Lactancia materna extendida y cómo no me arrepiento ni un segundo de cada gota de leche que le di a mis niños

Fui mamá a los 19 años. Apenas supe que estaba embarazada dejé de lado ser mujer, novia e hija y me dediqué al 100% a la maternidad. Mi hija tomó pecho hasta los dos años y tuve que dejar de darle porque me embaracé otra vez y tuve peligro de aborto. Cuando tenía 22 años nació mi hijo Agustin y se pegó inmediatamente a la teta, entonces, mi hija Francisca volvió a tomar leche mía. Parecían dos terneritos alimentándose. Era un momento mágico. Realmente lo disfruté mucho. Ellos estaban felices y yo, por supuesto, también. Mi hija tomó pecho hasta los seis años, claro que teníamos que ir para todos lados juntos, hasta al baño. Ellos siempre con su teta. No la dejaban. Y a mí no me importó jamás. Nunca me sentí esclava de la teta ni tampoco juzgada.

Mis niños son hoy en día sanos, nunca se han enfermado y son muy apegados a mí. Duermen solos pero siempre se pasan a nuestra cama a mitad de la noche. Nunca me cansé de dar pecho, estaba tan conectada a ellos que no quería que ese vínculo se rompiera. Me encantaba. Entre los 4 y 6 años se dieron cuenta que ya estaban grandes para tomar pecho  y ya no mamaban en público. Sintieron algo de pudor. Sólo lo hacían cuando estábamos solos en casa. También cuando estaban tristes o cansados me pedían teta para buscar contención y no sólo alimento.

Lo que les puedo decir es que generé un lazo único y maravilloso con mis hijos. Hasta el día de hoy me siento atada totalmente a ellos. No cambiaría por nada lo que hice, siento que gracias a la lactancia que les di, crecieron sanos, fuertes y muy apegados a mí. Siempre sentí que además de entregarles alimento les entregaba amor y tiempo. Mirarlos mientras manaban y pensar que cada célula de ellos era mía me llenaba de satisfacción. Si mis hijos hubiesen querido tomar pecho más tiempo, yo les hubiese seguido dando. Recomiendo la lactancia materna a libre demanda, sin tapujos, sin esconderse, sin tiempo. Sin vergüenza. Para mí es algo muy hermoso y natural. Hoy, cuando les digo a mis hijos que tomaron teta hasta más no poder, se ponen rojos de vergüenza pero fue una experiencia espectacular.

Victoria Jara Novoa

Constanza Diaz

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