La importancia de hablar como prevención del abuso sexual infantil (ASI)

Las cifras son abrumadoras, en Chile  se reciben anualmente entre 17.000 y 20.000  denuncias por abuso sexual, de ellas el 76% son menores de 18 años y durante el  2017 esta cifra aumentó en un 8%  respecto del  año anterior.

El panorama se pone más complejo de lo que los  números alcanzan a cubrir; Carabineros  estima que por cada denuncia realizada, seis se mantienen en silencio. Si seguimos  escarbando, encontraremos  que este  tipo de abusos, en la  gran mayoría de las ocasiones ocurre al interior del hogar o  es perpetrado  por miembros del círculo de confianza de la familia (abuelos/as , amigos/as, tíos/as)  y  ojo, si bien en su gran mayoría los  abusos  son  cometidos por varones, también  hay un porcentaje de mujeres que abusan de niños y niñas. La cifra se pone más escabrosa aún, si consideramos que también hay menores de edad que abusan, siendo lamentablemente  cada vez más  frecuente encontrarse  con niños y niñas que han sido  víctimas de otros  niños; primos, hermanos y amigos, aparecen como los  más frecuentes  en esta categoría.

¿Qué hacemos entonces?, ¿Cómo  protegemos a nuestros niños y niñas?, ¿Cómo hacernos cargo de  esta realidad  que nos  abruma? HABLEMOS, es lo único que nos queda y lo más importante. La vida se encarga a medida que crecen nuestros  hijos, hijas y otros niños que amamos,  de hacernos pasar gran cantidad de horas lejos de ellos: porque van al jardín, al colegio,  salen  con  alguien de  nuestra  confianza, o les pedimos a alguien que los cuide por nosotros  en algunas oportunidades.

Nosotros no estaremos siempre con ellos, nuestras palabras SI. Si fueron dichas con la calma y contacto necesario y repetidas la suficiente cantidad de veces para  grabarse en sus corazones, irán con nuestros niños a donde quiera que vayan, y las palabras son la llave mágica para cerrar el portón  cuando el peligro acecha y  también para abrir  la  puerta de los secretos que duele  guardar.

Por ejemplo, si muchas veces le dije a mi hijo que lo amo, que es importante, que su cuerpo es sagrado y nadie tiene derecho a hacerle algo que le haga sentir mal, triste, o avergonzado, que confíe en mí y me cuente siempre lo que le suceda y, en consecuencia cada vez que me ha contado algo que le resulta importante, le he escuchado, dejé de hacer lo que estaba haciendo, apagué mi teléfono, me agaché o senté, le miré a los ojos y me dispuse verdaderamente a escucharle (porque sólo decirlo y no llevarlo  a la práctica no tiene ningún efecto). Si he logrado sembrar esas semillas de confianza en el  corazón de mi hijo si llegase a estar en una situación de  riesgo de sufrir algún tipo de vulneración, podrá decir “eso no me gusta” o, si es más tímido, podrá rápidamente contarles a sus adultos protectores para que lo defiendan.

Porque el abuso se basa en la seducción del niño que ha sido “seleccionado” como potencial víctima. El/la abusador/a antes de cometer el abuso debe cerciorarse de que su víctima guardará el secreto, el abusador busca poder acceder a ese niño o niña en reiteradas ocasiones, por eso, tan sólo la palabra del niño “eso no me gusta”, “le voy a contar a mis papás” basta para alejarle, es su señal de alerta de que este niño no guardará el secreto.

La palabra es nuestra mejor arma, nuestra llave más poderosa, como decía cierra el portón cuando necesitamos protección y también abre la puerta cuando debemos dejar salir un secreto. Por ejemplo, pensemos en un niño o niña que están comenzando a ser víctimas de un abuso. Su depredador/a le dirá mil frases para asegurarse de que el secreto permanecerá, recurre a “nadie te va a creer”, “si le dices a tu mamá ella se pondrá muy triste ¿tú no quieres verla triste verdad?”,  “esto es por tú culpa”, “lo hago porque te  quiero, eres mi favorito/a”  y  con esas  palabras irán cerrando al niño la posibilidad de hablar.

Entonces alguien  le  habló de que su cuerpo es sagrado, oyó por  ahí que nadie le puede hacer  a un niño algo que le haga sufrir, llegó a sus manos algún libro o en el colegio leyeron libros tan maravillosos  y protectores como “Estela grita muy fuerte”, “Mi cuerpo es un regalo” o “No abuses de este libro”  (Googléenlos, son fáciles de encontrar en cualquier librería) y de pronto, esas  palabras, comenzaron a abrir la puerta del secreto y a debilitar sus cerraduras y el niño  empezó a hablar, “Sabes yo entiendo  a Estela, a mí me pasó ……….”  Y comenzó la  develación y con eso la  liberación y sanación

Hablar no es fácil, lo sé, muchas veces no sabemos qué decir, tantas otras veces desconocemos que existen estos y tantos otros libros maravillosos, por eso llamo a apoyarnos entre todos y todas, es por nuestra infancia.

Por eso escribo, comparto, publico, busco libros para recomendar, subo información, armo  talleres, invito a las familias, voy a los  colegios, es responsabilidad de todos y todas proteger a nuestros niños y niñas y, para que la distancia y las dificultades de tiempo y  horario no sea una razón para quedarnos afuera de este compromiso con la infancia, lanzamos nuevamente nuestro querido taller ON LINE de Educación  sexual  infantil y  prevención del  abuso  sexual  infantil que comenzaremos en Marzo, las inscripciones ya están abiertas. Si quieres más información escríbeme al mail amancay.talleresyencuentros@gmail.com o búscame  en nuestro Facebook Amancay Consultores, ahí siempre estamos compartiendo material educativo  y publicando nuestros talleres.

Los espero.

Carmen Moraga Hernández. Psicóloga clínica dedicada al trabajo  con infancia y  familias. Mamá de tres.

Constanza Diaz

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