Toda madre tiene su punto de quiebre y es normal

Conversando con una amiga me contó que estaba desesperada porque su hija de cuatro años hace unos tremendos berrinches cuando se levantan por las mañanas para salir al colegio.

-Me supera. No sé qué hacer. Sólo quiero llorar- me dijo muy angustiada.

Y la entendí tan bien. Todas hemos estado ahí. Todas hemos sentido que ya no podemos más y que no toleramos ningún otro grito. Ningún otro llanto. Ninguna otra pataleta. Sentimos, literalmente, terror. Nuestro sistema se ve seriamente dañado en estas situaciones límites para cualquier ser humano. El estrés de la vida que llevamos, correr al trabajo, atender a los niños, ordenar la casa. Cumplir con todos y encima de esto, lidiar con berrinches a las siete de la mañana. Es mucho. Tienes más hijos, el reloj avanza. Se hace tarde. Tu hija no se quiere vestir. Se cuelga de la puerta y se agarra de ella. Grita tanto que piensas que los vecinos van a llamar a al Policía. Tu marido se va a trabajar porque se le hizo tarde. Siempre eres tú que tienes que lidiar con todo esto. Quieres llorar. Quieres huir. Te preguntas cómo lo hacen las otras madres.

Todas colapsamos. Todas tenemos nuestro punto de quiebre. Todas queremos llorar y nos supera en cierto momento la maternidad. No eres la única. Esta tarea es para valientes. Respira hondo, piensa que no eres la única. Estamos todas en el mismo bote. No eres anormal.

Constanza Diaz

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