Vacuna contra el virus del papiloma humano y lo que debemos saber

Últimamente mucho hemos escuchado hablar del  virus papiloma humano (VPH) y su vacuna correspondiente, pero ¿Qué es? ¿Qué produce? ¿Es la vacuna peligrosa? ¿Es necesario que nuestras hijas la reciban?

¿Qué es el VPH?

El VPH es un virus muy común que se transmite por vía sexual y específicamente por contacto sexual. Esto significa que podemos contagiarnos no solamente a través del coito, si no que por cualquier tipo de contacto íntimo, vale decir, por contacto oral-genital, manual-genital y genital-genital.

De este famoso virus existen más de 100 tipos y si bien la mayoría son inofensivos, aproximadamente el 30% de ellos se asocian a mayor riesgo de cáncer.

Los VPH se clasifican en bajo y alto riesgo según su asociación con el cáncer.
Los virus de bajo riesgo se asocian mayormente a verrugas genitales. Los virus de alto riesgo se asocian a cánceres y algunos de ellos invasivos. Pero ¿qué tipo de cáncer? No sólo cérvico-uterino, también cáncer de vulva, vagina, pene, ano y orofaringe.

En Chile, el cáncer cérvico uterino es responsable de aproximadamente 600 muertes anuales en mujeres jóvenes y es precisamente por este motivo la importancia de la vacuna contra el virus papiloma humano.
¿Por qué tanta polémica con la vacuna?

Existen muchos rumores que están circulando hoy en día con respecto a ella. Alguna gente dice  que no es necesario vacunar a las niñas, porque además de la vacuna ser peligrosa, sólo basta con hacerse un PAP. También se dice que la vacuna es toda una estafa porque sólo protege de 4 tipos de virus y que los pediatras la recomiendan porque están coludidos con los laboratorios que la fabrican.

Hemos leído testimonios de casos de efectos secundarios adversos y eso asusta a la gente. Con justa razón. La cantidad de información errónea circulando en las redes sociales es estratosféricamente grande y frente a este bombardeo de información cualquiera se confunde.

Vayamos aclarando dudas entonces. Nadie discute la importancia del PAP, que lo que hace es detectar en forma precoz las lesiones precancerosas y el cáncer cervico uterino, pero no prevenirlo, que justamente es la cualidad de la vacuna. Aprovecho de recalcar la importancia de realizar anualmente el PAP luego de iniciada la vida sexual. El cáncer cervicouterino es tan desgraciado que da síntomas cuando ya está bastante avanzado (como muchos otros cánceres) y lamentablemente en muchos de estos casos ya no hay nada más que hacer. Nadie está libre del cáncer y es mejor encontrarlo en etapas iniciales o incluso antes que aparezca que cuando ya ha avanzado a tal punto que no hay tratamiento eficaz contra él.

Pero, ¿para qué vamos a ponerles la vacuna a nuestras hijas si solamente cubre 4 tipos de virus y existen más de 100 tipos de éstos?

La vacuna que el MINSAL integró al plan nacional de inmunizaciones a partir del año 2014, se llama Gardasil, y si bien protege de 4 tipos de virus ( VPH 6,11,16 y 18), previene la infección de los tipos más representativos del virus y que precisamente son los más comunes y peligrosos.
La vacuna previene el 70% de los casos de cáncer cérvico uterino y el 90% de los casos de verrugas genitales, además de prevenir cáncer vulvar, vaginal, peneano, anal y lesiones precancerosas.
¿Y los efectos secundarios?
Como todos los medicamentos, las vacunas pueden provocar efectos adversos, siendo los más comunes el dolor y enrojecimiento en el sitio de punción. También puede presentarse dolor de cabeza. Con menos frecuencia puede haber mareos y nauseas.
¿Y por qué algunas mamás dijeron que la vacuna les enfermó a sus hijas? Esto es porque tras la aprobación de la vacuna (luego de estudios realizados en más de 65 millones de personas vacunadas) fueron reportadas experiencias adversas espontáneas, de manera voluntaria, por una población de tamaño incierto, por lo que no es posible establecer una relación causal con la vacuna. En resumen, la vacuna es segura y no presenta efectos adversos serios o que atenten contra la vida e integridad de nuestras niñas y lo más importante es que PREVIENE en un GRAN porcentaje el cáncer cérvico uterino de nuestras hijas.

Para concluir con el tema, repetiré una de las frases más buenas que he leído, y que extraje de un testimonio de un padre que no creía en las vacunas hasta que uno de sus hijos se enfermó de tétanos.
“No vacunar a nuestros hijos por temor a los posibles efectos adversos es como no usar cinturón de seguridad por temor a no poder desabrocharlo en caso de que el automóvil se caiga al mar”.

Dra. Gabriela Saavedra, MGZ SSMN.

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