Madres culposas

Por Constanza Díaz

La maternidad siempre viene con culpa. Es algo implícito en cada madre, sentirse culpable por todo o por nada. Es una cuestión de ADN maternal. No conozco madre que no cargue con algún tipo de culpa y es difícil vivir así.

Anoche me junté con unas amigas. Hicimos una comida de fin de año. La típica comida con intercambio de regalos que todas hemos hecho. Estando  allá, mientras todas conversaban felices de la vida, me puse a pensar en mis niños. Miré la hora, era la hora en que los hago dormir acurrucados conmigo en la cama. Si bien los dejé muy bien cuidados, no pude dejar de extrañarlos y sentirme un poco culpable por no estar con ellos en ese momento. Hoy lo pienso y sé que fue una exageración. No había motivo para sentirme culpable. Todas las noches del año los hago dormir.

Así somos las madres, culposas. Otras sienten una tremenda culpa porque trabajan todo el día y llegan a casa cuando los niños están a punto de ponerse el piyama e irse a dormir. Otras sienten culpa porque no pudieron darle pecho como querían y las persigue una culpa del terror por darle mamadera con fórmula a sus hijos. Además, el entorno no ayuda mucho en ese sentido:

-La leche materna es el mejor alimento para las guaguas. Pobrecito, se va a enfermar.

– Qué pena que estás todo el día en el trabajo, te vas a perder todos los momentos importantes de tus hijos. Cuando diga su primera palabra, cuando comience a caminar.

-Yo no podría salir un fin de semana sola sin mis niños, me muero. Los echaría tanto de menos. Son muy chiquititos y ellos necesitan a su mamá.

Y ahí estás tú con tus amigas del colegio, después de 15 años que no se juntaban todas, comiendo un ceviche en la playa cuando te viene un sentimiento de culpa que no puedes controlar muy bien. Disimulas para que no se te note, pero todas se dan cuenta porque te pones a mirar tu teléfono. Llamas a tu marido para preguntar por los niños y se te quita el hambre.

-¿Qué te pasa?

– No sé, me acordé de mis niños y me da culpa estar acá disfrutando con ustedes en este precioso día y ellos, pobrecitos, encerrados en la casa.

Madre culposa. Se enciende la alarma.

¿Y los niños? Los niños contentos en la casa, jugando con el papá, saliendo a tomar helados. Visitando a los abuelos. Pasando tiempo de calidad con el padre, el cual, sin duda, no es un desconocido y puede cuidar perfectamente de ellos.

Ya es hora que nos saquemos la culpa de encima y aprendamos no sólo a ser madres si no también a ser mujeres y recuperar parte de la vida que teníamos antes de parir, si bien nunca volverá a ser igual, no nos podemos olvidar de nosotras y de nuestro espacio. Si los hijos quedan en buenas manos y bien cuidados, con amor y respeto, debemos de sacudirnos la culpa de encima, es nuestro derecho también tener una vida ya sea laboral o social.

Cuántas veces no nos ha pasado que vamos al mall a comprarnos un par de zapatos y salimos con cosas para los niños. ¿Por qué? Porque nos da culpa gastar la plata en nosotras y preferimos comprar algo para nuestros hijos. Y si llegamos a comprar ese par de zapatos nuevo, de regreso a casa pensamos en irlos a devolver porque nos viene la culpa de haber gastado dinero en algo para nosotras. Devolverlos y cambiarlos por algo para ellos, para nuestros hijos. ¿A quién no le ha pasado?

Trabajamos todo el año 24/7. Nos sacamos la mugre por nuestras familias. Nos desvelamos por nuestros hijos. Corremos todo el día. Nos merecemos un par de zapatos, nos merecemos un fin de semana con las amigas en la playa, nos merecemos una comida de fin de año. Nos merecemos un descanso de vez en cuando. Y eso, no nos convierte en malas madres. Debemos aprender a sacudirnos la culpa de encima porque nos hace mal. No nos permite disfrutar el momento y además, no es necesario sentir culpa si es que estamos haciendo el trabajo bien y nuestros niños son queridos y están bien cuidados.

Chao culpa.

Constanza Diaz

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