“Niños tiranos, ¿nacen o se hacen?

Ausencia de empatía, disfruta del dolor ajeno o haciendo daño, nula tolerancia a la frustración (no acepta un “no” y quiere que se le satisfaga toda necesidad inmediatamente), se burla de figuras de autoridad o quien “le lleve la contra”, llora, grita y manipula hasta obtener lo que quiere (el niño/niña decide, manda, y miente para lograr lo deseado), son algunas de las características de un niño tirano o con “Síndrome del Emperador”.

 El niño tirano ¿nace o se hace?

En el desarrollo de la personalidad confabulan tanto aspectos biológicos (genéticos), como sociales y ambientales (contexto). Nacemos con un determinado Temperamento, el cual está escrito en los genes y es heredado, y paulatinamente se va formando el Carácter, que es la suma del temperamento y el moldeamiento del ambiente. Por tanto, poseemos un componente innato y otro adquirido, y en éste último es donde como padres debemos actuar de manera apropiada en el momento apropiado para no crear a un pequeño (y posterior adulto) tirano, pero ¿cómo se hace esto?, ¿Cuál es el momento apropiado para actuar?

Los primeros cinco años son claves. La conducta de los niños en este período se articula con la puesta en práctica de la libertad y autonomía motora, siendo su tarea principal moverse para explorar y para aprender a través de la experiencia. Es aquí en donde surgen los primeros desencuentros entre los niños -tan llenos de energía y ávidos por descubrir todo a su paso- y los adultos que les rodeamos, que al querer protegerles de cualquier riesgo comenzamos a limitar su libertad de movimiento. Junto a ello, aproximadamente a los 2 años de edad, se comienza otra tarea en paralelo, la de establecer normas básicas – “reglas” – para insertarse en la sociedad.

Frente a estas dos tareas un niño percibe una oposición a su búsqueda de libertad y, yendo más allá, en esta edad es cuando comienzan a adquirir la capacidad de autorregular sus emociones (con constantes rabietas que no son dirigidas a alguien particular) y poseen un marcado egocentrismo. No tener toda la atención del adulto, ni un ejemplo adecuado de cómo regular sus emociones, agregado a límites muy restrictivos o, por el contrario, no tener ninguno, serían los cimientos para crear a un tirano o tirana.

Aunque suene como el inicio de una película de terror, como adultos responsables de ese niño no hay que temerle, ni menos claudicar en las decisiones tomadas para llevarlo por un camino que a nuestro parecer es el correcto (por más que nuestro hijo o hija llore frente a un “aléjate del enchufe, eso es peligroso para ti” -y se le retire efectivamente de ahí si continúa intentando tocarlo- o se frustre con una fuerte rabieta frente a una negativa de comprar un juguete o dulce en el supermercado -llegando incluso a un “te odio!”, el que puede dolernos, mas no derrumbarnos ni derrumbar lo que creemos correcto o incorrecto para ellos).

Ahora bien, les he hablado de los componentes de la personalidad (en formación), cómo se puede incidir en uno de ellos (el carácter), cuál es el período de edades “clave” para hacerlo, y qué tareas se deben cumplir en esta etapa -tanto por los niños como por los padres, pero lo que estarán esperando saber es ¿cómo puedo evitar que mi hijo sea un tirano? Y, quienes ya se encuentren en tal situación ¡¿cómo atenuar las conductas de tiranía en él o ella?!

Aquí les doy algunas recomendaciones:

1. Enseñar a temprana edad que además de derechos se tienen deberes o responsabilidades, y especificar los que parezcan más adecuados para cada edad. Ello conllevará a un desarrollo emocional favorable.

  • 0-7 meses cobra relevancia, entre otras tareas de la ma/paternidad, organizar rutinas para sus actividades que se cumplan a cabalidad todos los días, en lo posible. Esta es la primera forma de demostrar límites estables; Mostrar disponibilidad para consolarle; Comunicar afecto y ternura.
  • 8-12 meses, ofrecer juguetes u objetos diversos y seguros como oportunidad de exploración; Poner palabras a lo que le pasa (si ríe, llora, grita, se asusta, etc.); Permitirle tocar alimentos, mamadera, cuchara, entre otros relacionados a su alimentación; Dejarle en el suelo para que se mueva con libertad.
  • 1-2 años, usar lenguaje claro y sencillo para explicar cosas; Elogiar cuando haga cosas de forma independiente; Permitirle que ayude en tareas cotidianas (simples y seguras); Animarle a explorar y que juegue con otros niños; involucrarse en sus juegos.
  • 2-3 años, permitirle escoger su ropa y vestirse solo(a); Escuchar y hablarle a su altura (arrodillándose); Incitar a cumplir consignas sencillas (guardar sus juguetes, por ej.), controlar impulsos, esperar su turno.
  • 3 años, incitarle a jugar en grupos pequeños para ayudarle si hay conflictos; leer libros acerca de los sentimientos (Ejemplo para la ira: “Vaya Rabieta!”; Darle opciones acerca de cosas que puede hacer o tener (por su edad y por si existe riesgo en lo que ya está haciendo o posee. En esto es importante aprender como padres que, por más peligroso o riesgoso que se vea lo que tiene nuestro niño en sus manos, al reaccionar con desesperación se debe intentar NO QUITARLE tal objeto (Ej. “¡pásame eso ahora!, ¡No! – y quitarle inmediatamente el objeto)”, sino que PEDIRSELO con buenas palabras o por favor y explicarle la razón. Al quitar como una imposición algo de sus manos es más probable que acto seguido comience una rabieta o una situación conflictiva para ambos, lo que no suele ocurrir cuando se le pide y se le explica en buenos términos – de manera sencilla para su edad.
  • 4-6 años, proveer la oportunidad de que juegue fuera de casa con otros, supervisando regularmente (en general llevarlo a espacios donde pueda interactuar con más personas); Motivarle para que tome decisiones; Pedirle que ayude con quehaceres del hogar.
  1. Poner límites claros sin tratar de igual a igual: Ello no implica que se le diga todo el tiempo “porque yo lo digo (mamá/papá)” ni “si tú quieres”, sino que al poner normas o dar una orden, como ya mencioné antes, es conveniente explicarles acorde a su edad el por qué de ello para que lo puedan comprender, pero una vez dada el niño tiene que obedecer -sin buscar su aprobación ni cediendo ante sus peticiones o su expresión de tristeza o enojo. Los límites se podrán flexibilizar a medida que el niño crezca, negociando entre ambas partes (ej. Horarios).
  2. Actualmente, somos padres y trabajadores a la par, llegando tarde a casa y encima muy cansados, compensando la falta de tiempo con los hijos dejándoles hacer todo lo que quieran y tener todo lo que pidan. Esto ocurre porque se siente culpa, remordimiento, pena, entonces “para que sea feliz” le digo que sí a todo y le compro lo que desee, “es lo mínimo que puedo hacer por no estar en todo el día con él/ella”, y de paso nos ahorramos un mal rato de berrinches o gritos (cediendo ante sus deseos). Estos actos tienen como consecuencia que el niño no acostumbre a recibir un no como respuesta, por lo que será muy difícil que a futuro sea capaz de tolerar bien sus frustraciones. Si no se puede estar con los hijos el tiempo que se desee, la tarea será enfocarse en que el poco tiempo sea de calidad, lo que implica: escucharle, jugar con él/ella, mimarle dentro de los límites establecidos, y algo muy difícil por estos días…DEJAR EL CELULAR DE LADO.
  3. Reforzar sus logros, avances y conductas adecuadas (a su edad, al contexto, a la solicitud de mamá/papá, etc.). Esta es la única forma de retroalimentar al niño y que él sepa que se valora su esfuerzo por ir en un buen camino.
  4. Nunca perder la paciencia frente a una rabieta o conducta agresiva/amenazante. Es mejor no prestar atención en el preciso momento de tal conducta, y no ponerse a su altura con palabras o tono agresivo en respuesta. Aquí se puede aplicar un “tiempo fuera” (time out), pero no para el niño, ya que no es recomendable aislarlo o encerrarlo en una pieza “hasta que se le quite la rabia”, porque en estos momentos es cuando más nos necesita a su lado, somos quienes le ponemos palabras a lo que le pasa y le ayudamos a regular sus emociones a través del ejemplo (respirar lento, mirar un punto fijo, contener con un abrazo, etc.). El tiempo fuera que menciono es para los adultos, necesitamos responderles de forma tranquila, con calma, por lo que nos podemos tomar unos segundos dando una vuelta por casa – o donde estemos – respirando y contando hasta 100, hasta que nos sintamos en condiciones de contener la ira de nuestros hijos, manifestándoles que aunque entendamos que están enojados, esa quizá no es la mejor manera de expresarlo (es muy importante enseñar con el ejemplo a diario, más que con palabras en los momentos en que ocurre la explosión de ira).

Waleska León Maturana

Psicóloga Infanto-Juvenil

Constanza Diaz

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