Mi hija se desnutrió porque mi leche nunca fue suficiente para ella

Tengo 23 años. Mi hija Renata hoy tiene 8 meses y antes que naciera comencé a informarme sobre maternidad, parto y lactancia para dar todo lo mejor de mí a mi pequeña. Apenas nació comencé con el proceso de lactancia materna y me dediqué 24/7 a cuidarla. Comencé a darle tetita inmediatamente para que me bajara la leche. Yo pensaba que tenía suficiente leche para alimentarla. O al menos eso era lo que yo creía. Sabía de los beneficios de la leche materna para mi hija y quería dársela. Cuando llegué a mi casa de la clínica, dos días después, empezó mi historia: mi hija no paraba de llorar. Era terrible. Entonces me la pegué al pecho y estuve con ella así permanentemente. Pero Renata seguía llorando. Era desesperante. Seguía con mi bebé al pecho para alimentarla y seguí así por días. En las noches Renata no dormía y yo tampoco. Le daba pecho y al minuto quería otra vez. Así nos pasamos los primeros quince días de nacida mi hija hasta que la llevé al pediatra.

Estaba nerviosa y preocupada por todo lo que lloraba pero aún así yo quería tener éxito en mi lactancia materna por todo lo que había leído y escuchado. En esa control el doctor me dijo que mi Renata había bajado mucho de peso y que no era normal. Que debía darle leche de fórmula en la noche. Yo quedé en schock y no le hice caso. Pensé que estaba equivocado porque la leche materna, mi leche, tenía que alimentar a mi hija, porque somos mamíferos y así es como nos alimentamos cuando nacemos. ¿Por qué iba a fallarle yo a mi bebé? Regresé a mi casa y seguí con mi hija pegada al pecho, ella seguía llorando y pidiendo teta a cada rato. En el día y en la noche. Mi hija estaba mañosa y no hacía caquita pero yo pensé que era normal dado que los bebés recién nacidos pueden pasar días sin hacer caca si es que toman sólo leche materna.

Llamé a mi matrona y ginecólogo para que me ayudaran y me dijeron que yo tenía mucha leche y que por eso mi beba no evacuaba. Me quedé relativamente tranquila con lo que me dijeron porque ellos supuestamente sabían. Eso pensé yo, no sabía lo equivocados que estábamos todos.

Cuando mi hija cumplió un mes la llevé a otro pediatra. Esta vez una doctora y al ver a mi bebé inmediatamente se asustó.

-¿Qué le pasa a tu hija?- me dijo cuando la vio.

Le dije que nada. Le conté que hacía todo lo que se suponía debía hacer y que sólo la alimentaba con mi pecho porque era lo mejor para ella. Se suponía…

La pediatra la pesó y me dijo que mi hija estaba desnutrida. En ese momento me quise morir y me sentí terriblemente culpable.

Mi leche no estaba alimentando a mi hija. Así de simple. Menos mal no se deshidrató porque otro hubiera sido el final de la historia. Tuve que darle cuatro días leche de fórmula para no dejarla hospitalizada. Y claro, a la primera mamadera que se tomó, Renata quedó feliz y no lloró más. Logramos dormir bien en las noches y descansar. Desde ese día mi bebé es otra. Menos mal no pasó a mayores mi historia pero aún siento angnustia por lo que vivimos y lo que aprendí de esto es que nunca tenemos que obsesionarnos con algo, sobre todo si nuestros hijos están involucrados. Debemos escucharlos y seguir nuestros instintos. No es normal que lloren tanto y, a veces, nuestra leche no es suficiente. Como fue mi caso.

Constanza Diaz

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