Prometo no meterme en sus crianzas y si lo hago, por favor díganme para no hacerlo más

 

Por Vanessa Deocares Ben-Hour

Tuve un embarazo sin síntomas. Los mareos nunca llegaron, no hubo restricción para el ejercicio, el día de las contracciones fuimos a un asado. Me sentí enormemente agradecida, pero de cierto modo fui entendiendo que lo que me pasó fue justamente eso. Suerte. Que a la conocida que no pudo dejar de vomitar en su embarazo no le ocurrió, y a la amiga que se le hincharon los pies nivel Dios y tenía que salir igual a terreno, tampoco.

Poco a poco fui entendiendo que la mamá que tuvo que dar mamadera lee los mismos posts que yo, en que los bebés alimentados con lactancia materna exclusiva “son más inteligentes”. Que la abuelita desubiquete ya le debe haber preguntado: y ¿porque no le das teta? Se lo recuerdan además cada vez que se sienta en la sala de espera, y todas sacan sus pechugas. No, amiga, yo no lo haré, y disculpa de corazón si en algún momento metí mi cuchara. Una vez una pariente me comentó que no había tomado ácido fólico antes de saber que estaba embarazada, y a mí casi se me cayó el pelo. Me acuerdo y me da vergüenza. Ella también tenía un buscador de google, no necesitaba una familiar metete que la atemorice más.

Quiero aprender a felicitar a la comadre embarazada que dejó la cajetilla de cigarrillos diaria y se fuma uno de vez en cuando, cuando siente que la ansiedad ya se la come. A apoyar a la mamá de un niño prematuro cuando no puede sacar a sus críos por temor a que se enfermen, en vez de decirle que los está sobreprotegiendo y que le dará depresión tanto estar encerrada. A dejar de preguntarle a mi vecina cuándo regresa al trabajo. Ella debe tener muy clara la fecha, y debe estar contando los días para aprovechar al máximo a su pequeño. A no sugerirle a la mamá con un hijo con discapacidad que se arregle un poco más, ni que se dedique más tiempo a sí misma. Porque si las noches con una bebé sin ningún tipo de enfermedad ya es cansadora, no imagino lo que ella puede estar viviendo.

Porque la cesárea no hace que sus partos hayan sido menos “humanizados”, o “respetados”, o cuánta etiqueta decidamos ponerle. Quizás en el hospital en el que se atiende el médico le tira por la cabeza la guagua si pide el contacto piel a piel, o corte tardío de cordón umbilical. Y te aseguro y te firmo ante notario que ella es una excelente madre. Estamos en una sociedad (y me incluyo), en la que creemos que opinando construimos un mejor lugar para vivir. A veces es mejor callar, acercar un vaso con agua fresca, ofrecer tomar al bebé para que la mamá pueda ducharse. Tenemos que aprender a que las opiniones se dan cuando se piden. Ojo, esto no es fácil. Es un ejercicio diario, que tengo seriamente pensado tatuármelo cual slogan.

Así que amiga, hermana, conocida, vecina, le pido encarecidamente que cuando yo empiece a tratar de convencerla del parto humanizado, el baby led weaning o despotricar contra el chupete, cuando le recuerde de la tragedia ecológica que están produciendo los monstruos del plástico del pañal, o del autismo que le dará a tu hijo por los metales pesados que estás comiendo en el atún, me acuerdes que en algún momento de la vida escribí esto, y me muestres el tatuaje que me hice. Así me sacas de mi trance sonámbulo, me pones en mi lugar, y de paso me recuerdas que uno también escuchó en su momento tantas cosas similares. Con amor, eso sí.

Constanza Diaz

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