La panza postparto, las pechugas mutantes y cosas que pueden caerse después de parir

Por Constanza Díaz

La guata que queda después de dar a luz es un tema no menor para la mujer.  Claro, hay madres que quedan como tuna, como si nunca hubieran tenido un ser humano ahí adentro. Como si hubieran salido recién de una abdominoplastía.  Envidiable. ¿Qué se hicieron? ¿Cómo lo hicieron?

Tal vez es suerte, tal vez es genética. Lo cierto es que yo no califiqué en ese grupo de privilegiadas. Yo me quedé con esa guata amorfa que no es ni chilla ni limonada. Esa guata que intentas escondes tras una faja que te recomienda una amiga y sales disparada a comprarla después de parir. Juras que la faja te va a salvar la dignidad. Pero no, la faja no es milagrosa. La faja ayuda a ocultar pero no ayuda a eliminar esa guata que queda después de dar a luz.
Si tuviste dos bebés seguidos y a través de una cesárea, así como yo, puede que permanezca en el tiempo.
Tal vez, para siempre. Siento mucho decirlo.
A menos que consideres una cirugía, es bien complicado eliminar en su totalidad esa guata horrorosa que cuelga como gelatina recordándonos que fuimos madres hace un tiempo.
Qué horror cuando llega el verano y la época de la poca ropa y lo peor: el traje de baño.
¿Cómo ocultar esa guata en bikini?
Imposible.
¿Cómo ocultarla en traje de baño entero?
Imposible.
La solución es no ponerse bañador y morirse de calor como un jote asado.
Lo otro es asumir con la poca dignidad que nos queda la guatota que indica que fuimos mamás. Entonces nos paramos para ir a la piscina porque hay 34 grados Celsius de calor y ya no podemos aguantarnos más y anhelamos meternos al agua pero, ¿cómo llegamos hacia allà, hacia nuestro objetivo: la piscina? Pues nos paramos, hundimos la guata lo máximo posible, caminamos como robot sin respirar. Para que no se note. Pero igual se nota y nunca falta el desubicado que pregunta: ¿Y la guagüita para cuándo? Y dan ganas de golpearlo en la nariz. ¿Qué se cree? La guagüita ya nació que rato.
Dicen que la lactancia materna ayuda a que la guata se vaya.
Yo no sé si es tanto como para dejarte el abdomen decente. Porque siempre algún rollito queda. A mí, al menos, me vino un ataque de hambre de aquellos dando pecho. Me hubiera comido todo el refrigerador si hubiera sido posible. Conmigo, ese tema de que la lactancia materna te ayuda a bajar de peso, no funcionó. Yo bajé de peso pero la guata, esa no la bajé.
Lo mejor es cerrar la boca y comer sano. Masajes reductivos. Evitar azúcar y hacer deporte.
¿En qué minuto?
No lo sé.
Es un tema la panza postparto. Porque aunque seas delgada, siempre queda como evidencia de tu maternidad.

Y las pechugas también sufren cambios importantes

En un comienzo, cuando estás embarazada, los pechos se te inflan como con un bombín.
Y vaya que crecen.
Te crees la Dolly Parton y las luces con bastante orgullo.
Feliz. Te crees la muerte con tus súper pechugas tamaño XL que siempre quisiste tener.
Cuando ya el bebé ha nacido, tus pechos siguen inflados y con las venas marcadas de tan grandes que están.
Llenos de leche que sale de a chorros cuando te estás duchando soplada antes que despierte tu hijo y quiera su teta.
Es casi divertido ver cómo brota la leche de tus pechugas hinchadas y a veces adoloridas por la lactancia materna.
Como si le hubieran abierto la llave de paso.
Y cuando sales a la esquina a comprar al supermercado. De pronto te baja la leche. Y sientes que se te mojó la ropa.
Corres a casa. Incluso, se mancha la ropa que llevas y no sabes cómo disimular porque todo el mundo se dio cuenta que te está saliendo la leche y se te mojó la blusa y ni modo, eres madre y las madres dan pecho y somos mamíferos, ¿no?
Toda una experiencia.
Luego de algunos meses y por sobre todo cuando ya terminaste de lactar, puede ocurrir, como me ocurrió a mí, que tus tetas otrora gigantes, se desvanecen en el tiempo y el espacio y de pronto, como si las hubieran desinflado con un alfiler, desaparecen casi del todo.
¿Adónde se fueron mis pechugas?
Pues, a una dimensión desconocida. Porque ya no están y lloras por tus difuntas pechugas.
Y vuelves al sostén de pre adolescente muy triste por cierto porque era rico ser pechugona aunque nunca al extremo. Porque hay madres que verdaderamente sufren con unos pechos extra grandes que les incomoda tanto que hasta dolor de espalda les producen.
Pobres.
Llegar a ese punto no es un placer para nadie.
Y llegar al otro extremo tampoco.
Lo ideal es un punto intermedio pero como todo lo relacionado con el embarazo y maternidad, todo es muy bipolar.
Hasta las tetas.
Crecen, se achican, se hinchan, duelen y finalmente, vuelven a la normalidad. Una de queda más grande que la otra. Tienes una inmensa y otra mini y cómo hacer para que las dos vuelvan al mismo tamaño, al tamaño original. Difícil situación.
Porque justo te tiene que pasar a ti esto de que a tu guagua sólo le gusta tomar pecho de un lado entonces los tamaños antes relativamente sincronizados ahora se disparan. Unas para arriba, otras para abajo. Te pones un calcetín en el sostén para que se vean del mismo tamaño. ¿Cómo hacer para que se normalicen?

Generalmente, luego de un tiempo y cuando cortas la lactancia materna, vuelven a lo que eran antes. O al menos, eso es lo que todas quisiéramos. Caso contrario, siempre la cirugía es una opción.

Me estoy quedando pelada

Muchas mujeres, luego de dar parir, miran con horror cómo se les cae el pelo. Cuando se lo lavan, cuando se peinan, espantadas ven los pelos que se le quedan en la mano o en la ducha.

Es muy angustiante. Piensas que  vas a quedar, incluso, pelada. La buena noticia es que eso no sucederá y que la caída del cabello después de tener un hijo es normal y forma parte del proceso y del festival de cambios hormonales en el cuerpo de la mujer.

Lo que ocurre es que durante el embarazo el pelo casi no se cae. Al contrario, se pone lindo, se fortalece. Lo luces con orgullo. Se ve fuerte.  Pero una vez que tuviste a tu bebé, todo eso cambia y el pelo comienza a caer durante, alrededor, de los tres primeros meses post parto.

La disminución de estrógenos y progestágenos provoca esta caída del cabello que alarma tanto a las mujeres.  Esto podría alargarse hasta los 6 ó 12 meses.

Cuando tener sexo duele

Otra cosa que se cae después del parto, son las ganas de tener relaciones sexuales con tu pareja. A veces, no siempre, porque hay mujeres que ni la cuarentena respetan y se van con todas las ganas encima del marido. O abajo. Depende.

Lo cierto es que para otro grupo de madres recién paridas lo que antes era puro placer,  se vuelve un sufrimiento de aquellos. Dan ganas de escabullirse debajo de la cama y de hacerse la dormida cuando llega el susodicho con su mejor pinta, perfumadito y con las mejores estrategias amatorias que a una le da pavor. ¿Por qué? Porque muchas mujeres post parto ya no disfrutan del sexo. Les duele. Sienten ardor. La penetración se transforma en una tortura. Además, están cansadas. Agotadas. Han dormido poco o nada. Realmente, ¿Quién va a pensar en sexo cuando lo único que se quiere es apoyar la cabeza en la almohada y dormir rapidito antes que la guagua despierte y pida teta?

El dolor en la penetración  ocurre porque en el parto normal la vagina queda resentida por el paso de la guagua. A esto se suma la episotomía (sección o corte de la piel, mucosa vaginal y músculos del periné o piso pélvico) que se realiza en algunas mujeres. Esta provoca dolor porque es una herida que está en la vagina. Horror.

La lactancia materna, por otro lado, produce inhibición del ciclo ovulatorio de la mujer y al no tener ovulación ni maduración folicular, los niveles de estrógenos se mantienen muy bajos por lo que la mucosa vaginal pierde su calidad óptima, es decir, en pocas palabras: no hay lubricación. Es por esto que se recomiendo el uso de lubricante vaginal en este período o terapias hormonales vaginales que devuelvan sus características normales a la mucosa vaginal. Es decir, que no falte el lubricante vaginal en el velador de la mujer recién parida porque una vez pasada la cuarentena, lo más probable es que lo va a necesitar.

La buena notica es que al cabo de un tiempo, depende de cada mujer, el deseo sexual regresa y las molestias van disminuyendo. Esto puede durar, seis meses o un año, dependiendo del caso. Porque cada caso y cada cuerpo es diferente.

Otras cosas que se caen: las amigas y el círculo social antes siempre por alguna razón tiende a desaparecer. Tal vez la gente no quiere molestar porque no estás con una guagua recién nacida. Tal vez ya no encajas en las noches interminables de carrete y alcohol. Y probablemente no encajas porque tienes a una criatura que cuidar pero que bien hacen las amigas y qué bonito sería que estuvieran siempre al lado nuestro sobre todo y especialmente en este período tan nuevo y complicado como es la etapa del post parto y el primer año de vida de nuestros tesoritos.

La vagina también se puede caer

No quiero asustarlas, pero junten miedo: el prolapso vaginal es el descenso de las paredes vaginales y las viseras de la pelvis.
Es como si todo se te cayera y te sale una protuberancia por la vagina tipo hemorroide o una pelota grande.
Es un descenso vaginal.
Para que se hagan una idea.
El prolapso va en aumento, especialmente entre las mujeres sobre los 40 años de edad.
Uno de sus factores de riesgo son, por supuesto, el parto.
Tanto vaginal como cesárea.
Dado la presión que ejercen los órganos involucrados.
También la menopausia es un factor de riesgo para desarrollar un prolapso debido al descenso del estrógeno que es una hormona que mantiene los tejidos del útero firmes y resistentes.
Las cifras indican que alrededor de un 50% de mujeres que han tenido partos múltiples, seguidos o complicados, desarrollarán prolapso en algún grado en el transcurso de su vida.
Terrorífico.
Es decir, con la edad y con los partos, el útero se cae.
La enfermedad es bien dolorosa puesto que te impide hacer tu vida diaria y funcionar correctamente ya que circulas con esta pelota colgando de la vagina que debe ser por lo bajo, bien incómoda.
No puedes ni sentarte bien, ni caminar.
Te invalida mucho como mujer.
Y no hablar de relaciones sexuales.
La única solución es la cirugía. O derechamente, sacar el útero.
También con cirugía. Obvio.
Partos múltiples, bebés muy grandes y pesados y partos bien seguidos, son causas posibles de prolapso vaginal.
El sobrepeso en la mujer también es un factor de riesgo.
Uno de los síntomas es la incontinencia urinaria o el dolor pélvico como una sensación de presión rara en la vagina que antes no existía.
Además de sentir un cuerpo extraño que molesta bastante. Como una bola.
Ojo con los síntomas, sobre todo si ya pasaste los 40 años y tuviste múltiples partos.
Consulta a tu doctor y recuerda que la cirugía es la única solución a este incómodo y delimitante problema en la mujer. No es fácil ser mujer pero al menos nuestra esperanza de vida supera la de los hombres. Algo es algo.

 

Constanza Diaz

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