Vacunas y su utilidad

Por Claudia Pérez, pediatra

Desde que nuestro hijo nace, se le comienzan a colocar vacunas, y nosotras  a sufrir con cada pinchazo que es necesario colocarle. Estos hace que inevitablemente surja  la pregunta de si es necesario o no hacerlo, y no son pocas las veces en que he escuchado dudas acerca de su necesidad o su utilidad, así que aquí van algunos datos que ojalá les ayuden.

Para empezar, una vacuna es un preparado destinado a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. Es decir, es un preparado que hace creer a nuestro sistema inmune que estamos en contacto con el agente que provoca la enfermedad, de tal manera que produzca las defensas necesarias para combatirla. Entonces, la próxima vez que entremos en contacto con el bicho en cuestión, nuestro organismo lo reconoce y lo combate antes de que nos enfermemos, o nos da una versión mucho más leve de la enfermedad. Su nombre viene de la viruela de la vaca,  ya que Edward Jenner observó que, a las personas que se contagiaban de ésta, no les daba la viruela humana, o les daba más leve, lo que lo llevó a inyectar viruela vacuna a pacientes sanos que no se contagiaron. Por esto, Luis Pasteur propuso que todos los preparados futuros para estos fines se llamaran vacunas. Para lograr su objetivo, las vacunas pueden tener al bicho atenuado, muerto o partes de éste.

Gracias a las vacunas han ido desapareciendo enfermedades que antes provocaban muertes o secuelas importantes, por ejemplo, la polio, que mataba niños o los dejaba con secuelas motoras importantes,  de hecho, la viruela se considera erradicada. En caso que no logre evitar por completo la enfermedad, se logra una versión atenuada de ésta. Por ejemplo, la vacuna contra el Rotavirus no necesariamente impide el contagio, pero si se produce, se da una versión atenuada, por lo que el paciente no se deshidrata. Ahora bien, para lograr la erradicación de una enfermedad, o al menos su control, se requiere de una cobertura del 90%, por lo menos. Además, hay un grupo de personas que no se pueden vacunar, como los pacientes con cancer, y un grupo que, a pesar de estar vacunada, no responde de manera adecuada. Ellos están cubiertos por el “efecto rebaño” es decir, porque están rodeados de gente vacunada que los protege. Es por eso que es tan importante el vacunarse, tanto por uno como por los demás. En cuanto a los efectos secundarios, en general son leves y manejables. Cuando hay algún problema mayor, se reporta al Ministerio para revisar qué pasó.

Por lo tanto, es importante vacunar a nuestros niños, por ellos mismos y por los que los rodean. No queremos que reaparezcan enfermedades que ya no se ven, o tener nuevamente niños en silla de ruedas por la polio, cosas que, si preguntan a los abuelos, eran así.  Seamos responsables con nuestros niños

Constanza Diaz

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