“No sabía lo que era el infierno hasta que comencé a tener ataques de pánico. Ya no quiero vivir así”

Soy mamá, tengo 28 años y cada día qué pasa me cuesta más levantarme y funcionar. Tengo pensamientos feos, quiero dejar de vivir pero luego pienso en mis hijas y hago otro esfuerzo. Mis niñas nacieron el año 2016 luego de un largo  tratamiento de fertilidad. Son mellizas y las esperé con ansias. Ser mamá era mi mayor sueño en la vida. En un comienzo se me hizo difícil, pero con el tiempo fue mejorando y me fui adaptando a mi rol de mamá de dos. A los 8 meses les saqué el pecho y pensé que todo mejoraría, pero no fue así.

Una mañana de diciembre del año pasado desperté con la regla.

-Bueno, ya era hora- pensé.

Temblaba mucho. Me zumbaban los oídos. Estaba mareada. Me sentía realmente mal. Me dolía el pecho. No podía mantenerme de pie. Me llevaron a urgencias. Pensé que me estaba dando un infarto. Para mi sorpresa no tenía nada. Luego de examinarme me mandaron para la casa.

Al día siguiente tuve los mismos síntomas. No podía tomar en brazos a mis guaguas, no podía darles su comida. No podía hacer nada. Sólo quería arrancar. Fui al médico y me dijo que eran crisis de angustia. Nunca antes había tenido. Quería llorar y llorar. Me medicaron clonazepam e hice terapia psicológica. Me sentí mejor y pensé que lo estaba superando hasta que nos mudamos de casa hace un mes atrás y me volvieron las crisis. Lucho todos los días con esto. Me da vergüenza que me vean así. Me da vergüenza mirarme al espejo. Cuando me miro veo a una drogadicta que no se levanta de la cama si no toma su pastilla. Mi marido me apoya, me intenta ayudar, me dice que va a pasar. Pero no pasa. Me da miedo perder el control y hacerle daño a mis bebés. Estoy encerrada en casa. Me dicen que salga a dar una vuelta pero aunque salga, la cabeza me sigue funcionando. Los pensamientos no paran. No tengo amigos ni familia en Chile. Estoy sola y aterrada. Sufrir de crisis de pánico es horrible. Es una enfermedad real de la cual quisiera curarme y no sé cómo. Me quiero morir y no lo hago por mis niñas. Si no fuera por ellas ya no estaría aquí. Me siento una horrible madre y me pregunto por qué a mí.

Constanza Diaz

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