Ortorexia y la obsesión por comer sano

Hoy en día estamos invadidos por una nueva moda: la alimentación sana. Se habla de comidas sin gluten, de dejar los lácteos, de cocinar con harinas integrales y de suprimir el azúcar en nuestras dietas. La mayoría de las recetas de cocina que vemos en redes sociales apuntan a comidas sanas y frescas. Este cambio que nuestra cultura alimenticia ha tenido es positivo, sin duda. Preocuparse de comer bien y saludablemente es siempre bueno pero, ¿qué pasa cuando esto se transforma en una obsesión?

Todos nosotros deberíamos de apuntar a una dieta saludable, con muchos alimentos crudos y frutas. Aguas purificadas y, por supuesto, actividad física. Sin embargo, comer de vez en cuando un chocolate o un rico asado un domingo de almuerzo familiar no hace mal a nadie. Lo importante es el balance, un término medio. Darte algunos días para comer lo que te guste y los otros, cuidarte. Pero cuando el tema se transforma en tu obsesión es hora de hacer un alto y preocuparte.

Hay personas que en su afán de comer sano eliminan todo tipo de carnes y grasas de sus dietas. Elimiman, también, productos refinados como el azúcar y la harina. Suprimen toda verdura y fruta que no sea orgánica. Hacen ayunos y toman batidos para desintoxicar su cuerpo a diario. Su abanico de posibilidades alimenticias se ve drásticamente reducido pero ellos se sienten bien, incluso, superiores al resto. Cada vez más eliminando más comidas de sus dietas y se lo pasan horas investigando en internet la propiedad de cada nuevo súper alimento. Sienten que sí saben alimentarse y cuidar su cuerpo pero, sin una correcta supervisión médica, la dieta sana puede jugarte una mala pasada y dejarte con anemia y con deficiencia de algunos nutrientes escenciales.

No pierdas tu foco ni te obsesiones con tu alimentación. Todo en su justa medida es la mejor opción. Los extremos nunca han sido buenos. Si estás involucrada en una línea de alimentación sana, orgánica y libre de todo lo que piensas que te puede hacer mal, no intentes imponer tus ideas a nadie. Tampoco te aísles ni te segregues. Ni menos, te sientas superior ni más sano que el resto.  Puede ser difícil compatibilizar tu alimentación con la de otros. Y, sobre todo, si escoges una dieta extrema en términos saludables, consulta siempre a un especialista para que te guíe antes que, por querer comer bien y cuidarte, te enfermes.

La ortorexia puede necesitar tratamiento psicológico o psiquiátrico si te impide llevar una vida normal en términos sociales y familiar y, también, si te está enfermando y ocupa tu mente la mayor parte del día. Antes de terminar, quiero decirte que si eres madre y mantienes una dieta extrema, no la apliques en tus hijos. Dales a ellos de todo y cuando puedan escoger, que así lo hagan.

Constanza Diaz

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