Padres separados y las fiestas de fin de año

Rosario Rodríguez

Instagram @psicologa.ros.rodriguez

 

Las fiestas de fin de año son tradicionalmente conocidas como una instancia de reunión familiar. Hablamos de navidad y visualizamos un comercial de televisión con los niños, papá, mamá el perro, un arbolote de 2 metros y medio lleno de luces y miles de cajas de regalos con unos rosetones enormes. Pero, ¿es así la realidad?

 

Claramente no. Y no es sólo porque los regalos los envolvemos “como se pueda”, ni porque no todos tengamos un árbol enorme, sino porque son millones los niños que tienen a sus padres separados, ya sea por opción o por fuerza (trabajo, condenas, salud u otros). La realidad entonces es que no siempre estará el nucleo completo unido durante la noche buena, durante el día de navidad o durante la noche de año nuevo, entonces, ¿qué hacer? ¿Como enfrentar esta situación?

 

Como psicóloga creo que lo más importante en los niños es la necesidad de mantener lazos afectivos seguros, además de tener límites claros y predecibles que sean capaces de brindarles estabilidad. Esto toma más importancia en estas fiestas de fin de año, debido a la sensibilidad con la que se reciben los distintos estímulos no sólo de la industria, el comercio y la televisión, sino de todos quienes nos rodean. Parece ser que esta es una fecha de unión, bastante emotiva, en donde hay que entregar amor, recordar a los más necesitados y hacer “sacrificios” o “esfuerzos”.

 

En las familias en donde los padres no están juntos, es sumamente importante establecer una suerte de “calendario” que indique con quién pasarán los niños cada fiesta importante. Y ojo, que es ideal que este calendario pueda extenderse a las demás fechas importantes que se celebran en el año como el cumpleaños de los niños, el primer día de clases, las ceremonias de fin de año, los cumpleaños de los mismos padres, abuelos, etc.

 

Es fundamental que esta “calendarización” sea realista y bien distribuida. No es más importante la mamá que el papá, y por tanto los niños debieran pasar siempre la noche buena con mamá y “tomar once” con el papá los 25. Esto se podría dar, lógico, por otras causas, como que el papá siempre deba trabajar en turno los 24 y salga a mediodía del 25, pero no por la razón de que “uno es más importante que el otro” o porque “el otro” no se ha portado “bien” durante el año porque no ha entregado la pensión en la fecha, o no ha podido estar presente en todas las celebraciones del niño. Es decir, no a modo de castigo, los adultos somos los padres y debemos instaurar formas más “maduras” y sobretodo más “serias y eficientes” de negociar.

 

También es básico que luego de establecer entre padres este calendario, sea traspasada la información a los hijos, con suficiente antelación, para aterrizar las expectativas que pudieran tener y además para disminuir la sensación de ansiedad y estrés que pudiera generarle esta incertidumbre.

¿Por qué no propongo consensuar estas decisiones con los hijos? Porque estoy hablando de “niños”, no de adultos, y tener que hacerlos enfrentar este tipo de elecciones les genera un alto nivel de angustia por tener que “decidir” entre uno y otro. Además, cuando he visto que los padres saben que se realizará una suerte de votación para estos fines, siempre tienden a la manipulación (consciente o inconsciente) que se basa en un exceso de preocupación o de atención (esto incluye regalos costosos) días o semanas antes, intentando “competir” de forma completamente errónea por el afecto de sus hijos. O lo que es peor, comienzan a realizar comparaciones o a hablar del otro (padre o madre) intentando recalcar sus puntos negativos, de forma encubierta en los mejores casos, aunque en otros lo he visto de forma demasiado explícita.

 

Para muchos adultos es tremendamente difícil aceptar que deben pasar estas fechas alejados de sus hijos, sin embargo, es fundamental que consideren que la estabilidad emocional de los niños debe estar por sobre los intereses personales que tengan los adultos. Los niños necesitan recibir amor y afecto de ambos padres, cada uno entrega de forma distinta y ambos se complementan. Por eso no subestimes ninguna de las dos partes.

 

Y como último punto, pero uno de los más importantes. Las fechas pactadas tanto para pasar estas fiestas, las celebraciones del resto del año e incluso los fines de semana o fechas que se establezcan, deben cumplirse tan rigurosa y sagradamente como lo sería la misa del domingo para un católico ferviente. Estas citas SIEMPRE deben ser prioritarias y se deben respetar a como de lugar, cumpliéndolas a pesar del cansancio, de la visita inesperada de los amigos del extranjero, etc. Si la realidad es que tu agenda o tu trabajo es tan impredecible que nunca puedes saber si podrás comprometerte o no con dicha fecha te sugiero como primera opción buscar otro tipo de trabajo, que sea compatible con ser un padre/madre responsable. Y mientras te embarcas en la búsqueda ACTIVA de un cambio, te sugiero plantear claramente a los niños la realidad, recalcando siempre el interés y el amor, y sobretodo demostrándolo, porque si hay algo en lo que muchos padres separados se han titulado es en hacer declaraciones que jamás se cumplieron…

Constanza Diaz

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