Tenemos que aprender a decir que no

Cuesta decir que no. Cuesta mucho. Hay gente que, simplemente, no puede hacerlo. No le sale. Y dice a todo que sí aunque no quiere llenándose de angustias y cargas gratuitas que no pidió. El temor a decir que no es inmenso. ¿Y si dejan de quererme? ¿Y si dejan de incluirme? ¿Y si no me llaman más?

Es tanta la falta de confianza en nosotros mismos que preferimos decir a todo que sí ante el miedo de que dejen de querernos. De hablarnos. De considerarnos. Nos atragantamos con un nudo en la garganta porque la verdad es que nunca quisimos decir que si a esa invitación, a cooperar el domingo en la mañana en la actividad del colegio de los niños, a ir a buscar la comida que encargaron para la reunión.

-¿Y por qué no vas tú?- nos pregunta nuestro jefe.

-Si, claro. Yo voy- respondemos odiándonos a nosotros mismos porque sabemos que no queremos ir. No tenemos tiempo. No queremos meternos en un interminable taco a la hora de más tráfico del día. Nos sentimos abusadas. Pero, ¿de quién es la culpa? ¿De tu jefe?

No.

La culpa no es de él. La culpa es nuestra al no saber poner límites. Al no saber alzar la voz. Al temor de que nos dejen de lado. Nos da pánico. No queremos caerle mal a nadie. Pero en nuestro interior nos caemos mal nosotros mismos por no atrevernos a decir que no.

Es hora de generar un cambio. De adentro hacia afuera. No tenemos que esforzarnos por qué todos nos quieran. No vale la pena. Debemos estar bien con nosotros mismos y eso es suficiente. Los amigos de verdad quedarán. Créeme que una vez que aprendas a decir que no, te cambiará la vida. Y te cambiará para mejor.

Constanza Díaz

Constanza Diaz

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