Si no tienes hijos, no puedes comprender sólo lo sabrás cuando lo vivas

¿Hola chicas, que tal están? Hoy les quiero hablar de un articulo que leí hace poco en un sitio italiano. No sé quién es la autora, pero les dejo el link aquí. Es acerca de un grupo de 4 amigas, de las cuales 3 son madres, que se encuentran en un spa para pasar una tarde entre chicas. La conversación fluye y, como sucede casi siempre, se ponen a hablar de los hijos. Según la autora,  cada vez que la mujer sin hijos daba su opinión las otras le decían “si no tienes hijos, no puedes comprender”. Bueno, lo que ahora quiero hacer es reflexionar acerca de esta afirmación puesto que…estoy completamente de acuerdo.

Mi Chico Rico Regalón es pequeñito, tiene casi tres años, y me acuerdo perfectamente de cuando yo les daba consejos a mis amigas con hijos sin haberlos tenido. Ellas nunca me dijeron nada, y quizás, en algún momento de desesperación, hasta siguieron mis sugerencias. Incluso, me atreví a juzgar a otras mamás o papás. Muchas veces con mi pareja comentábamos situaciones de otras familias y las frases eran siempre las mismas: “Cuando tenga un hijo me comportaré así, le daré sólo estas comidas, mi hijo no gritará en los restaurantes, mi hijo me hará caso, mi hijo dormirá temprano y solo, etc, etc, etc”. Sin duda tenia buenas intenciones y me parecía inaudito el comportamiento de algunos padres. Pero debo decir que el viejo y conocido refrán “otra cosa es con guitarra” nunca fue más acertado.

Creo que absolutamente nadie que no tenga hijos puede comprender lo que ello conlleva. Te lo dicen muchas veces antes. Todos sabemos que se duerme poco, que hay menos tiempo, que la vida en pareja cambia, que conciliar trabajo y casa es como jugar al tetrix (¿quién se acuerda de ese juego?), pero lo que no sabemos es lo que sucede a nivel emocional y psicológico, sobre todo cuando se tiene el primer hijo. En un mismo día podemos llegar a sentir: miedo, preocupación, dicha, tristeza, satisfacción, desolación, esperanza y un amor profundo del que estamos seguras que jamás se acabará, pase lo que pase….incluso cuando nuestro retoño tenga 60 años y sea un viejo guatón, pelao y cascarrabias, lo amaremos igual.

Por eso, entre todo ese enredo de emociones e incertidumbres, uno espera un consejo o una palabra de aliento de alguien que ya haya pasado por lo mismo porque sabemos que comprende lo que estamos viviendo. Nadie que no haya sido mamá sabe lo que se siente cuando se te rompen los pezones por la succión, por eso no acepto que alguien sin hijos (o un hombre en este caso) me diga que sólo el dar pecho produce el apego. Solo quien ha pasado por la experiencia, sabe lo que sentimos cuando lo dejamos en la sala cuna por primera vez, cuando lo sacamos de su camita por las mañanas cuando hace frío, por eso no acepto que la colega que no tiene hijos me diga que no me preocupe, porque mi Chico Rico Regalón está bien y así aprende a socializar. Quizás tenga razón, pero sus palabras no me reconfortan.

Por eso, les pido disculpas a todas mi amigas a las que aconsejé desde el alto de mi sabiduría hecha de espuma, les pido también disculpas a las familias a las que miré mal porque su hijo gritaba o daba vueltas por las mesas del restaurante. Yo, estos casi tres años de mi Chico Rico Regalón, he hecho todo, pero todo, lo que dije que nunca haría.

No sé si ustedes estarán de acuerdo. Lo que me importa recalcar es que muchas veces nos sentimos juzgadas por personas que hablan desde la comodidad, sin comprender lo que pasa en la vida de una persona con la llegada de un hijo. Claro que también hay gente super asertiva, pero lamentablemente son pocas.

 

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Constanza Diaz

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