Testimonio: 3 mujeres que se arrepintieron de ser madres

“Mi hija nació enferma y aunque la adoro me arrepiento de haberla tenido. Estoy enferma de los nervios”

Hace 12 años fui mamá porque yo quise, tenía 24 años pero nada fue como yo creía, mi hija nació con un problema neurológico, y por ende retraso mental moderado.  Ella  tiene un RDSM por lo que tiene problemas de lenguaje y por ende para comunicarse con los demás (yo le entiendo todo) tiene una hipoacusia bilateral (usa audífonos) también ha sido operada dos veces de los pies (pie bot y equino) su marcha es un poco inestable. Lo peor de todo es que le llegó la regla (era lo único que me faltaba) es independiente en algunas cosas (come sola, se viste sola, también se baña sola aunque a veces le ayudo).  El papá está presente se la lleva algunos fines de semana, estoy luchando para que sean todos  los fines de semana. Estamos separados desde que mi hija tenía meses. Sus problemas nos terminaron separando. Yo con mis caras largas, depresión y sin ganas de nada, pues, desde ese momento mi vida fue de la casa al hospital o si no de la casa a la Teletón y así hasta ahora. Tuve una pareja por siete años pero terminé con él. No podía estar con él. Me siento mal. Me siento angustiada.

Estos 12 años han sido puro sacrificio y lágrimas, no disfruté nunca a mi hija ni de bebé ni ahora mucho menos. Ya esta grande y es muy complicado para mí rehacer mi vida. Cuando la gente en la calle me ve con ella y me dice “estos niños son una bendición” o cuando me dicen “va a estar contigo hasta que seas viejita” me dan ganas de decirle “cállate vieja de mierda” no sabes la rabia que me da. Mi hija me tiene enferma de los nervios, siento que estoy muerta en vida, no tengo vida propia y aunque la adoro me arrepiento de haberla tenido.

“Fui madre por la agobiante presión social pero si hubiese sabido como era esto, jamás habría tenido un hijo”

Acepté escribir mi testimonio de arrepentimiento de ser madre, para que lo lean otras mujeres y tomen la decisión que marcará el resto de su vida.
Tengo una hija de 11 meses que adoro. Pero de haber sabido cómo sería el proceso desde que nació, jamás lo habría elegido. Tengo un marido excelente, tenemos una situación económica holgada, nos dedicamos a viajar antes de esta bebé conocimos Europa, Estados Unidos, etc. Estábamos acostumbrados a estar solos, pedir comida, flojear todo el fin de semana. Te juro que fue tanta la presión social de que debíamos tener hijos, era realmente agobiante. Tengo 30 años, salí mucho cuando estaba en la universidad, mi esposo también, no nos saltamos etapas, aún así nuestra vida cambió demasiado. Ser madre de verdad que sustituye el rol de esposa, de mujer y al final nadie te agradece. Y toda esa gente que dio su puta opinión jamás te ayudó a desvelarte, cambiar pañales, ni nada. Por eso piénsenlo bien, yo si hubiese sabido cómo sería de duro, junto con la depresión post parto que me dio, jamás hubiese sido madre. Eso sí, tomaré está responsabilidad y la cumpliré como corresponde, mi guagua no merece nada malo.

Actualmente no estoy trabajando, ya que por un problema en el trabajo tuve que renunciar. Además no tengo alguien de confianza con quien dejar a mi hija, sólo se ofreció mi suegra quien vive lejos. Mi mamá ya partió de esta tierra hace 4 años, y no quiero  sala cuna. En cuanto a la depre, fui al psiquiatra, me quería dar pastillas pero como estaba lactando, opté por no interferir con la lactancia. Aún sigo dándole pechuga, ya me siento anímicamente mejor, los primeros meses sólo quería tirarme del piso en que vivo.

“Amo a mi bebé pero haber sido madre por segunda vez fue el peor error que he cometido”

Tan fácil como esa sencilla frase: me arrepiento de haber sido madre. Hace 18 meses fui madre por segunda vez. 8 años después y con mi actual esposo, me nació el instinto de ser madre de nuevo. Yo realmente quería ser madre, aunque admito que un 50% de esa decisión fue por “obligación”. Si. Cuando me casé  fui directa con él y  dije que no quería más hijos, no me nacía volver a ser madre, aunque con mi marido llevaba ya 6 años de relación y una década de conocerlo. Él aceptó pero nunca perdió la fe sobre que yo cambiara de opinión. En efecto mi bebé nació después de un proceso largo de meditación en el que, el hecho de haberme casado y que mi esposo no tenía hijos, me hicieron tomar fuerza y aceptar que debía tener un hijo con él. Suena cruel ¿Cierto? Y es por eso que me arrepiento de ser madre. Es injusto que ahora sea yo la que esté cansada todo el tiempo. Ser madre es el peor trabajo del mundo. Mal pago por los hijos y peor, por sus padres. Abierta a ser juzgada por tomar la decisión de no trabajo para criar hijos y ser recriminada en épocas de escasez económica por no aportar nada. Es injusto que tenga que ser más madre que mujer, para mí y los demás, porque he de aceptar que así me siento, más madre que persona. Antes de decidir tener a mi hija, a la que amo con todo mi corazón, por la que lloro cada vez que me imagino que algo malo le puede suceder, antes de aceptar que debía tener un hijo para mi esposo, yo era realmente feliz. Tenía un trabajo bien pagado, tenía dinero en mis bolsillos para darme mis gustos y ofrecerle a mi primera hija lo que ella quisiera o necesitara. No tenía problemas económicos. Me sentía plenamente realizada, profesionalmente capaz, en un crecimiento laboral majestuoso, y todo esto lo tuve que interrumpir porque el estrés del trabajo hizo de embarazo un riesgo mortal. Tuve que renunciar. Fue una decisión muy difícil, pero pensaba que después de tener a mi segunda hija podría retomar todo eso. Mentira. No soy feliz siendo madre. No soy feliz sin un trabajo, y cuidar bebés no es mi idea de trabajo. No soy feliz viendo la casa patas arriba porque mi hija consume todo mi tiempo yendo y viniendo, de un lado a otro, de arriba a abajo, porque la tengo que cuidar, porque ella está explorando y conociendo sus capacidades mientras que las mías se desvanecen. Es hermoso ver cómo va descubriendo, aprendiendo, escucharla hablar, sonreír. Me siento feliz cuando la resguardo en mis brazos porque quiere dormir, está enferma y sólo mi amor la hace sentir mejor, o porque sólo quiere que la apapache un rato. Me encanta ver su carita redondita y blanca como la nieve, resplandeciente como el sol, tan tierna, tan inocente, .pero me odio por haber escogido eso a seguir haciendo lo que más me gustaba.  Lo odio. Odio no poder encontrar trabajo, o encontrarlo y que me descarten por tener dos hijas. Odio no poder sentirme útil para mi hogar, no poder llevar algo de dinero para solventar las deudas. Odio no poder salir con mis amigas nunca desde que me embaracé y hasta el día de hoy. Odio no poder disfrutar de una película o un capítulo de una telenovela cualquier. Odio no tener independencia y poder. Odio no poder volver a ser la misma que era antes. Siento que no saldré adelante nunca. Siento que todo el mundo me mira como a otra más del montón que se dedicó al hogar y a que su marido la mantenga. Me odio a mi misma por no poder tener el cuerpo de antes y no lucir bien hoy día. Ser madre no compensa nada de eso. Todos los hijos no son iguales.  No sé por qué me siento de ésta manera con la segunda que con la primera. De aquella no tengo malos recuerdos de rabias, llantos, enojos. Con esta segunda bebé me ha pasado de todo. Amo a “mi bebé, pero haber decidido ser madre por segunda vez, fue el peor error que he cometido en mi vida.

POR: Constanza Díaz Hauser

Perfectamente imperfectas

Constanza Diaz

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