Me aburrí de las reglas y de lo científicamente comprobado en materia de crianza

Soy feliz. Mis hijos son felices. Crecen sanos. Crecen seguros. Los cuido. Me preocupo de ellos. Jugamos. Nos reímos. Me pongo bruja cuando tengo que ponerme. Nos queremos. Y esto, todo esto, es lo único que me importa.

Ser mamá es de por sí muy estresante. Muy demandante y agotador. No es necesario aumentar más aún la presión por ser la mamá perfecta y seguir cada una de las cosas que leemos y que nos dicen. Que el azúcar hace mal, que los colorantes aumenta la hiperactividad, que las bebidas de fantasía, que la leche de vaca no es para los seres humanos. Tal vez no es. Pero la verdad es que me da igual. Con mis niños disfrutamos de un rico helado de leche de vaca de vez en cuando. Compramos queso y hacemos pizza. Nos gusta las fresas con crema y no tenemos intención alguna de dejar de consumir leche de vaca aunque sea sólo para los terneros. No hemos tenido reacción alérgica a ella, por ende, la disfrutamos en todas sus formas. Lo mismo ocurrió con la mamadera cuando eran bebés y la leche de fórmula. Tuvieron lactancia mixta. Primero el pecho, después el tarro. Si quedaban con hambre, recibían su biberón. Felices ellos. Feliz yo. Tomaron pecho hasta los ocho meses el mayor, hasta los tres meses el menor. No pude darles más. No me importa lo que diga la OMS y lo que señalen los estudios que salen a flote a cada rato en las conversaciones cibernáuticas. Mis niños crecieron bien, crecieron sanos. El pediatra jamás me juzgó y hasta el día de hoy nadie se envenenó con la fórmula.

Estoy aburrida de los estudios científicos. La verdad es que a estas alturas de la maternidad me importan un pepino. Tengo sentido común. Tengo a nuestro médico. Nos salimos de las reglas. Vemos películas. les paso el Tablet aunque el estudio diga que les hace mal. Se los presto igual porque para mí es una instancia de descanso y para ellos un momento de entretención. Me da exactamente igual lo que digan los entendidos. Ellos no son los que están en casa con mis niños ni tampoco son su mamá. Mis hijos aprendieron aleer antes de los seis años y no tienen problema cognitivo alguno por el uso de ls aparatos electrónicos. Lo mismo ocurre con el andador que en la época que ellos eran bebés lo usaron sin problema alguno. Yo nunca escuché de los estudios que indicaban que hacían mal y la verdad es que me hubiera dado lo mismo porque para mí fue una tremenda ayuda y descanso en su momento. Mis hijos no presentaron secuela alguno por su uso. Al igual que con el chupete y con todo lo que hoy se ve como “malo”. Comemos chatarra de vez en cuando y también comemos muchas ensaladas y frutas en casa. Vieron televisión antes de cumplir los dos años aunque digan que no se puede. Les paso mi teléfono celular cuando están aburridos y a veces almuerzan viendo la televisión porque me resulta más fácil que así coman. Nunca compré nada ergonómico, ni siquiera se me cruzó por la mente hacerlo, y no pasó nada. Sobrevivimos los primeros años con nuestro coche paraguas, con nuestro centro de actividades, con el columpio que se cuelga en el marco de la puerta. Y sobrevivimos muy bien.

Son niños felices, niños alegres, niños que están creciendo bien. Tanto estudio me abruma, me supera. Me colapsa. Creo que lo estoy haciendo bien y con eso me basta.

Constanza Diaz

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