No somos sólo máquinas de hacer bebés, también somos mujeres y no debemos olvidarlo

Muchas veces, después de parir, nos olvidamos de lo que éramos antes: mujeres. Nos olvidamos de nuestras vidas y nos volcamos en su totalidad a nuestros hijos. Nos postergamos a un último lugar. ¿Adónde queda la mujer que fuimos? Para muchas, esa mujer que fuimos desaparece por completo. Ahí comienza la angustia y la frustración. La rabia y la pena porque se nos va la vida criando y viviendo para los demás y no para nosotras. La importancia de volver a ser mujer y cómo lograrlo.

Por Camila Carrasco

Hace unos días en un grupo de WhatsApp donde somos puras mujeres, hubo un pequeño enfrentamiento respecto del rol que tenemos después de que somos madres. En aquella discusión me posicioné en contra de quienes postulan que después de que tus hijos nacen una debe, por obligación, cambiar y dedicarse a ser madre. En esos momentos impuse mi filosofía, esa que dice que antes de ser mamá, yo soy mujer.

Fui mamá de mi pequeña una mañana de abril. En aquel entonces tenía 15 años cuando experimenté el acontecimiento más grande que la naturaleza podría haberme brindado.

Desde que supe que iba a ser mamá en plena adolescencia sabía que mi desarrollo como mujer me iba a ser difícil. Las cosas que comúnmente hacen todas en esa etapa: como salir después del colegio, ir de compras con las amigas, salidas los viernes o los fines de semana, yo tendría que reemplazarlo por cambiar pañales y aprender a vestir a mi muñequita. Naturalmente los primeros meses de vida de cualquier ser humano dependen exclusivamente de su madre (o de quien asuma como tal) y lo intenté tomar siempre de la mejor forma. Fue difícil. No niego que me caí muchas veces y lloraba desconsolada porque no quería quedarme la tarde en casa, quería salir con mis amigas al centro, conocer más el mundo… pero no, mi madre siempre fue muy clara: los deberes eran lo primero.

Pasó un año y mi hija, mucho más grande, comenzó sus visitas de fin de semana con la familia de su padre (había olvidado contarles que soy mamá soltera) lo que para mí significaba que una vez a la semana tendría por fin horas para amarme a mí misma y para desarrollarme como cualquiera otra niña que a mi edad lo hacía.

Estos pequeños, pero muy significativos descansos, fueron el renacer de mi persona. Me di cuenta que después de que me tomaba esas horas a la semana en hacer algo que deseaba (a veces era sólo dormir más horas o almorzar tranquila) hacían que la relación con mi hija fuera más llevadera. Tenía un ánimo distinto, caminaba feliz, cambiaba pañales más tranquila, levantarme en la madrugada no se hacía tan tedioso, pues concentraba todas mis ganas en que llegara otra vez el día en que tendría ese anhelado descanso.

A la fecha, 8 años después, me miro al espejo y me convenzo a mí misma que no he dejado de hacer nada que otra persona a mi edad haría, de hecho, tengo más que cualquier otra.

Mi relación con la maternidad no sería lo mismo si no hubiera comprendido lo necesario que es mantener esas horas a la semana donde te puedes desarrollar como tú quieras, porque te lo mereces. Porque no eres una máquina que produce hijos y que debe dedicarse sólo a criarlos.

Es tan importante que mantengas el pensamiento que, ante cualquier otro rol en la vida, debes primero sentirte mujer y que inclusive, debes enseñarle a tu hija que debe respetar esos momentos:  darte una ducha más larga, cocinarte algo rico, ir de compras tranquila, salir de tu rutina, porque si no lo haces tu entorno y sobre todo tu crianza se vuelve absolutista e incomprensiva. Lo siento necesario aún más en mi caso que estoy criando a una niña; el día de mañana no podría enseñarle cómo deberá amarse y sentirse bien con ella misma, yo debo predicar con el ejemplo.

Hoy en día vivo con mi hija y con mi pareja, otro gran logro que como mujer me merecía. Salí en los años que correspondía del colegio, como cualquier otra chica, y voy a la universidad y estudio una carrera como miles de mujeres que se han profesionalizado. Mi maternidad no me ha quitado los sueños, me ha hecho en grande. Que no te quite el milagro de la vida la posibilidad de ser más, recuerda: primero mujer, después mamá.

Constanza Diaz

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