Testimonio: “Fui maltratada en el momento de parir y ésta es la primera vez que lo cuento”

Carolina Durán fue víctima de violencia obstétrica. Nunca denunció su caso y hoy que su hija tiene once meses, cuenta por primera vez su historia para que nunca más una mujer  vuelva a sufrir la vejación por la que ella pasó en el momento que debiera ser el más lindo de la vida de un ser humano: el nacimiento de un hijo.

Mi bebe fue soñado, realmente soñado. Con mi marido llevábamos 12 años tratando de tener un segundo bebé (tenemos una hija de 13 años). Yo tengo 33 años y esto que voy a contar ocurrió el 18 de marzo del 206 en en Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar.

Queríamos tanto tener un hijo. En el camino de cumplir nuestro sueño  perdimos tres bebés uno de 22 semanas, que descansa en el cementerio, uno de 15 semanas y hace tres años uno de siete semanas.  Es tremendo ver un cajón blanco que se lleva parte de tu vida.  Pero  tuvimos una cuarta oportunidad. Felices y asustados ya que tenia diagnosticado incompetencia cervical, por lo que tuve que someterme a un cerclaje y guardar reposo desde la semana 17 hasta el final.  Me traté en un hospital público porque soy Fonasa y no se me permitió acceder al Pad por preexistencia.  La atención del embarazo fue maravillosa, los médicos, el procedimiento del cerclaje y el posterior retiro fue sin problemas.  Lo difícil comenzó cuando con la bolsa amniótica rota llegué a urgencias a la una de la madrugada feliz y esperanzada.

Mi bebe venía en camino.

¡Al fin! Luego de escuchar gritos toda la noche y escuchar cómo las matronas se reían y retaban a las mujeres por quejarse, yo con todo el miedo no me percataba que no tenía contracciones, por lo que a las seis de la mañana deciden ponerme una vía con oxitocina. A los cinco minutos los dolores eran horrorosos y las matronas me retaban y decían que no había anestesista y que había que aguantarse no mas, aunque oí a varias decir que ellas jamás tendrían una guagua sin anestesia.

Era tal mi desesperación, dolor y angustia que le pedí a una de ellas que tomara mi mano, para darme apoyo, se rió en mi cara y se metió las manos a los bolsillos.  No me permitieron nada, ni moverme, ni llorar ni estar acompañada en el preparto.  Estaba sola y aterrada. Luego de una hora, sentí que la cabecita de mi bebita  estaba bajando.  Les  rogué que me revisaran y no quisieron porque llevaba muy poco con el goteo.  Una paramédico se apiadó y levantó la sábana que tenia sobre mi y gritó que el bebe estaba naciendo.

Sólo ahí me revisaron con un tacto que fue horroroso, incómodo y doloroso. Estaba lista.  Luego  me hicieron ponerme de pie sin ayuda para sentarme en una silla de ruedas y llevarme a la sala de parto.  Se me hizo tremendamente difícil. Ahora que lo pienso y lo recuerdo no sé cómo logré hacerlo sola en esas condiciones. Otra odisea fue subirme a la  camilla y poner los pies en los estribos, ahí te das cuenta lo sola que estás.

Cuando ya estaba acomodada y lista dejaron entrar a mi marido que no entendía nada porque juraba que yo estaba con anestesia y no sabía por qué me dolía tanto.  Pujé en medio de regaños del personal de salud hasta que mi bebita nació.  Estaba tan emocionada al verla que me olvidé de todo. Tuve un desgarro que me provocó una sutura de 30 puntos y de todo lo demás.  Miro a mi hija de diez meses y la adoro con el alma pero no volvería a pasar por lo mismo jamás porque fue humillante, doloroso, me sentí maltratada.

Sufrí violencia obstétrica y no lo denuncié, fui pasada a llevar a más no poder. Fui totalmente humillada como mujer y ser humano.  A veces pienso que las personas se vuelven sádicas cuando ven a alguien en desventaja.

Si me volviera a embarazar, prefiero hipotecar mi casa para poder ir a una clínica y programar mi parto.  El nacimiento de un bebé debería ser una experiencia maravillosa y no lo que yo viví.  Lo importante es que hoy tengo a mi hija a mi lado haciéndome cada día más feliz.  Porque no permitiré que un grupo de descriteriadas arruinen mi maternidad ni la llegada de nuestro tan ansiado bebé arcoiris. Sólo puedo agregar que si alguien pasa por lo mismo que me tocó a mí, denuncie y no se quede callada como me quedé yo.

Constanza Diaz

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