Programé la cesárea de mi hijo y no siento culpa ni tampoco me siento una mala madre

Muchos se habla del parto natural y de esperar el momento en que el niño quiera nacer, pero yo, contrario a esto, programé el parto de mi hijo y hoy lo confieso sin culpa alguno. Estoy convencida que así es que como tenía que nacer. Esta es mi historia y cómo mi pequeño Tomás llegó a este mundo.

Por Constanza Dïaz

Tomas nació un 4 de julio del año 2011 a las siete de la tarde. Era un día de invierno, frío. Llegué a la clíunica con mi marido. Mi hijo mayor que en esa época tenía un año y cinco meses se quedó en casa con mi hermana y yo sentía una tremenda pena de dejarlo solo. Era primera vez que nos separábamos.Estaba muy preocupada por él y que me extrañara. Llegué caminado a la clínica con una tremenda panza. Nada me cabía ni ninguna chaqueta me cerraba. Ya quería que naciera y comenzar esa aventura de ser mamá de dos. No quería esperar más. Podría haberlo hecho pero no quise.

Tomás fue un niño grande, rosado y redondo. Su carácter fuerte y decidido se manifestó desde un comienzo cuando lloraba fuerte y sin parar porque tenía hambre. Tomas no quería mi pecho. Y mi desesperación era tal que llamaba a la enfermera para que trajera lo antes posible una mamadera con fórmula. Tomas quedaba feliz. Tranquilo. Relajado. Y me lo ponía en el pecho a dormir. Juntos los dos. Cómplices. Conociéndolo. Oliéndolo. Observándolo.

Tomás nació a través de una cesárea programada justo cuando cumplí 38 semanas. Con un calendario en mano, escogimos la fecha de su llegada a este mundo. Decidí que fuera un día lunes para que pudiera estar mi hermana y su familia presente. Ella viajaba del sur. Me gustaba el día 4 de julio porque es el día de la Independencia de EEUU y es un día con personalidad. Como ni niño. Yo he pasado varios 4 de julios en el país del norte y tengo los mejores recuerdos. El 4 de julio nos pareció una fecha perfecta. Un número perfecto.

No tengo culpa por haber programado mi cesárea. Tomás es mi hijo menor. Mi primer hijo también nació por cesárea pero no programada con anticipación. Fui a control con mi ginecólogo y éste me dijo que sacáramos al bebé porque estaba muy grande y yo muy estrecha para parir natural. No sé si habrá sido una excusa, tal vez si, lo cierto es que el parto natural me daba terror sobre todo por la asfixia perinatal así es que dije: vamos. Y fui. Y nació mi primera criatura. Lindo, arrugado, frágil. Mamón. Bueno para la teta.

Un año y 5 meses después llegó Tomás. No me siento menos madre por haber parido por cesárea. No siento que adelanté la fecha de llegada de mis niños a este plano. Siento que fue lo que tenía que suceder. Las fechas en las que tenían que llegar. Aunque yo las hubiese escogido. Así era como tenía que ser para ellos.
Tomás hoy tiene 5 años. Es travieso, alegre, inteligente, tierno. Es mi tesoro. Mi maravilla. No me he arrepentido nunca de mi decisión. La tomé por comodidad. La tomé porque ya quería que naciera. La tomé porque me da pánico el parto normal. Aunque para muchas suene absurdo. Tal vez fui contra la corriente pero para mí fue lo mejor.

 

Constanza Diaz

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