La maternidad no es como la pintaron en la tele

La maternidad no es como en la tele

El concepto de la maternidad está hiper inflado. Muestran en la tele mujeres perfectas con hijos perfectos. Sonrisas de oreja a oreja.
Felicidad pura.
En las páginas de las revistas lo mismo sucede.
Madres de punta en blanco. Niños bien portados. Limpios y ordenados.
Casas impecables. Brillantes e inmaculadas. Todo en su lugar.
Nadie reclama, nadie pelea, nadie grita y nadie llora.
Nadie se frustra y nadie se deprime.
Y sin embargo, la realidad es diferente.
La maternidad no te arregla la vida.
Si es cierto que te llena de amor infinito, ternura y te da motivos para levantarte, salir a trabajar y funcionar.
Sin embargo, los hijos no son antidepresivos. Porque si fuera así ninguna madre estaría llenando la consulta del psiquiatra y medicándose para no sentir tanto dolor, angustia y estrés.
Los hijos no nos pertenecen. No somos sus dueñas y tampoco es necesario que todos los días nos caigan bien.
Yo adoro a mis niños. Me encantan. Me alegran mucho. Pero también hay momentos en que me caen un poco mal y no los soporto.
Cuando pelean entre ellos, cuando me gritan, cuando me tratan como su esclava.
¿A quién le gusta que nos traten así?
A nadie. Ni por muy hijos de nosotras que sean.
La maternidad real, la del día a día. No la de las revistas ni la de la tele, tiene sus días grises.
Tiene sus altos y sus bajos.
Tiene a una madre con pantuflas y el pelo tomado en un tomate porque no alcanza a arreglarse. Y tal vez no tiene ganas de hacerlo porque está 24/7 con los niños limpiando potos, haciendo aseo, recogiendo juguetes y cocinando para toda la familia.
Me encantan mis niños pero me encanta también cuando están en el colegio, cuando se quedan dormidos y cuando salen con su papá a pasear.
La maternidad es bien bipolar.
Es el yin y el yang en toda su expresión.
Es una mezcla de emociones constante.
Es el amor más infinito y el cansancio más agotador.
Es el querer estar y el querer huir cuando perdemos la paciencia.
Es querer proteger y querer soltar.
Ser madre de verdad no es como aparece en la televisión. No es como Caroline, la madre de los Ingalls de la Pequeña casa en la pradera que jamás se doblegaba ni ante las peores de las circunstancias.
Ella mi ídola siempre feliz, fuerte y echadora para adelante nunca la vi colapsar.
Pero los Ingalls no son reales y la perfección tampoco.
No estamos en la tele y aunque me cuelguen en la plaza pública, confieso que no siempre circulo con la sonrisa perfecta y mis niños, a veces, me caen un poco mal.
Y probablemente, yo a ellos también les caigo pésimo en algunas ocasiones.
Mi casa es un desastre y me agota ordenarla porque a los cinco minutos más estará otra vez patas para arriba con dos pre escolares saltando arriba de los sillones.
Dios, me gustaría ser Caroline Ingalls.
Pero soy una simple mortal no ficticia. Que intenta hacer lo mejor sin perder el norte, porque también tengo vida y no quiero olvidarme de eso.
Constanza Díaz
Chile, noviembre 2015

Constanza Diaz

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