Más fácil es escalar el Everest que ser madre

Una mujer lo que más necesita cuando se convierte en madre es paciencia. Paciencia y energía.  Me resulta curioso y digno de un estudio científico el analizar de adónde sacamos tanta energía para funcionar día a día, noche tras noche, mes a mes. Sin parar.

Esto no tiene descansa ni días libres. No tiene vacaciones ni feriados.

La maternidad es full time sin receso. Y ahí vamos nosotras funcionando en modo piloto automático, sacando fuerzas que jamás pensamos que teníamos. ¿Ustedes antes se hubieran imaginado que esto era así?  Tan, digamos, intenso.

Hasta para escalar el Everest tienes instancias de descanso para recargar las pilas. Campamentos bases. Sherpas que ayudan con la carga. En la maternidad,  ¿quién ayuda con la carga? Acá no hay sherpas. No hay nadie. Con suerte hay un padre que sigue en su mundo, en su trabajo, en sus temas. Se va en la mañana, llega en la tarde cansado. Juega diez minutos con él o los hijos, come, se acuesta y cuando los niños se duermen, quiere sexo.

¡Sexo!

La mujer en estado de coma dado su agotamiento físico y mental y él quiere sexo. Dan ganas de echarlo de la cama. Aunque nunca falta la fémina siempre lista y fogosa que ni con la maternidad ha perdido el apetito sexual, la mayoría sólo quiere dormir.

Dormir rapidito y sin interrupciones hasta que el bebé despierte y pida teta. Hasta que el hijo mayor despierte y llegue a la cama a acostarse con ellos. Hasta que suene el despertador a las 6 de la mañana para levantarse, hacer desayuno, levantar a los niños y salir.

Ser madre es un desafío mayor que el escalar el Everest. Me atrevo a decirlo. La energía se nos agota. Dormimos poco y nada. Corremos todo el día y no tenemos tiempo ni para sentarnos al baño tranquilas y hacer caca porque siempre cuando depositamos nuestro trasero en el WC, algo pasa. Algún niño llora. Alguien toca la puerta. Hasta para hacer caca debemos apurarnos.

Ojalá vendieran paciencia en el supermercado porque compraríamos a diario. ¿No sería maravilloso salir a comprarla y regresar a casa renovada y con kilos de paciencia?

A veces quisiéramos poner a nuestros niños en modo MUTE y descansar 5 minutos. Escuchar sólo silencio. Un bálsamo para nuestros oídos cansados. A veces quisiéramos lanzarnos por la ventana y huir. Es normal. No teman si se sienten así. Pero por favor no se lancen porque esto es tan bipolar que al rato después ya no te vas a querer lanzar por la ventana si no que estarás riendo y adorando a tus niños como siempre. Contemplándolos y pensando: ¿cómo fue que este niño tan perfecto lo hice yo?

La maternidad tiene sentimientos tan encontrados que asusta. Pero no se preocupen, todo eso es normal.

Constanza Diaz

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