Tips para sobrevivir con éxito una pataleta y no morir en el intento

Por Constanza Díaz

Las pataletas son terribles. Insoportables. Una buena pataleta es capaz de sacar de quicio al mismísimo Dalai Lama. Dan ganas de huir a toda velocidad como un maratonista profesional.
  No hay nada más desquiciante que un niño haciendo un berrinche.  La verdad sea dicha y sin embargo, como adultas que somos, debemos mantener la calma y sortear el berrinche como un surfista profesional sortea con éxito la ola inmensa que se le viene encima.
Pues veamos, a nadie le gustan los berrinches. Pero debemos reconocer que es parte del niño hacerlos. Cuando fuimos pequeñas también los hicimos. Aunque algunas no los recuerden. Yo recuerdo cuando los hacía y también me han contado. Al parecer era terrible. Me lanzaba al suelo y no paraba de chillar. Aún me dan ganas de hacerlas, aunque hoy en día me contengo. O al menos lo intento.

Consejos ante una pataleta:
1.Mantenga la calma. Cuente hasta diez. O hasta veinte. O hasta treinta. O hasta el número que sea necesario.
2.No le pegue al niño porque no va a sacar nada más que sentirse tremendamente culpable.
Intente calmarlo. Intente abrazarlo. No lo deje solo encerrado en una pieza mientras hace el berrinche.
3.Acoja a la criatura. No alce la voz, no le grite. No se desquicie. Porque si lo hace, va a quedar como una loco de patio, no va a sacar nada y su hijo tendrá un buen ejemplo para seguir haciendo pataletas a futuro: Usted.
4.. Cultive la paciencia mientras duren los gritos. Porque es eso, la paciencia, lo que más requiere en estas situaciones.
Piense que va a pasar y que van a crecer. Que es sólo una etapa propia de la edad pre escolar cuando los niños aún no han alcanzado una madurez cerebral tal que les permita expresarse de otra manera que no sea a punto da berrinches explosivos.
Su hijo no es capaz de sentarse aún y dialogar con usted calmádamente en el sillón del living y decirle: mamá, yo quería leche con chocolate en el vaso de Cars y no leche con vainilla en el vaso de aviones. No. Su hijo aún no ha madurado.
Por lo demás piense: ¿Usted ha alcanzado ese nivel de tranquilidad o también, de vez en cuando, hace pataletas y le grita al chofer del auto de al lado porque se le atravesó en su camino y casi la choca?
Piense y después, concluya. No culpe al niño.
4. Preocúpese de que su hijo no se haga daño cuando está en el momento mismo del chillido atómico.
5..Si se da cuenta que no puede controlarse, que el ataque de rabia le viene le viene y está a punto de explotar ante la pataleta, si se da cuenta que se está volviendo loca,  busque rápidamente las llaves del auto y deje al niño encargado con un adulto de confianza y responsable.
Huya.
Vaya a dar una vuelta a la esquina, al supermercado, a la farmacia. Dé vueltas a la manzana y vuelva a su casa treinta minutos después.
Cuando regrese se va a dar cuenta que el berrinche se acabó y el hijo, antes pataleteando, ahora juega con sus autitos favoritos.
¿Y la pataleta?
Ya pasó.
6.Converse con él. Pregúntele con calma, qué le pasó, cuál fue el problema y cómo se puede solucionar sin hacer el tremendo escándalo echando la casa abajo.
Explíquele, con infinita paciencia, que todo tiene solución y que no es necesario gritar sin control para expresarse.
Tarde o temprano,  las pataletas van a desaparecer.
7. Importante:  Nunca ceda ante una pataleta. Aunque sé que es complicado y muchos padres con tal de no seguir escuchando esos horrorosos gritos, ceden.
Ejemplo: van al supermercado y su hijo quiere que le compren un auto a control remoto. Usted le dice que no, que no tiene dinero.
Al niño se le descompone la cara y comienza en pleno supermercado, a chillar. Se lanza al suelo. No quiere caminar. Se cuelga con fuerza a sus piernas. No puede moverse ni para adelante ni para atrás. Su hijo no lo suelta. Chilla y se retuerce en el suelo. La gente pasa a su lado y la mira con cara de mala madre. Usted se pone roja de rabia, de impotencia. Trata de actuar Zen, pero siente que no le está resultando muy bien.
Con la mayor calma del mundo y muy estoicamente, tome al niño en brazos y llévelo al auto. Deje la compra ahí. No es momento para hacer la fila y pagar las 126 cosas que figuran en el carro.
8. No se le ocurra comprar el juguete para que se calme. !No!
Su hijo terminará por entender que no se consigue nada con los berrinches.
Si cede una vez, una sola vez, está frita. Siempre recurrirá a lo mismo para conseguir sus objetivos.
Las pataletas deberían de pasar con el tiempo.
9. En situaciones que no tienen relevancia, dele el gusto a su hijo antes que rompa en llanto. Sí, escuchó bien. Dele el gusto a la criatura.
Por ejemplo: usted le pone el pantalón azul y él quiere ponerse el pantalón rojo. Se viene una inminente pataleta por el pantalón rojo. Qué hace usted? Con toda calma, saca del clóset el pantalón que su hijo quiere, y se lo pone. Listo. fin del problema. ¿Qué más da? Claro, si es día de semana y debe ir al colegio y no quiere ponerse su uniforme, por mucha pataleta que haga, no tiene opción.
Ejemplo dos: quiere comer manzana de postre y usted le tiene sémola con leche. Se pone a llorar. Se lanza al suelo por una manzana. ¿Qué hace usted? Va a la cocina con absoluta calma, y le lava una manzana. Niño feliz. Usted feliz. Y se acabó la pataleta.
No provoque las pataletas, evítelas si puede.
Ejemplo: se le ocurre ir a comprar un regalo de cumpleaños para un amiguito con su hijo a su juguetería preferida. El paraíso de los juguetes. Su hijo se pone a chillar porque también quiere un regalo para él.
Evite ese momento. Vaya a comprar el regalo sola. Si no pretende adquirir objeto alguno para su hijo, no vaya con él.
10.Mientras las pataletas duren, ármese de paciencia. Porque la va a necesitar. Y mucha.

Constanza Diaz

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