¿Los niños deciden?

Escucho, veo y leo a muchas madres permitir que sus hijos decidan, practicamente, todo. Desde lo que quieren comer, la hora a la que se duermen, si van al colegio o no, o adónde van de vacaciones familiares e incluso he visto niños haciendo pataletas porque no quieren entrar al doctor y no entran. La mamá se los lleva y ahí quedó el médico esperando en la consulta mientras el niño triunfante se va a su casa. Entiendo que el pequeño tenga miedo de entrar  pero si se pidió la hora es porque la necesita y la madre lo acompañará y lo calmará y verá de qué forma hacerle la visita más grata. Pero llevárselo a la casa, para mí nunca sería una opción. Lo he visto, se los juro. He visto cómo madres se han llevado a niños de cuatro años de regreso a la casa porque no quisieron entrar al doctor.

Cuando yo era chica, por allá por la década de los 70 y 80, nadie me preguntaba si quería ir al colegio. Simplemente iba al colegio y punto. No resistía análisis. Las legumbres me las tenía que comer todas así me quedara tres horas en la mesa y cuando íbamos a visitar a mis abuelos, nadie me preguntaba si quería ir o no, sólo iba. Mis padres eran autoridad en la casa y los padres de mis compañeros eran autoridad en sus propias casas. Estudiábamos y temíamos si nos sacábamos una mala nota porque sabíamos que venía un regaño y probablemente un castigo. Recuerdo en una ocasión que reprobé una prueba de matemáticas y escondí la evidencia debajo del cubrecama. Recuerdo otra vez, ya más grande, en tercero o cuarto medio, con dos amigas hicimos la cimarra. Mi papá me fue a dejar al colegio por la mañana, yo entré, me junté con mis dos amigas y salimos por la puerta de atrás. Nos fuimos al centro a tomar helados, nos pilló el inspector del colegio que estaba por ahí. Mi papá partió indignado a la casa de mi amiga a buscarme. Yo no me atrevía a salir a la puerta. Ahí estaba él echando humito. Enfurecido. Salí a la calle muerta de susto, me subió de un ala al auto y me llevó al colegio a poner la cara y recibir mi castigo: me dejaron condicional.

Así se criaba y así salíamos todos lo más derechitos posible. No hablo de golpes.  Porque eso no lo justifico jamás. Hablo de disciplina. Hablo de que somos padres y no los mejores amigos de nuestros hijos.

Hoy en día conozco niños aún en pre escolar, que con una pataleta de por medio, consiguen quedarse en la casa y no ir al colegio. NO QUIERO NO QUIERO NO QUIERO. Repiten una y mil veces.

No me lo contaron. Lo he visto. La mamá sin energía, paciencia ni autoridad, opta por dejar al niño en casa porque no quiere batallar. Y ahí se queda el pequeño por días. Porque no quiere al colegio y hace lo que se le da la gana. Él decide TODO.

El otro día llevé a mi hijo menor al dentista porque tenía caries. Él no quería ir. Obvio. Nadie quiere ir al dentista. Lloró, gritó y sufrió. Sí, sufríó en el dentista pero hay situaciones que no tienen opción, el colegio, el doctor y el dentista son una de ellas. En eso yo no tranzo. Si quieren escoger su ropa, que la escojan. Me parece bien que lo hagan.

Hoy en día con esta moda de la crianza respetuosa, los bebés de seis meses escogen qué comer y ni siquiera se les imponen papillas porque es poco respetuoso. Siguiendo la línea, faltaría poco para que los niños escogieran el colegio adónde van a ir y el nombre que quieren tener. Porque el resto es imponer y no respetar sus decisiones, ¿no?

Creo que todo tiene un límite y si bien los niños tienen derechos, también tienen obligaciones y no podemos olvidarnos de eso.  Hacer escoger todo al niño es una exageración y un error que tarde o temprano pasará la cuenta a aquellos padres.

Constanza Díaz

admin

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