Me confieso una madre mediocre

 
Un homenaje a todas las madres que jamás se cansan.
Un homenaje a todas las madres que jamás se quejan.
Un homenaje a todas las madres que están 24/7 los 365 días del año con sus hijos y no necesitan un espacio para ellas.
Un homenaje a todas las madres que jamás colapsan. Jamás explotan. Jamás revientan.
A las que no requieren un tiempo para ellas.
A las que no necesitan horas extras de sueño.
A las que disfrutan estar permanentemente con los niños y no necesitan nada más.
Por mi culpa. Por mi gran culpa.
Me confieso ante ustedes como una madre quejona.
Cansada.
Sobrepasada, a veces.
Una madre que disfruta cuando sus hijos se duermen por las noches y cuando por las mañanas se van al colegio.
Una madre que se sabe no perfecta pero que intenta criar niños sanos emocionalmente, seguros de sí mismos y sobre todo felices.
Que sean plenos, integrales y autónomos. Sobre todo autónomos porque tengo terror a faltarles y quiero que sepan defenderse solos y funcionar en este mundo sin mí.
Me confieso una madre que ama a sus hijos pero que sueña con ir una semana al Caribe sola y sin embargo, sé que jamás lo haría porque no quiero viajar sin ellos. Porque ya viajé mucho, demasiado sola. Cuando voy al supermercado de la esquina ya los extraño y siento que algo me falta y llamo a casa para saber cómo están los niños porque los echo de menos y les hablo con voz de subnormal y les digo por el teléfono que los adoro y les envío besos y les pregunto en qué están. Ya voy, ya voy…les digo. Y me apuro, compro rapidito y rajo a la casa. Así de bipolar soy.
Una madre con sentimientos encontrados.
Disculpen por quejarme. Es que soy una una mala madre. Imperfecta. Di pecho pero no tanto y tampoco tan poco. Di ocho meses de pecho a mi primer hijo y se lo quité porque quería embarazarme del segundo, quería que tuviera un hermanito. Quería otro hijo y si fuera diez años menor, tendría el tercero. Aunque me canso y extraño dormir los niños me encantan, me sacan de la pena, me llevan a lugares mágicos y sufro pensando que van a crecer y dejarán de ser mis cachorros pegajosos, tiernos, mamoenes, que me necesitan tanto como yo los necesito a ellos.
Rindo homenaje a las madres que son súper madres, a las que circulan impecables con sus guaguas colgando en un fular y hacen el aseo con ella colgada porque yo ni supe lo que era un fular cuando tuve a mis niños 6 años atras. Y si hubiera sabido tampoco hubiera podido porque soy bien delgada y tengo tan poco fuerza que me sirvió mucho el coche y el centro de actividades e incluso el andador. Por mi culpa por mi gran culpa, sí, puse a mis niños en andador. ¿Soy una pecadora? Di relleno y jamás me sentí mala por dar relleno. Aún no existía esta obsesión por la teta que existe hoy. Y yo, les cuento aunque me odien, no quiero ser esclava de la teta. No quiero tener a una guagua pegada al pecho 24/7. Lo encuentro, incluso, inhumano.
Si bien yo siempre supe los beneficios de la leche materna, apliqué relleno porque mi hijo nació con hipoglucemia y sin preguntarme, en la clínicia le dieron mamadera con leche de fórmula y lo salvaron. Puse un chupete porque antes de ir a parir, mi buena amiga Lucía me dio el mejor consejor que pude haber recibido: Lleva un tete a la clínica y pónselo desde el día uno y eso hice. ¡Gracias, Lucía!
Me confieso dispersa y emocionalmente bastante bipolar, me canso. Perdón pero me canso. Me gusta dormir. Pero duermo poco.
Me encanta ser madre, me encantan mis niños. Son lejos pero lejos lo mejor que me han pasado en esta reencarnación. Aunque sí, soy mala madre.Crío a mi manera. A veces me enojo y alzo la voz y luego me arrepiento y me digo a mi misma que parezco una loca, es que tal vez soy bien loca. Me prometo no hacerlo más. Me prometo no gritarles más. 
Los adoro y NO quiero que crezcan más. Gracias madres perfectas por mostrarme el camino que no seguí y darme cuenta que soy como madre, mediocre pero tengo una familia feliz. 
Constanza Diaz

Constanza Diaz

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