Niños: la debilidad de una madre

Cuando quedé embarazada por primera vez, yo quería que fuera una niña. Soñaba con ella y hasta le tenía el nombre: se llamaría Olivia.

Tengo dos sobrinas. Para ese entonces mi sobrina mayor tenía seis años y la adoración que sentía por ella era más allá de lo que pueda explicar con palabras. Esa niña me tenía embobada. Mi sobrina mayor, Agustina, me tenía loca de amor. Con ella y con su hermana Dominga, yo vivía la vida en rosa. No me la imaginaba de otra manera y sin embargo, tuvo dos niños: Clemente y Tomás.

Jamás dimenioné esa conexión tan especial que una madre llega a sentir con sus niños hasta que nació mi hijo mayor y entonces descubrí que hay vida mucho más allá de las niñas y que los niños son, simplemente, deliciosos.

Los niños son inquietos, son preguntones, se desplazan saltando, corriendo y rebotando. Los niños no se complican por la ropa que le pongas y son felices con dinosaurios, autos Hot Wheels y pelotas. Lo niños son unos eternos enamorados de mamá. Son profundamente mamones, pegajosos, son una máquina de besos y abrazos.  Los niños no se hacen drama por nada. Juegan todo el día con lo que caiga en sus manos, son buenos para comer y reír. Son cariñosos y quieren casarse con su mamá.

Mis hijos son buenos amigos entre ellos, juegan con tierra, con barro, con gusanos y caracoles. Quieren salvar a todos los animales del planeta y les gusta correr en pelota cuando salen de la tina de baño. Se duermen abrazados a mí y me buscan cada vez que se despiertan para acurrucarlos. Dicen que nunca me van a dejar sola y que siempre van a vivir conmigo.

Los niños son simples, son amigos de sus amigos, les gusta correr y ensuciarse. Orinan en cualquier lado y les da un poco lo mismo: ya sea en  las ruedas del auto, en la mitad de la carretera, detrás de un árbol o en la tina de baño. Hacen competencia de quien orina más lejos y les encanta la palabra pene, poto, peo y flato. Se mueren de la risa con los peos, para ellos es una diversión total.  Los niños, al menos los mios, son buenos para comer y cada día comen más. Siento que la comida no dura ni 5 minutos en el refrigerador y cada vez que comen a la media hora me dicen: ¡tengo hambre!

A los niños les encantan las zapatillas y cada par les dura unos tres meses o un poco más. Siempre se despegan, se gastan y algo les pasa. Igual que los pantalones que siempre se les hace un hoyo en la rodilla al poco tiempo de uso. Juegan con lego y más de alguna vez me he enterrado uno en el pie. Les encanta sacar el papel higiénico del baño y tapar el WC con lo que pillen: autitos, confort o una vez salió hasta un calcetín de la cañería. Les gusta jugar con agua y mojar la casa entera si pudieran. Siempre están moviéndose y peinar a un niño es un trámite que dura dos segundos. Con suerte. El pelo de un niño NO es tema alguno.

En el colegio persiguen una pelota, juegan con tierra o piedras, corren todos juntos en manada y son bastante felices con bien poco. Los niños son incondicionales de la mamá. Son encantadores, son puro amor y todo se les perdona cuando ponen carita de pena. Es difícil educar a los niños porque son la debilidad de una madre, son puro amor, por eso cada vez que los reto, después me arrepiento y les pido perdón. Es que no puedo, me supera el amor.

Constanza Diaz

Perfectamente imperfectas es un lugar para mujeres reales, sin filtro. Un lugar de información, desahogo y entretención. Perfectamente imperfectas es una revista digital con noticias, actualidad, tendencias, columnas y mucha información de vanguardia para las mujeres que se atreven a decir lo que piensan. Las cosas tal y como son. Sin maquillaje.

Pin It on Pinterest