Tipos de madres

Madre soltera

Admiro profundamente a las madres solteras. A aquellas mujeres que han puesto el hombro solas porque el donante de espermios huyó sin dejar huella. Abundan esos tipos que sólo les gusta participar en la parte divertida que significa hacer la guagua. Ellos son puro placer pero cuando se trata de hijos, arrancan a más no poder. No toman responsabilidad alguna, se lavan las manos y se hacen humo. La tierra se los traga. Abortan a sus hijos sin culpa y sin remordimiento alguno. Y ahí siguen ellos sus vidas sin responsabilidad alguna, sin darse por aludido que hay un hijo suyo por nacer o que ya ha nacido. La mujer sin más alternativa y porque tiene ese instinto maternal que le aflora tarde o temprano: aperra. Pone el hombro. Apechuga con su hijo y sin saber cómo, sale adelante. A veces demanda al donante de espermios por pensión alimenticia y a veces ni siquiera eso quiere. Prefiere no saber nunca más en su vida de él. Ella asume el rol de madre y padre. Fuerte, valiente, guerrera.

Las admiro a todas ellas porque criar es difícil y criar sola es más difícil aún. La madre soltera es fuerte, es luchadora, es una mujer power. No le ruega a nadie y si algún día el tipo aparece otra vez, pues será el hijo el que dictaminará si lo quiere ver o no. Si quiere establecer una relación con él o no.  La madre soltera hace las veces de madre y padre a la vez con mucho esfuerzo y sacrificio pero siempre, siempre puede sacar a sus hijos adelante.

La madre separada

Van en aumento. Cada día hay más madres separadas porque cada día son más los matrimonios que se separan.

La madre separada disfruta a más no poder de los fines de semana que el ex se lleva a los niños. Si es que tiene pololo, los disfruta más aún al punto de agradecerle a la vida el hecho de estar separada y poder descansar y dormir hasta la hora que se le da la gana. Ama el momento en que el padre de las criaturas los pasa a buscar. Los entrega feliz. Duerme, come, ve películas, maratones de series en Netflix. Disfruta cada minuto de sus días sin niños porque en la semana ella no para. En la semana ella lo hace todo sola. Levanta niños para ir al colegio, cocina, les da la comida, los baña, los cuida cuando están enfermos, estudia con ellos.

Esta mujer es una especie de madre soltera pero en el fondo no lo es porque tiene días de descanso que los goza a concho. Si tiene pareja, aprovecha para escaparse con él a la playa, tener mucho sexo, tomar vino en la cama  y disfrutar de la vida como si se fuera a acabar mañana.

A la madre separada le gusta su condición porque se acostumbró a vivir sola, con sus hijos sin que nadie la moleste por la comida, la ropa que no está planchada, la toalla en el suelo del baño y sobre todo, se acostumbró a dormir sola sin que nadie la despierte con unos ronquidos de hipopótamo y le quite el control remoto de la televisón.

La madre separada se siente privilegiada de su condición y muchas veces cuando ve a matrimonios que llevan muchos años juntos ella piensa: pobrecitos. Y se ríe en silencio. Porque mientras el ex marido le deposito religiosamente la pensión alimenticia, sabe que no cambiaría su condición por nada del mundo. Especialmente si es que tiene pareja nueva (siempre puertas afuera porque una vez que el sujeto entra, la relación a veces  se muere) que le haga cosquillas cuando los niños no están.

¿Qué mejor?

La madre perfecta

La madre perfecta, tiene una familia perfecta e hijos perfectos.
La madre perfecta se levanta con una sonrisa perfecta y se acuesta con una sonrisa perfecta.
La madre perfecta no se queja, no se cansa. No se aburre y jamás se le pasaría por la mente salir huyendo de la maternidad con destino a una playa tropical sin señal telefónica ni de wi fii.
La madre perfecta jamás levanta la voz ni siquiera en las situaciones más conflictivas.
No grita, no castiga, no colapsa, no ha pegado nunca una palmada en el poto y todo lo soluciona calmadamente y sin salirse de sus casillas ni por un segundo.
Porque ella es perfecta y bien sabe que los golpes a los niños no resuelven nada, al contrario.
La madre perfecta no tiene ojeras, ni canas de todos los colores como las que tengo yo que soy totalmente imperfecta.
La madre perfecta no necesita una cura de sueño como la que necesito yo con urgencia.
Su casa está siempre reluciente e impecable. No como la mía que tiene las paredes rayadas, los tapices de los sofás manchados con comida y juguetes desparramados por doquier.
Sus niños lucen radiantes y nunca hacen pataletas. Y las pocas veces que han hecho, la madre perfecta, con absoluta calma, se pone a su nivel y los abraza.
Así como en los comerciales de la tele.
Ella no grita como una loca. Como muchas veces he gritado yo. Y mis niños, lejos de comportarse, se matan de la risa de mis gritos y mi cara de loca y mis pelos parados.
Porque los gritos, la madre perfecta bien lo sabe, no conducen a ningún lado.
La madre perfecta nunca se agota. Disfruta cada minuto de la maternidad y, generalmente, tiene una relacion de pareja perfecta.
La madre perfecta dialoga con sus hijos adolescentes y siente que son sus amigos y ellos sienten que su madre perfecta, es su confidente.
Dios, estoy a años luz de ser una madre perfecta porque la madre perfecta, no existe.

La madre Pachamama

Este tipo de madres es la que no vacuna a sus hijos bajo ninguna circunstancia ni así venga la OMS a sus casas a decirles lo contrario. La madre Pachamama es generalmente vegetariana y sigue la misma dieta con sus hijos. No ocupa colorantes artificiales  ni jamás en su vida ha comprado una gaseosa. No consume nada que contenga azúcar ni endulzantes químicos. Hace pan integral en casa y tiene una huerta orgánica en el jardíin  de la cual extrae los vegetales que consumen a diario y es adicta a todos los tipos de semillas: chia, linaza, quinoa, amapola, girasol, pepas de zapallo. La lista es interminable y siempre descubre algo nuevo con tremendas propiedades para la salud. Porque todo lo que descubre tiene unas propiedades fabulosas, según ella. La madre Pachamama le embute a sus hijos batidos de zanahoria con apio, betarraga, naranja y brócoli por las mañanas. Se descompone si le ofreces un caramelo a sus hijos o un hot dog. Puede llegar a morir. La madre pachamama practica yoga con sus guaguas todas las mañanas  y no grita jamás. Es bien Zen para sus cosas y cuando colapsa recurre a los ejercicios de respiración y de meditación para volver a su centro. Vive en comunidades y manda a sus hijos a colegios alternativos del estilo Waldorf. Practica danza en el parque y es una activista participativa de todas las causas pro crianzo con apego y respeto. Es fanática de la lactancia e incluso en las clases de danza en el parque bailan a teta pelada con los hijos colgando de un fular chupando teta dichosos.

Los hijos de las madres Pachamama se reconocen fácilmente porque son los primeros que se tiran de cabeza en los cumpleaños infantiles a recoger los dulces de la piñata siendo capaces de hacer zancadillas a los otros niños con tal de agarrar el tal preciado tesoro: azúcar, colorantes, dulces, gomitas y masticables. Se comen la fuente entera de papas fritas y disfrutan hasta la última gota las bebidas de fantasía que en su casa jamás les dejan tomar. Se les hace agua la boca por probar un hot dog y lo hacen a escondidas de la madre Pachamama porque saben que si lo pillan, estarán en serios problemas. Lo mismo con la leche de vaca. Los hijos de estos tipos de madre jamás han probado la leche de vaca porque, según ellas, esta leche es sólo para los terneros, por eso, cuando ven por ahí un vaso de leche de origen animall, se la hacen chupete y consideran que es el paraíso en la tierra.  Estos niños toman leche de su madre o leches de origen vegetal qua fabrican en la propia casa.

La madre Peter Pan

Este tipo de madre es la que nunca madura. Por siempre joven cree que los años no le pasan por encima. Se viste como quiceañera, cosa que sus hijas de quince años odian porque se mueren de la vergüenza. Incluso, le saca la ropa del clóset a sus criaturas y ellas hierven de rabia. Habla como ellas, mastica chicle, fuma como ellas y carretea como ellas.  como ellas. Se hace amiga de sus amigas y de sus pololos.  De pelo largo rubio (peliteñida generalmente), siempre circula por la vida bronceada y con tacones tipo terraplén. El marido, si es que tiene, es un tipo que está absorto en su trabajo y le dice a todo que sí con tal que no lo jodan. La madre Peter Pan carretea todos los fines de semana y deja a los niños encargados con alguien. Cuando están más grandes, sale con ellos y los hijos la odian un poco porque no atina jamás y se mueren de la vergüenza de ella, su madre Peter Pan.

La madre  Facebook

La madre Facebook es la que sube 25 fotos al día de sus hijos a las redes sociales. Es la mujer que apenas supo que estaba embarazada subió una foto del test de embarazo cuando todavía estaba sentada en el WC orinando mientras recogía la gota de muestra y no paró más. Todo su proceso de gestación lo compartió con todo el mundo e incluso cuando estaba pariendo posteó: “en trabajo de parto”. Su primera visita al ginecólogo. Su primera ecografía la pone como foto de perfil. Todo, pero todo lo postea.

A la madre Facebook le gusta compartir su maternidad como si fuera un Reality show. Primera comida, primera vacuna, primer rotavirus, primera salida a almorzar con los abuelos, primer día del jardín infantil. Primer diente que le sale. Primer diente que se le cae. Primer corte de pelo.  Este tipo de madres nos crea una suerte de adicción con su vida y su rol de madre y cuando no vemos nada de ella en días, incluso, la echamos de menos. ¿Le habrá pasado algo? Nos preocupamos.

La madre respetuosa

Este tipo de madre es la que se ha tomado al píe de la letra y como una cruzada de la maternidad los postulados de la crianza con apego o Attachment Parenting (nombre originario en inglés). Las madres que practican la crianza respetuosa como también se le llama están de moda y se lo toman muy en serio. Las puedes distinguir fácilmente. Son aquellas madres que siguiendo las prácticas de culturas ancestrales y pre hispánicas, andan con sus guaguas en fulares tipo altiplánicos pero no viven en el altiplano precisamente, duermen con sus hijos en la misma cama porque así lo indica la crianza respetuosa. Contacto piel a piel, mayor tiempo posible de la madre con el hijo en brazos. Es decir, criar a los hijos en brazos es su postulado universal. El gimnasio, claramente no lo necesitas porque quedas como Popeye y más. Dar pecho a libre demanda non stop y por tiempo indefinido hasta que el crío quiera. Es decir si el crío aún quiere tomar pecho a los seis años, le dará hasta los seis años. El destete se produce respetuosamente, de a poco y sólo cuando las dos partes estén de acuerdo. La madre respetuosa no castiga a sus hijos porque en los postulados del doctor William Sears, uno de las eminencias estadounidenses en crianza respetuosa, se indica: contacto piel con piel, dormir con los niños desde que nacen hasta que ellos quieran abandonar la cama de sus padres, llevarlos en fular permanentemente para que no se sientan abandonados ni crezcan traumados, darle teta a libre demanda también por este tema del contacto madre e hijo, atender cada llamado de su hijo de forma inmediata. Incluso existe la co-ducha, lo cual como su nombre lo indica es tomar una ducha con la guagua en brazos y si la guagua quiere teta, pues la madre respetuosa le da teta en la ducha a su guagua porque se le, oigan bien: respeta en sus necesidades. Y si a la criatura le dio hambre en la ducha, pues en la ducha se le dará leche. Ni modo.

Según el doctor Sears, todo esto hará que los niños sean seguros de sí mismos y autónomos cuando adultos.  La madre respetuosa no castiga, no grita, no se enoja. Sueña con un parto natural, sin medicamentos, ojalá en cuclillas (como lo hacían las culturas ancestrales) y rodeada de doulas y música Zen. La madre respetuosa tiene amigas respetuosas y conversan sobre crianza respetuosa. Respetuosamente. Generalmente en sus fotos de perfil en las redes sociales salen dándole teta a sus hijos y jamás en su vida darían una mamadera con leche de fórmula ni menos pondrían un chupete en boca de sus “críos humanos”. Les encanta recalcar que todos somos mamíferos y reniegan de todo tipo de avance tecnológico y médico, como por ejemplo una epidural o darle al niño de tres años un celular para que vea Peppa Pig en el restaurante para que todos puedan almorzar tranquilos. Puede sufrir un pre infarto. La madre respetuosa trata a sus hijos como sus iguales, como si fueran sus mejores amigos, sintonizando con cada uno de sus sentimientos de manera casi celestial, corriendo como gacela para satisfacer cada una de sus necesidades y jamás levantando la voz. Una madre respetuosa respeta, valga la redundancia, los ritmos de cada niño. Es decir, no apura en sus procesos: si el niño a los 4 años aún usa pañal, pues ella esperará pacientemente que el niño esté preparado para sacárselo. No empujará el proceso ni le comprará una pelela, ni le contará el cuento del niñito que aprendió a ir al baño. Tampoco lo va a extorsionar ofreciéndole juguetes y premios si es que hace pipí en la pelela y/o en el WC. Ella, con paciencia infinita, espera.

Porque una madre respetuosa jamás ofrece premios, jamás castiga, jamás impone. Se estresa como todas nosotras, pero de una manera diferente, de una manera respetuosa.

La madre helicóptero

Confieso que fui una madre helicóptero.Especialmente con mi hijo mayor. Fui y tal vez aún lo soy. Aunque trato de no serlo. Pero me cuesta. Para qué les voy a mentir.
Probablemente siempre lo sea. Y es que la maternidad nos llegó bordeando los cuarenta años y todo lo que no se debía hacer, lo hicimos:
Aprensivos.
Sobre protectores.
No nos atrevíamos a decir que no.
Corríamos a solucionar los problemas.
Pendiente que no le fuera a pasar algo.
En fin.
Éramos unos padres helicópteros. De esos que vuelan constantemente 24/7 sobre los hijos con el fin de solucionarles la vida y estar presentes para lo que necesiten.
Una como madre quiere lo que todas queremos para nuestros hijos, que sean felices.
Y en ese afán por intentar que nuestros niños sean felices, es que traspasamos la línea y nos convertimos en una madre helicóptero.
Hiperparentismo.
Padres helicópteros.
Una madre helicóptero orbita en torno a su hijo hasta que es mayor. Ese hijo probablemente va a desarrollar una nula tolerancia a la frustración y no va a saber cómo solucionar sus problemas por su cuenta. Ya que desde que nació siempre lo ha hecho mamá o papá por él.
Una madre helicóptero es la que va al colegio a hablar con cada profesor para preguntar por su hijo y para lograr que le vaya bien y pase todos la ramos.
En Italia existió el caso de Luca. Un niño que fue sobre protegido por sus padres a tal extremo que su capacidad motriz no estaba acorde para su edad.
Tenia 12 años.
Hubo un proceso judicial para determinar si había habido abuso infantil.
El Caso fue cubierto por los medios de comunicación y dio qué hablar: hasta qué punto una madre deja de ser buena madre y comienza a causarle importantes daños al hijo.
Estos niños, contrario a lo que lo que los padres creen, se vuelven inseguros. Sin autonomía propia.
La sobreprotección no es buena.
Es un exceso de cariño mal entregado.
Los niños crecen sin las herramientas emocionales necesarias.
Hay que dejar a los niños. Soltarlos.
Que hagan ellos sus cosas. Y no nosotras por ellos.
En eso estamos ahora en casa. Des pavimentando el camino de sobré protección construido.
No es fácil.

Madre a la europea

Esta madre cría niños autónomos desde que son guaguas. Apenas aprenden a caminar les enseñan a ordenar sus juguetes y su desorden. Si el niño se cae, ella desde donde esté le dice en la más completa calma que se pare. Esta madre le enseña al niño a ser fuerte y responsable de sus acciones y situaciones. Si van a un restaurante no sacan a los críos de sus sillas de comer y les enseñan a ser pacientes y esperar sus turnos. Los niños de madres a la europea, como la madre alemana o la madre francesa, hacen su cama, ayudan a limpiar la cocina y caminan solos a la parada del bus del colegio. Si hay que castigarlos los castigan generalmente quitándole algo que les gusta, como por ejemplo, el Tablet o el teléfono celular. A la madre europea le interesa criar niños fuertes e independientes que sepan defenderse en la vida y que no sean viejos mamones. Los estimula en su desarrollo cerebral desde pequeños con juegos, deporte y música. Son las que visitan museos los días domingos con los niños y les leen libros antes de dormir.

Constanza Díaz

Perfectamente imperfectas

Constanza Diaz

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