Ser madre negligente

Por: Juanita Golden

Ser madre Negligente

Creo que no hay mamá que alguna vez no sienta culpa, o que no lo está haciendo del todo bien con sus niños. Pero sí habemos algunas más auto-exigentes, y no sólo nos corroe la culpa, sino que definitivamente hay momentos en que nos sentimos madres negligentes (a algunas se lo han dicho directamente, pero eso ya es otro cuento). Pueden ser situaciones “chicas”, pero en este mundo lleno de “deber ser” y gente juzgando, a uno la hacen sentir la peor mamá del mundo.

Procedo a enumerar las situaciones en las que me siento madre negligente (no es necesario que me juzguen, yo ya me juzgo lo suficiente):

  1. Cuando me relajo con el horario de acostarse y se acuestan más tarde de lo normal. Eso me pasa seguido (cuando mi marido no está, porque él sí es estricto con eso). O cuando dejo que se duerman en mi cama para no tener que ir a acompañarlos tanto rato.
  2. Cuando no rezo con ellos en la noche, o no les leo un cuento (casi nunca les leo), o no les recuerdo que se laven los dientes en la noche, o cuando pasan varios días sin bañarse.
  3. Cuando comen pizza o salchichas varios días seguidos, o cuando comen muchas galletitas, o no toman leche (que de hecho una no toma nada de leche) o no comen muchas verduras.
  4. Cuando les paso el celular “para que no jodan” o cualquier otro artilugio (tele, IPAD, etc.) para poder conversar tranquila con mi marido, amiga, o ver una película para mí.
  5. Cuando miro las uñas de mis niños y veo que están negras y parecen garras de lobo. Agravante: la vez que me llegó una comunicación del colegio pidiéndome que le cortara las uñas a mi hijo, porque había rasguñado a alguien.
  6. LA vez (les prometo que fue sólo 1) que se me BORRÓ ir a buscar a mi hijo al colegio. Yo muy tranquila en mi oficina y me llama la profesora, y ni siquiera cuando vi su número pensé nada, y me dice “quién va a venir a buscar a tu hijo?”. Ahí sí sentí que se me caía el mundo. Gracias a Dios mi hermana estaba cerca del colegio y lo fue a buscar más o menos rápido (aunque ya había pasado como media hora) y menos mal él no se dio cuenta. Hasta el día de hoy me recrimino por eso.
  7. Las veces (esas sí son más de 1) que mis niños (cada uno en su minuto) se cayeron de mi cama, siendo guaguas de esas que parecen foto y de un minuto a otro aprenden a “rodar”, estando mi marido y yo ahí mismo, paf, se cayeron, más de una vez cada uno.
  8. El par de veces que se me ha olvidado amarrarlos a la silla del auto, y darme cuenta porque ellos mismos me dicen “mamá no estoy amarrado”, o peor aún, darse cuenta al llegar al destino.
  9. Algunas contadas veces que he sido la causante directa de que mis hijos se peguen con algo. Por ejemplo una vez llevaba a mi hijo mayor, guagua, al baño a bañarse y calculé mal al pasar por la puerta y se pegó en el marco de la puerta. Otra vez lo tomé en brazos y nuevamente calculé mal y se rasguñó la cara con un borde de la mesa. (soy torpe, ok?). En mi defensa, también he sido víctima de sus golpes involuntarios, quedando una vez con el ojo morado por un cabezazo de mi hijo menor.
  10. Una vez mi hijo menor se cayó a una piscina. Por milagro lo sentí, corrí y lo saqué. Por milagro. Esto me costó un “juzgamiento” de varias personas. Y fue de las cosas que más negligente me han hecho sentir en la vida (a pesar que había una explicación).

Sólo para aclarar: mis niños son súper bien portados, tienen hartos amigos, súper buenas notas, y en el colegio sólo recibimos flores por ellos. Así que negligente y todo, hasta ahora han sobrevivido.

JA JA JA.

Constanza Diaz

Perfectamente imperfectas es un lugar para mujeres reales, sin filtro. Un lugar de información, desahogo y entretención. Perfectamente imperfectas es una revista digital con noticias, actualidad, tendencias, columnas y mucha información de vanguardia para las mujeres que se atreven a decir lo que piensan. Las cosas tal y como son. Sin maquillaje.