe. Yo no sabía lo valiente y fuerte que era hasta que me vine. Yo soy la primera y la única divorciada de mi familia, y la única que ha tomado una decisión como ésta. Hasta hace poco le estuve quitando mérito a lo que hice, pero no es fácil, no todos pueden, no todos quieren, y es algo que hice, que hago y que seguiré haciendo: muchas por mí y por mis hijos. Yo creo que mientras tú lo desees y trabajes por ello, vas a tener la fuerza necesaria para lograrlo. Además, he contado con el apoyo de mi mamá y mi papá, ellos creen en este sueño tanto como yo, el resto de mi familia y mis amigos, incluso gente desconocida que también cree en esto.
He tenido gente que ha sido pieza clave en ciertos momentos, sigo haciendo terapia. Pero he encontrado a chilenos que amo y que me han ayudado muchísimo en todo esto, incluso en mi emprendimiento de Mamá Sin Drama. Todas las personas que se suman a esta historia son mi red, mi familia que me echa porras desde donde están y mis amigos. Adicional, me he apoyado mucho en mi fe.
Me dedicó al Marketing Digital, trabajo en Havas Group, escribo para El Vinotinto, y trabajo en mi emprendimiento de marca que es Mamá Sin Drama.
El papá de mis hijos está en Puerto Ordaz, Venezuela. Trabaja en un medio regional allá, se dedica al periodismo.
Según mi experiencia, sí. A mi me han acogido bien. Siento que Chile no estaba preparado para esta migración masiva de venezolanos, pero no creo que ningún país de la región lo estaba. Gracias a Dios, me siento super bien, cada día lucho por estar mejor, por tener mis cosas propias, brindarle garantía social a mis hijos, poder ayudar a mi familia en Venezuela. Desde que decidí migrar, decreté que Chile sería el país que impulsaría mi sueño, y lo estoy haciendo, gracias a que estoy aquí. No sé, si estando en Venezuela hablarías con esta Eunice que hoy conoces.
Sí, tengo muchas amigas venezolanas. He participado en un grupo llamado Mujeres Migrantes, que básicamente son puras mujeres migrantes reunidas contando su historia.
La idea de contar mi historia nació en el 2015 cuando quedé embarazada de Gardenia y ya enfrentaba la maternidad en solitario con Max. Yo vengo de un matrimonio que acabó antes de nacer, de una relación tóxica con mi ex, en él hubo violencia, irrespeto, desamor, ganas de estar a pesar de que no se podía, no sé, una historia llena, al final, de mentiras de la cual me costó mucho salir. Cuando fui mamá quise estar bien para poder ser una buena mamá, porque como dije: si mamá está bien, los niños lo están. Y quise comenzar a hablar de mi proceso, pero estaba muy dañada, muy rota.
Fue hasta este 2018 que realmente comencé a dedicarme a contar mi historia, a romper el silencio y vencer el último miedo que me quedaba con respecto a eso que viví: dañar la imagen de mi ex, pero yo sólo cuento mi historia, la gente emitirá sus juicios. A mi no me interesa juzgarlo, todos tenemos pasado, todos tenemos maldad, todos tenemos razones, y agradezco que él haya estado en mi vida, pues aprendí que de verdad el trabajo de una mamá es vital para el futuro de sus hijos. Escribo por mi, para las mujeres que necesiten leerme, porque además en este proceso descubrí cuánto violencia hay en el mundo y que se sigue callando.
Y bueno, nada… invito a la gente a que me lea, a que se atreva a descubrir esta historia que está llena de sorpresas, en las que no sólo hablo de mi vida como mamá, sino mi vida cómo migrante, como mujer, como profesional. Que entiendan que la vida no es SIN DRAMA, pero queda de nosotros qué hacer con esas adversidades que enfretamos a diario. Mi vida no ha sido fácil, no la comparo, vivo mi proceso y sé que con mi testimonio estoy ayudando a mujeres, que no importa si son millones si al menos una de ellas, puede seguir contando su historia, ser feliz y entender que podemos hacerlo, que es genial tener un pareja, pero siempre y cuando haya amor y respeto, que nadie que ama hace daño, golpea, o insulta. Poco a poco lo estoy logrando, no es hablar por hablar, toda mi lucha, todo mi esfuerzo tiene un propósito y es  este vivir felices y sin dramas.

Constanza Diaz

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