Confesión: “Me convertí en mamá cuidadora y aunque no parí a mi hijo y se irá, me siento tan mamá como cualquiera trabajo”

Estoy  casada hace cuatro años, trabajo y estoy terminando mi carrera de derecho. No tengo hijos propios por que no es algo que me quita el sueño aún. Desde pequeña que tengo una preocupación constante por los niños abandonados, tanto fue así que hace ya casi un año, no podía dormir en las noches pensando en cómo ayudar, es una preocupación que daba vueltas en mi cabeza y como todo lo que me propongo en la vida lo cumplo, aquí estoy, hace 9 meses mi vida cambio por completo, llegó un ser de luz que ocupa todos los rincones de mi casa y de mi vida, (la lapita), como cariñosamente le puso una amiga, ( lamentablemente no puedo decir su nombre por temas de seguridad), llegó con 2 años ocho meses a mi hogar, me advirtieron que era trepador, malo para comer pero muy cariñoso. Podria  inventar que nuestros primeros meses fueron hermosos pero aquí decimos la verdad y es que ser mamá primeriza, trabajando, él adaptándose a una nueva vida, ya que estuvo prácticamente un año en un hogar de menores, y algo que nunca había escuchado “los terribles 2 años de un niño”, hicieron que perdiera la paciencia. Me encerraba a llorar porque no sabía qué quería, qué estaba haciendo yo mal, a veces lloraba junto con él, llegaba  tarde de mi trabajo, andaba cansada. Salir  el fin de semana significaba intentar vestirlo una hora antes de que tuviéramos que salir, porque nada le gustaba, no tenía vida social, ni a un cumpleaños de un familiar podíamos ir porque él a las siete ya estaba llorando porque tenía sueño o porque no lograba adaptarse a la gente, sentía que todo lo estaba haciendo mal, muy mal y lo peor es que sentía que no tenía derecho a pataleo, porque primero no soy de esas personas que piden ayuda, yo creo que me las puedo solas, segundo porque como no era mi hijo me daba y hasta el día de hoy me da vergüenza decirle a un familiar si lo puede cuidar y porque todas las demás familias de acogida, (perdón no había mencionado esa parte, soy familia de  acogida de Sename). todas las demás familias de acogida subían fotos con sus pequeños tranquilos y muy felices, sentía que a pesar del amor que le tengo a mi hijo, a veces quería desaparecer del mapa, pero claro como yo iba a decirle eso al resto si es algo que yo escogí, fue mi decisión.
Cuando  lograba conversarlo con cercanos me decían: ¿Pero  no te dan ganas de devolverlo? Y yo les hacía la misma pregunta, ¿ alguna vez no has pensado en devolver a tu hijo?
Si asumo que a veces me daban ganas de tirarlo por la ventana o encerrarme y no escucharlo más cuando lloraba, pero, ¿qué madre no ha sentido eso? Siento que la sociedad juzga, la gente me mira como bicho raro  o como la Sor Teresa.
Me dicen cómo se te ocurrió meterte en esto y yo me preguntó todos los días, por qué “mierda” nadie piensa en los niños de nuestro país; debo decir que yo no soy de esas familias de acogida adineradas que tienen nana y sus vidas están resueltas, al contrario, mi vida era un caos y yo decidí tirarme una mochila mucho más pesada.
Hot día ya no hay jueves de chicas, porque hay que llegar a buscarlo al jardín, darle comida, bañarlo y acostarlo a las ocho porque si no, no crecen y no se levantan de buen genio. No hay salidas al Mall, nada de despertar tarde el sábado, nada de ropa ni zapatos caros, una porque no tengo tiempo ni plata, pero así y todo hoy mi “lapita”, es un niño adaptado totalmente a este loco mundo, es un niño feliz, ya que logré comprender que con hijos uno no puede tener el control de todo, aprendi técnicas a traves de internet para poder controlar pataletas y a pesar de que pucha que nos costó, hoy soy  100% feliz, no cambiaría mi vida  por nada, no hay ningún día malo que supere un “buenas noches mamá, te amo” ( esta parte la escribí lllorando), y una cosa más: mi mayor orgullo es que el decidió cuándo llamarme mamá.
Quiero que todas esas mujeres que creen que son madres por parir a sus hijos, sepan que yo no soy menos madre que ustedes, el amor entre mi hijo y yo sale desde nuestras entrañas, lo defiendo como una leona igual que ustedes,  Y lo amo tanto que sé que el ser de luz que estoy formando debo dejarlo partir más temprano que tarde a pesar de que eso  signifique en mi el dolor más grande que pueda sentir,  si esto no es amor, entonces díganmd ¿que lo es?
Sé que se va a ir, sé que esto no es para siempre. Sólo quiero que sea feliz y que el paso por mi vida haya hecho un cambio en su corazón. Los niños sólo necesitan amor.
 Tania Palma, mamá de lapita.

Constanza Diaz

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