Cada acto tiene una consecuencia y como madres tenemos que enseñarle eso a nuestros hijos

Por Carolina Rodríguez Cobo @Es_carolaa

Reflexioné acerca de cómo imprimir responsabilidad en los niños,  a raíz de un pequeño accidente que sufrí hace una semana.

Caminaba yo por una plaza cuando de la nada fui embestida por un auto a tracción,  conducido por un niño de aproximadamente 10 años. No vi al chico, por lo tanto, no pude esquivarlo y se fue de lleno contra mí provocando que me cayera al suelo,  golpeándome fuertemente en mis rodillas.

Lo increpé diciéndole que tuviese más cuidado y fue ahí cuando apareció la madre, una mujer de aproximadamente unos 25 años, con un cigarro en la mano, que muy ordinariamente me llamó la atención por haber retado a su hijo y que poco menos que era mi culpa no haber advertido su presencia. Ante ese nivel de discusión, me retiré rápidamente enrostrándole que se ocupara de educar mejor a su retoño.

Si hubiese estado en su lugar, primeramente ofrecería disculpas y le pediría a mi hijo que también lo hiciera. ¿Qué es eso de borrar el error propio y culpar a los demás de tus malas acciones o descuidos?

No se trata de ser alarmista, pero imagino la escala de valores con las que enfrenta ese niño la vida si cuando se equivoca, su madre lo defiende como una leona, no importando si lo que hizo estuvo bien o mal.

Da lo mismo la edad que tengan nuestros hijos, desde pequeños deben entender que nuestros actos sean buenos o malos traen consecuencias y éstas hay que enfrentarlas: destacar las buenas acciones y condenar las malas.

La responsabilidad es una manifestación inequívoca de madurez, ya que para cumplir con una obligación hay que imprimir algún esfuerzo: hacer las tareas, guardar los juguetes, irse a dormir temprano.

Los niños deben aprender y aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace siendo responsable, se aprende, ya sea por imitación del adulto o por la aprobación social que sirve de refuerzo.

Un niño  responsable puede conseguir el éxito más frecuentemente, aprenderá de sus errores y aceptará que los cometió, evitando perjudicar de alguna manera a otras personas haciéndolos responsables por sus actos.

Una buena forma de enseñar la responsabilidad en los niños está en implementar una estrategia de recompensas, y no se trata sólo de dinero y de juguetes: el reforzamiento positivo de buenas acciones, una frase halagadora, entregar cariño.

Y lo más importante: predicar con el ejemplo. Nada menos educador que un padre y una madre que se equivocan y no asumen sus errores. Porque somos un espejo para nuestros hijos, nuestras acciones siempre deben ir en la senda de lo correcto o lo que se espera como aceptable.

Constanza Diaz

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