¿Quién manda a quién?

Hoy en día las madres, algunas, temen a sus hijos.
Hoy en día las madres, algunas, han perdido autoridad frente a sus hijos.
Hoy en día las madres, algunas, dejen que sus hijos tomen decisiones como si entrar o no al doctor o ir o no al colegio, porque con una pataleta lloran y consiguen lo que quieren: no entrar al doctor o no ir al colegio.
Las madres no son amigas de los hijos.
Muchas se confunden. Y están criando pequeños tiranos que no tienen límites y cuando lleguen a la adolescencia, esas madres estarán tan arrepentidas de no haber puesto límites antes. De no haber sido autoridad porque el hijo se “iba a traumar”.
El otro día hablaba con una amiga psicóloga y me decía que veía tantos padres de hijos adolescentes desesperados en su consulta porque de pequeños los dejaron hacer lo que quisieron y hoy no sabían qué hacer.
Superados.
Los hijos hacen lo que quieren y no respetan a nadie.
Hay cosas que sí se transan y otras que no. Ir al colegio no se transa. A menos que haya abuso o violación de derechos. Ir al doctor no se transa. A excepción de lo mismo.
Alguien metió en la cabeza a las mujeres que “todo trauma” a los niños. Y para que no lloren, les hacen caso en todo. Incluso cuando están en la puerta de la consulta del doctor no entran porque el niño “no quiere”. ¿Qué es eso? Nadie va al doctor por gusto. Nadie pide una hora por gusto. Hay un tema de salud por medio.
Yo hace un mes le tuve que tapar dos caries a mi pequeño de 4 años. Él no quería ir. Lloró. Pero, ¿lo iba a dejar en la casa para que no llore sin tratamiento? ¿Porque se iba a traumar? Al contrario, fuimos y aunque lloró terminó su tratamiento. Créanme, sufrí yo más que él. Pero jamás volví con él a la casa. Mi niño es valiente y sabía que no se transaba la ida al dentista. Y lo superó.
No señoras, cuélguenme en la plaza pública y quémenme en la hoguera, díganme lo que quieran, pero la persona adulta es autoridad y es la que manda. No al revés como muchas veces lo he visto. Atónita, por cierto.
Por otro lado tengo una gran amiga con un hijo con autismo. Jamás ha dejado un día de ir al colegio. Jamás ha dejado un tratamiento con el doctor. Jamás ha dejado al doctor plantado porque el hijo se puso a llorar. Ella una madre excelente le saco el sombrero. Lo acompaña, lo calma, lo apoya pero le enseña que debe superar sus miedos y enfrentarlos. Hemos estado juntas y la han llamado del colegio diciendo que el hijo está llorando. Allá ha partido a hablar con el profesor y consolarlo. Pero jamás lo ha dejado en casa. Una buena madre. Porque la vida es difícil y debemos enseñar a nuestros hijos a ser fuertes y no al contrario.

Constanza Diaz

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