Las madres somos discriminadas por el sistema laboral

Ingresas al mundo laboral y completas tu independencia.  Te sientes plena, hasta que quedas embarazada, en ese momento te conviertes en un estorbo para tu empleador.  Aunque no todos los casos son iguales, iremos a lo más típico.

La noticia corre por la empresa de que serás madre y todos corren a felicitarte, aunque para varios de tus jefes la alarma se enciende y te felicita en señal de buena educación, pero la verdad pasaste a ser un “cacho”, saben que sólo cuentan con meses de utilidad de tu persona. En las empresas grandes llevan la estadística de cuántas mujeres se pueden contratar en edad fértil porque seguro, la mayoría se embarazará y se volverá un problema para la empresa y habrá que buscar reemplazo por un tiempo, más con la “terrible noticia” de que el post natal dura tanto.

Como buena mujer-trabajadora que eres, mientras estás embarazada haces excelente tu trabajo y tus empleadores saben que hasta ahí llegarás.

Llegas del post natal con todo lo que ahora significa ser madre y ya tu jefe sabe “que no puede contar contigo” pero como la ley lo o la obliga, anda con una sonrisa dibujada, al principio. Te da las mismas funciones, algunos un poco más o menos, como ve que no las puedes cumplir, empieza a poner cara y a enviarte mensajes subliminales de que por favor te vayas,  te manda al último rincón de la oficina, todo el entorno se da cuenta, encontrarás poca solidaridad, ya que esperan que produzcas como antes, pocos entienden que una mujer, madre que además trabaja. Te ven salir corriendo del trabajo, pasaste a ser “la zapatilla de clavo” y es lógico, porque ahora tu bebe es lo más importante, nadie más que tú sabe todo lo que tienes que hacer para cumplir con todos tus roles y a veces dejar de trabajar no es una opción. Comienzan las presiones, malas miradas, frases irónicas de molestia frente a tus olvidos, sensibilidad, no cumplimiento con las metas y LICENCIAS, EL TERROR DE TU JEFE.  Tu tristeza crece. Cuando pueden te refriegan lo buena que eras antes y lo cansada que te ves ahora, frases como “¿No has pensado en quedarte en casa mejor?” “Yo creo que así como vas, colapsarás y no podrás seguir el ritmo de la empresa” “¿Estás embarazada de nuevo, antes de que tu hijo  cumpla los dos años? Como se te nota que te quieres aprovechar del sistema”, “Te hemos aguantado harto, tu hijo tiene 8 meses, entras a cumplir turnos de noche como todos y todas”, siempre hay alguien que lo dice, los otros sólo lo piensan, tú cada vez más quebrada, o aguantas o te vas.

Frases que realmente le importan a un empleador (a) que va a contratar mujeres.   

“Tengo 2 hijo, no tendré más y ya pasaron los tres años”.

“Mis hijos son adolescentes”.

“Yo ya cerré la fábrica, así que no tiene de qué preocuparse”.

“Mi mamá cuida a mis hijos, no hay problema ella los puede llevar al médico y al colegio”.

“No pienso tener hijos”.

Recuerdo una empresa que evitaba tener más de 17 mujeres trabajando, para no tener que pagar sala cuna, era una empresa de más de 80 trabajadores; como esa hay varias. Otra donde la exigencia era tanta que las madres-trabajadoras renunciaban con facilidad después de un tiempo de presión. Vivimos en un sistema laboral que no acepta la maternidad, donde la maternidad es un peligro a la producción y las madres (de bebés) -trabajadoras no son bienvenidas.

No es lo que se quiere leer, simplemente es la realidad de muchas.

Yasmín Negrón Báez

Asistente Social

Licenciada en PNL, USA.

Constanza Diaz

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