Parto en el agua, ceremonia de nacimiento

El dar a luz a mis hijos han sido las experiencias más poderosas que he vivido, las más preciosas, mágicas y dolorosas a nivel físico.

Desde que supe que estaba embarazada de mi primer hijo me atemorizaba el misterio de ese umbral del dolor que tendría que atravesar, sin embargo, yo quería tener a mi hijo de manera natural, sin epidural y lo único que me daba confianza era el agua, porque siempre he disfrutado y me gusta la sensación de calma que produce el agua calentita. Ya sea una tina como una terma. Asique averigüe si existían clínicas u hospitales en donde parir en el agua y no habían. Por lo que le pregunté mil veces a mi doctor si podía parir en casa y me respondió amablemente mil veces que yo estaba sana y mi cuerpo estaba hecho para parir en casa. Asique me sentí en confianza. (Porque ojo, si estás con un embarazo complicado no se puede en casa)Así que, como solemos hacerlo las mujeres que deseamos parir en casa, idee dos planes, un plan A, casa, con matrona y partera y un plan B, clínica y bono pad listo, por si acaso. Y vi emocionantes videos de parto en el agua que más me empoderaban en mi decisión.

Me fui a dar a luz a mi guagua a la casa de mi dula, a la cordillera de los Andes, entre el rio y las montañas, dentro de una casa mágica, de cuentos, sostenida como base un tronco de un árbol gordito y el techo tenia la forma perfecta como del tejido de una araña, como un atrapa sueños.  Y me sentí en casa, porque yo me crié en el cerro y ahí quería estar.

Los dos hijos de mi dula me instalaron la piscina (especial de parto, muy cómoda) dentro de la casita y en el baño había una tina grande.

Cuando vinieron mis contracciones me concentraba en respirar, abrazaba, gritaba, cantaba, bailaba y hasta empujaba el sauce llorón. Pero las contracciones más fuertes fueron dentro de la casa y comenzaron en la noche.

La pieza estaba oscura, olía rico, a aromaterapia y habían velas. Yo no dormía hacía dos días, a causa del dolor. En la noche llegó una gata y me hizo cariño en la frente y se fue. Yo ya no hallaba en que posición estar, cuclillas, la postura del niño y del gato (en yoga) eran las posturas claves.

En la mañana rompí la bolsa.
Mi dula me cuidaba y cuando venían contracciones fuertes me ponía las compresas de linaza, que me hizo una amiga, en la espalda baja, y me daba calorcito, era súper mágico y aliviador.  La pieza siempre a oscuras , como una cueva, no me aguanté más y me metí a la tina del baño. Fue  lo máximo y pude dormitar un poco. Mi dula me puso un cojín bajo de mi cabeza y fue maravilloso. Ella llegaba en el momento preciso y nunca me interrumpía ni invadía, era un Angelito enviado desde el cielo por mi mamá, por la energía Divina. La recuerdo linda, con su pelo largo y crespo, leía, me daba agüitas de hierba, miel, mate, me cuidaba, como una madre, como una hermana, con amor y humildad, sin ego, eso no existía, sólo amor. Y la energía de mi mamá estaba muy presente. La sentí todo el tiempo.
Me cambié de tina, cuando ella no estaba, pero llegó al rato. Le dije que me iba a morir (cuando sientes que te vas a morir es porque va a nacer tu bebe. Ella me daba miel, agüitas de hierba y matecito, porque yo soy matera.)
En el centro de la piscina, desde el techo, colgaba una sábana que traje de mi casa. Cada vez que me  venían las ganas de pujar yo me colgaba de la tela, en cuclillas yo estaba y gritaba libre, con toda mi fuerza. Pero tranquila, en paz, con pausas. Por eso no me rajé. Primero salió su cabeza y luego su cuerpecito. Mi partera lo recibió y me lo pasó, lo sostuve en mis brazos, en mi pecho, con mi corazón, nos miramos, nos amamos, nos reencontramos con mi amado hijo. Era grande, largo, moreno, un bebe de la India, ya que su papa es indio y se parecen mucho, pero el nació de mi y en la cordillera de los Andes. Muy simbólico. Midio 56 cm. Y peso 4.400 kg.
Nos quedamos 10 días en casa de mi dula. Ella me seguía dando agüitas hierbas y me cuidaba. También le pedí a mis mujeres cercanas, familia y amigas, que me cuidaran para así yo sólo ocuparme de mi bebe. Fue hermoso. Hasta vinieron amigos a tocarle música del alma. Su papá se lo puso en su pecho y durmieron un rato juntos. Durante esos dias vinieron mis seres más cercanos. Y me desconecté por casi un mes de internet. Fue maravilloso, yo no podía dejar de mirarlo y apapacharlo. Y de mis pechos salía mucha , mucha leche, puro amor, no es casualidad que los pechos estén tan cerca del corazón. Agradecida a mi hijo, a mi familia, a Dios, mi dula y al universo por esta experiencia sagrada.

Bernardita Schulz Santelices.

Madre, artista visual e instructora de yoga.

Chile.

Constanza Diaz

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