Mastiqué hielo en mi embarazo y no podía parar

Por Constanza Diaz

Nunca me había pasado, hasta que me pasó. Estaba embarazada de mi hijo menor, Tomás, cuando me dio por comer hielo de manera compulsiva. Como un verdadero TOC. No podía faltar el hielo en mi congelador. Me preocupaba de que siempre hubiera al menos dos bolsas ya que, fácilmente, masticaba una en un día. Me despertaba a las tres o cuatro de la mañana y debía correr a la cocina para ir por mi hielo. Bajaba las escaleras a toda velocidad buscando mi anhelado hielo. Lo necesitaba. Como las plantas necesitan del agua yo necesitaba mi hielo. Raro, ¿no?

El masticar hielo se conoce como pagofagia. Así como yo masticaba hielo otras embarazadas necesitan comer papel o tierra. Imagínense. Yo me quedo con el hielo. Al menos es refrescante. En el embarazo se llama pica, esto de comer cosas extrañas. Se relaciona con una falta de hierro. Lo cual me hace bastante sentido porque yo tuve una anemia severa en mi embarazo y debía tomar hierro líquido. Lo cierto es que me lo pasé todo mi embarazo de Tomás masticando hielo. A cualquier hora del día o de la noche. Después de parir nunca más me dio por comer hielo. Fue sólo durante el tiempo de espera de mi hijo. Nació en pleno invierno y aún así yo dale que dale masticaba hielo todo el día. No podía vivir sin él. Fue, lejos, mi mejor amigo y mi antojo más bizarro en esa época.

Constanza Diaz

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