Confesión: “Mi padre abusó de mí. Hoy que soy mamá no confío en nadie”.

Yo fui abusada sexualmente por dos personas ajenas a mi familia y luego abusada y violada por mi padre biológico. Fui una  niña hipersexualizada a temprana edad, de hecho, comencé a masturbarme a los 8 años dado todo lo que había vivido y sin saber lo que significaba. Pensaba, incluso, que era normal. El abusador  te seduce y te hace creer que lo que está haciendo no es malo.

Me di  cuenta que lo que mi papá me hacía no era “normal” cuando tenía 11 años.  Y me sumí en la culpa y en la vergüenza.  Intenté suicidarme, pero no me resultó porque no sabía cómo hacer un nudo con tal propósito.  Mi madre, por otro lado, me maltrataba físicamente, descargaba en mí su rabia por los contantes engaños de mi papá.  Dejó  de pegarme cuando le dije que ahora yo tenía más fuerza que ella y que si me volvía a tocar la mataría. Lo más triste para mi es que siendo una niña no pude defender a mi hermana menor también del abuso de mi padre, pero a diferencia de mí, ella si le contó a mi madre, pero ella no hizo nada, prefirió un plato de comida y la seguridad de un techo que defender a su hija, ese será el dolor que tendrá que cargar hasta el día de su muerte,  aunque nosotras ya la perdonamos.

Cuando supe que mi papá también abusaba de mi hermana, me bajó una ira como si de mi hija se tratara,  me armé de valentía y lo enfrenté. Él lo negó todo,  así comenzaron a develarse los “secretos de la familia”

Fueron  años turbulentos y dolorosos, pero Dios me dio un grupo de amigas en la universidad que me apoyaron un montón. Con los años mis padres se divorciaron, y yo, al salir de la universidad me cambié de ciudad y empecé a por fin a hacer mi vida. Al casarme  comenzó mi cuestionamiento sobre si sería una buena mamá (mi madre me pegaba y mi papá me abusaba) mi mayor temor, repetir los abusos con mi hijo. Me demoré varios años en tomar la decisión de traer un ser humano a este mundo, porque para mí es el compromiso más grande que se puede hacer  y no quería fallar como mi papá y mi mamá hicieron conmigo.

Hoy mi hijo va para los 5 años y es un niño feliz y cuidado. Es fuerte lo que voy a decir pero me decidí a ser madre cuando estuve segura de que confiaría en mi esposo y que si alguna vez se me “corría la teja” y me veía en situación de abusar de mi hijo pediría ayuda. Tenía tanto miedo de convertirme en una abusadora,  ya que mi papá cuando lo enfrenté por lo que me hizo a mí y a mi hermana, se disculpó con que a él lo habían violado también a los 5 años. Yo no quería repetir el círculo de abuso sexual.

Tengo la bendición de ser una mujer que supo salir del miedo y del dolor, me hice a mí misma resiliente, siempre viendo lo bueno, aunque el mundo se caiga a pedazos.

Por eso,  pena de muerte para todos los abusadores de niños y niñas.

Yo tuve la fortuna de re inventarme y dejar de culparme por lo ocurrido, pero hay personas que no tienen los recursos cognitivos y afectivos o un círculo cercano que los ayude.

Insisto… ¡Pena de muerte para aquellos que han destruido la niñez y la inocencia de muchas y muchos de nosotros! Y no se trata de ser vengativa, de no respetar los derechos humanos (como he leído en algunos que se oponen a la pena de muerte), se trata de ser prácticos… estas personas no cambiarán y a la primera posibilidad abusarán nuevamente (cuándo mi hermano tuvo hijas… le conté lo ocurrido con mi papá para que tuviera cuidado con ellas y con el “abuelo”). Además, no estoy dispuesta a pagar de mi sueldo la estadía de seres tan pusilánimes en la cárcel… me sentiría casi una encubridora de estos depredadores sexuales… prefiero que ese dinero se invierta en reestablecer la sanidad mental de niños y niñas abusados… en ayudarlos a sanar sus heridas… porque las cicatrices físicas sanan… pero las cicatrices del alma dolerán siempre.

Me costó años darme cuenta que no había sido culpa mía,  que yo era la víctima. Gracias a Dios hoy soy una sobreviviente, una mamá sobreviviente que es imperfectamente feliz.

Anónimo

Constanza Diaz

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