Síndrome del niño emperador, ¿lo conoces?

Por: Ana María Carpinello

Psicologa clínica

Los niños son adorables en esencia, tiernos, divertidos, cariñosos, pero también pueden ponernos al límite cuando quienes se imponen a todo son ellos; puede sonar algo fuerte, pero la tiranía infantil existe, es un problema de conducta al que se enfrentan muchos padres en la sociedad actual en todo el mundo, y lamentablemente ha ido en aumento.

Su nombre es conocido como el Síndrome del niño emperador o niños tiranos, niños que acaban por dominar a sus padres.

Los niños tienen conductas naturales que no significa que algo ande mal con ellos, conductas como  rabietas de vez en cuando, cambios de humor debido a circunstancias ambientales o al estado de salud, inquietud motora y otras conductas que deben ser evaluadas por profesionales para ayudar al desarrollo del niño y de su entorno. Como por ejemplo, la hiperactividad o el trastorno por déficit de atención, los cuales no deben confundirse con el síndrome del niño emperador que puede incluir algunas características presentes en estos u otros trastornos, pero que se abordan de diferente manera.

Características del niño emperador:

El perfil de estos niños se inicia a corta edad, y va aumentando en intensidad en la medida que las conductas no son manejadas a tiempo, como por ejemplo las rabietas que hacen que los niños consigan lo que desean para frenar la acción que es desgastante para los padres. ( un juguete, algo de comer, etc), exigen de este modo atención de todos.

Un niño normal suele expresar su rabia y tener algunas rabietas, pero estos niños intentan imponer sistemáticamente su voluntad con cualquier medio.

Estos niños piden hasta el extremo hasta conseguir lo que desean, sin importarles lo que pasa a su alrededor, comúnmente sus rabietas pueden ser en lugares públicos para llamar la atención y colapsar a sus padres.

Son absolutamente centrados en sí mismos, les cuesta mucho hacerse responsable o sentir culpa por lo que hacen, generalmente responsabilizan a terceros, ejemplo: grité o tiré las cosas al suelo, o me puse falta de respeto porque no me entendían lo que yo quería. Es decir, justifican sus conductas en el entorno, y esperan que otros se hagan cargo y solucionen sus problemas, como dificultades en el colegio que asumen deben resolver los padres.

Dado lo anterior, no quieren ver cómo su accionar afecta su entorno, por eso en la literatura presente sobre estos niños se dice que carecen de empatía.

Tienen muy baja tolerancia a lo que les incomoda, se frustran rápido cuando algo se les niega, no es como esperan, o simplemente cuando están aburridos.

Suelen tener autoestima baja, por lo cual, son más ansiosos y presentan cambios de humor.

Todo lo anterior conlleva a que se desprenden rabietas, se tornan déspotas, tienen ataques de ira, insultan o agreden, principalmente a la madre.

Y sus conductas se hacen más patológicas y difíciles de sobrellevar en la medida que crecen.

Pronostico:

Si las conductas de los niños, explicadas anteriormente, no son modificadas, en la medida que crezcan se vuelven más impulsivos, déspotas, pueden incluso llegar a tener actitudes vengativas, actos agresivos y de violencia; si esto no se frena y educa antes de los 15 años, se torna muy difícil de encauzar.

Causas:

La estructura familiar ha cambiado con el pasar de los años, hay más divorcios, madres solas que se hacen cargo de los niños, nuevas parejas, en algunos casos cambios constantes de parejas, la paternidad se ha postergado y los padres tienen a los niños más mayores, en algunos casos los niños son convertidos en bienes preciosos, son visualizados como un tesoro, y como escasea el tiempo se generan culpas, muchos suplen intentando cubrir con permisividad la falta de tiempo, o bien el estrés les juega en contra y ceden, terminando por mantener los deseos de los niños siempre satisfechos, sin meditar, que frenar es clave desde el amor para educar.

Otra posible causa es la discrepancia educativa entre los padres, ejemplos de estos hay muchos, los niños son sumamente hábiles y si uno dice no, abordan al otro para conseguir lo que desean, fallan en este sentido la falta de límites, muchos padres creen que traumarán a los hijos por no dar lo que piden, y sucede justamente lo contrario.

Los Padres están menos tolerantes y algunos hiperprotectores (padres helicópteros) y esto contribuye a que se rindan antes las exigencias de los niños con el fin de lograr paz, lo que genera que los niños mimados pasen a reinar en el mundo de sus padres.

Hay padres que justifican con excusas el accionar de sus hijos (es que grita porque tiene muy mal genio; es que justo no le resultó porque estaba enfermo; es que no pude ayudarlo, etc) puesto que de fondo, no se atreven a poner límites por culpas.

Estamos además en una sociedad consumista, donde prima el individualismo que contribuye al egoísmo y a lo inmediato, lo cual, establece bases para que estos niños no potencien la empatía.

También puede existir una predisposición genética, en términos de carácter, que hace que sólo uno de los niños genere el síndrome, y es por lo cual, a los padres se les va de las manos, porque no saben cómo actuar con el niño que es diferente, a veces porque los colapsa, otras porque les da vergüenza.

Pauta de Ayuda:

Hay que tener muy claro que no se nace dictador, por lo cual, es de vital importancia educar en empatía (ponerse en el lugar del otro), con los niños se pueden visitar centros hospitalarios u hogares de menores, para que forjen valor a lo que tienen y vean otras realidades, de este modo, aumentamos la sensibilidad y la compasión.

Como padres tenemos que conocer que la frustración es un sentimiento normal durante el desarrollo infantil, por lo cual, hay que guiarlos, para esto se requieren ciertas rutinas, límites claros, sobre lo que deben o no deben hacer, lo que está bien y lo que está mal. Debemos comprender que educar debe implicar ciertas dosis de frustración para equilibrar desde el amor.

Los padres deben ser coherentes al momento de educar, hay que abordar desde el mismo punto de vista los problemas. (ej, una rabieta, mamá y papá deben expresar que no estuvo bien, ninguno restar importancia al evento, sin centrarse en lo negativo)

Hay que establecer para los niños normas claras y explicarles el por qué de ellas. (ej, si vamos al supermercado y me pides algo que no está en la lista, no te lo voy a comprar, aunque grites, llores o patalees, porque no es algo que necesites, o porque no podemos gastar de más, o porque ya te compré la vez pasada, etc.)

Como padres debemos mostrar firmeza frente a las decisiones: en el caso anterior del supermercado, si el niño hace la rabieta, no ceder y ser consecuente con lo que se estableció.

De este modo, no imponer consecuencias que no se cumplan, y explicarle al niño el por  qué de la consecuencia: si haces rabieta en el supermercado por algo que no está en la lista, no voy a contarte el cuento a la noche, buscar siempre algo que al niño le guste hacer con uno.

En la medida que se pueda supervisar las actividades de los niños desde el amor.

Como padres intentar más que castigar, centrarnos en las consecuencias que se generan por las acciones que no están bien y así gratificar las buenas conductas con lo que se conoce como refuerzo positivo.  Siguiendo con el ejemplo del supermercado, si no hay rabieta reforzar que sentimos orgullo de que lo haya hecho bien, hacer algo que le guste al niño en conjunto, no necesariamente que el refuerzo sea algo que se le compre.

Como padres, somos los adultos, por lo cual, si hay algún deterioro en cómo nos comunicamos con ellos mejorar la comunicación, desde el amor, no desde el enojo, para así establecer mejores relaciones y mayor confianza.

También ir dándoles a los niños responsabilidades acorde a su edad: hacer la cama, sacar la basura, poner la mesa, ordenar su pieza, ayudar en la cocina, etc.

Y por supuesto, buscar ayuda con un profesional, si sentimos que no logramos generar cambios de conducta, con el fin de ser guiados y apoyados en el proceso; algo muy importante, es no comparar a los niños, ni las formas de crianza con el grupo de pares que tenemos puesto que cada familia tiene sus propias identidades, y la idea es no frustrarse como padres.

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Si gustan información más detallada:

Libro recomendado “El pequeño dictador” de Javier Urra (Psiquiatra y doctor en psicología)

Constanza Diaz

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