La magia de dormir con mis niños no la cambio por nada

Por: Luisa Calderón

Ya decía mi madre que apenas naciera la Josefa la acostara en su cuna. Una hermosa cuna que le había regalado el abuelo. “Si la acuestas contigo, nunca más podrás sacarla de tú cama”. Patrañas, pensaba yo. Yo soy la mamá y yo mando, no ella. Así fueron transcurriendo los años y nunca más quiso dormir sin mi. No importaba qué cama tuviera, qué pieza le armáramos, ella siempre volvía a mi, a su origen. No había problema en lo absoluto para mí, siempre me gustó dormir con ella. Cinco años después nació la Mati, un año y nueve meses después la Leo y un año y siete meses después el amor de mi vida: Salvador. Considerando mi amor enfermizo por colechar con todas las criaturas y aburrido de amanecer con cuatro niños en una cama de dos plazas, o despertándose cada noche a “repartir” a cada uno a su cama. Cristián, mi marido, desafió: elige, entre dormir con ellos o yo. Como no existe punto de comparación entre el amor que siento por los niños y él, le armé una linda pieza con tv y todo para que se fuera definitivamente de la mía. Es que dormir con ellos es una de las cosas que más disfruto. Josefa se fue de mi cama, no soportó seguir durmiendo mal y emigró. A los 9 años, pero lo hizo. Y no me sentí feliz, le extrañé. Y aún lo hago, aveces cuando he tenido días de mierda,espero la noche para dormir con ellos y recargarme de sus energías, porque por Dios que tienen energías!  Y duermo bien, no sé si descanso, pero duermo bien, tapándolos toda la noche y en un octavo de la cama. Disfruto hacerlo, disfruto olerlos y colecharlos. A veces me llaman freak, me muestran estudios que no avalan lo que hago y peor aún, dicen que Cristián se aburrirá de no dormir conmigo y se irá. Y no me importa, nada de lo que digan me importa, sólo ellos y yo sabemos lo que nos provoca dormirnos los cuatro juntos. Sii, leyó bien yo y mis tres pollos. Y si usted nunca lo haría, la felicito porque yo jamás me metería en lo que hiciera con sus hijos. Así como nunca en estos nueve años de crianza e dejado que ninguna persona interfiera en mi manera de criar. Y son todos felices. Porque esa es mi misión como madre, formar niños felices y buenas personas. Y dormiria con ellos, siempre si de mi dependiera. Siempre. Pero como sé que eso no sucederá, disfruto cada noche de verlos dormir, sentirlos y nutrirme del más puro e inocente amor.

Luisa Calderón

Columnista

El lado B de la maternidad

Constanza Diaz

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